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 ¿Sabías que…?

Los Reyes y la Fiesta (1ª parte)

Aprovechando los tiempos políticos en los que vivimos, donde nuestros gobernantes quieren reparar, al parecer, “la deuda” histórica que los españoles tenemos con la fiesta de los toros, como con las religiones, con la guerra civil, con los inmigrantes, con el tráfico, con la violencia de género, con los matrimonios, etc., en la sección ¿sabías que…? publicamos la primera parte de un artículo donde se cuenta la relación, que desde siempre, los distintos gobiernos de nuestro país han mantenido con la fiesta, intentando en algunos casos acabar con ella, lo que nunca se consiguió. Ni ahora tampoco

 SERGIO PÉREZ ARAGÓN . 26-12-2006

 

Los Reyes y la Fiesta (1ª parte)

 

Gerión, rey de Tartessos, fue pastor y ganadero de una gran manada de bueyes o toros que pastaban a lo largo del valle del Guadalquivir hasta que les fueron robados por Hércules en uno de los Doce Trabajos que le impuso el Oráculo de Delfos.

 

A lo largo de la historia de nuestra tierra, el toro y el toreo han mantenido el total apoyo de las distintas culturas que la El Rey Alfonso X de Castilla y León, autor de las Siete Partidashabitaron, griegos, fenicios, celtas, cartagineses, romanos, visigodos, moros y cristianos, y por supuesto de sus respectivos regidores, como medio para contentar al pueblo y de esta forma ganarse su complacencia.

 

En el siglo IX los nobles ya se adiestraban alanceando toros. El Cid Campeador, en el XI, fue uno de los participantes en la corrida real que se celebró con motivo de la boda de Sancho II “el Fuerte”, Rey de Castilla y León. También se corrieron toros en la boda de su hijo Alfonso VII con Dª. Berenguela, en 1124, y en la boda de la hija de Alfonso VIII, Dª. Urraca con el rey D. García de Navarra en León. El Código de las Siete Partidas fueron unas leyes emitidas por Alfonso X “el Sabio” para su reino de Castilla y León y territorios conquistados en el siglo XIII donde se prohibía la existencia del matatoros de a pie para prodigar el toreo a caballo por parte de la nobleza. A finales del XIV y principios del XV, Enrique III “el Doliente”, rey de Castilla, permitió nuevamente la presencia del torero de a pie.

 

Juan II de Castilla (1418-1454) transformó la caza del toro, que llevaba a cabo la nobleza, en un espectáculo donde ésta se luce ante el pueblo a la vez que se adiestra. Junto a ellos, aparece un ayudante o guardia de a pie que con un trapo llama la atención del toro en caso del caballero estar en peligro. Su hijo heredero al trono, Enrique IV fue defensor de la fiesta, celebrando festejos en Medina del Campo por sus esponsales con Dª. María de Aragón. Su hermana, la reina Isabel I, quien posteriormente ostentó la corona, tuvo que ser convencida por la nobleza para su aprobación definitiva. De esta forma pudieron continuar los espectáculos aunque las astas de los toros fueron cubiertas con cueros para reducir daños. Por aquel tiempo de nuevo aparece la figura del matatoros, además del alanceamiento y la lucha de toros y alanos. La historia de España continuaba con espectáculos taurinos reales que tenían lugar por motivos varios: natalicios de reyes o príncipes, bodas, visitas reales, etc.

 

El emperador Carlos V alanceando un toro en la Plaza de Valladolid. Aguafuerte de la Tauromaquia de GoyaPor esa época, el alanceamiento tenía lugar en cualquier parte del cuerpo del toro. Es el mismísimo Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano, con frecuencia alanceador de toros, quien perfecciona la suerte de forma que lo hace en lo alto del morrillo, adoptándose en modo y forma por el resto de jinetes. Felipe II, en 1527, alanceó un toro en la Plaza Mayor de Valladolid por el nacimiento de su primogénito Carlos I de España. Fue Felipe II el gran impulsor de las Reales Maestranzas, y bajo cuyo reinado, por imposición de la Santa Sede, la fiesta sufrió dos periodos transitorios de prohibición. La primera en 1567 por Pío V, siendo levantada tras su muerte, en 1572, por su sucesor Gregorio XIII a petición del propio Rey. La segunda por Sixto V, en 1585, la que sin apenas seguimiento fue levantada, tras varios Papas, por Clemente VIII en el 96.

 

Sebastián I de Portugal fue un hábil rejoneador de esta misma época. Felipe III mandó construir la Plaza Mayor de Madrid, para en ella dar corridas de toros. Los siguientes monarcas continuaron asistiendo a festejos, algunos incluso no reales, como Felipe IV, quien llegó a participar en alguno de ellos y Carlos II en cuya boda con Dª. María de Orleans intervino el Duque de Medina Sidonia.

 

(Continuará con Felipe V, primero de la Casa de Borbón)

 


 

 

 


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