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No hay quinto malo
Al objeto
de rebajar la dureza del invierno a los buenos y fieles aficionados taurinos que
nos siguen en esta sección, damos hoy comienzo a la publicación de una serie de
artículos que con el nombre de ‘¿Sabías que…?’ nos podrán al tanto de algunos de
los elementos, personajes o costumbres que con frecuencia advertimos en las
plazas de toros ignorando el motivo de su existencia o procedencia. Serán
protagonistas toreros, plazas de toros, encastes, ganaderías, el reglamento, las
suertes, la historia de la tauromaquia, del toro, el nacimientos de los trofeos,
la procedencia de algunas expresiones taurinas como no hay quinto malo, el
silencio musical en la plaza de toros de las Ventas durante las lidias, frases
célebres, los Santos más toreros, el nacimiento de las Maestranzas, de las
Escuelas Taurinas, y otras tantas cosas que aunque no necesarios de saber para
valorar la fiesta nos ayuda a conocerla un poco mejor. Por todo esto, desde
ahora, va por ustedes: ‘¿Sabías que…?’ |
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No hay quinto malo
El
termino se acuñó en la época en la que el matador de toros cordobés Rafael
Guerra “Guerrita” dominaba el mundo taurino, exigiendo ciertas
condiciones para su contratación. Por aquel entonces, muchas eran las críticas
que recaían en este torero debido a sus imposiciones. Entre las muchas
recriminaciones algunas que efectivamente eran ciertas, entre ellas: lidiar con
frecuencia toros escasos tanto de edad como de kilos, situarse siempre en los
carteles con un compañero abriendo plaza y otro cerrando y, lo que nos trae al
caso, lidiar los toros que mejor nota tenían en el campo, dejando para segundo
turno el de mayor puntuación entre ambos. Y de ahí que naciera la expresión, al
ser siempre ese quinto toro de la tarde, posición d onde generalmente actuaba
el Guerra, de tan buena condición que siempre le llevaba al triunfo además
de dejar, por ser el último de su turno, mejor y más fresco recuerdo en la
memoria de los aficionados. Todo esto cuando aún no existía el sorteo previo al
festejo y ser el ganadero quien, a su antojo o en connivencia con el matador
como es el caso, decidiera el orden de lidia de sus toros.
Desde
su toma de alternativa, en 1887, Guerrita dominó tanto el escalafón como
todo lo que alrededor del mundo del toro se cociera. Fue D. Luis Mazzantini
quien partir de 1891, ante la muestra de poder taurino del cordobés, empezó a
reflejar en sus contratos una cláusula donde exigía el sorteo del ganado previo
al festejo. Esta iniciativa pronto fue copiada por otros matadores. De ahí, se
pasó a hacer por costumbre, hasta que desde 1930 se refrenda en el primer
Reglamento Taurino que se emite a nivel nacional.
Aunque
no con el mismo sentido, la frase sigue estando presente en los tendidos de las
plazas de toros cuando a su ruedo sale, o va a salir, el quinto ejemplar de la
tarde. De tal expresión, el espectador sobre todo se acuerda cuando el
espectáculo no resulta todo lo lucido y brillante que debiera, deseando con su
pronunciamiento el rememorar y reverdecer viejos tiempos cuando el quinto toro
de la tarde nunca era malo. |
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