FICHA DEL FESTEJO: Viernes 15
de agosto. Décimo segunda de abono. Sexta corrida de Toros Goyesca. 1/3 de
plaza. Toros de Marqués de Domecq, perfectamente presentados, buenos en el
caballo, bravos, dando juego y embistiendo con clase. Pesaron 520, 530, 510,
510, 580 y 500. Todos aplaudidos en el arrastre, Insensato nº 55 nacido en
enero de 2004 de pelo negro con 510 kg sería indultado por el diestro Pepín
Liria.
Resultado artístico: Pepín
Liria (catafalco y oro) ovación y dos orejas y rabo simbólicas. Javier
Rodríguez (fucsia y azabache) silencio y pitos. Jesuli de Torrecera (blanco
y azabache) oreja y ovación.
Presidiría D. Rafael Sestelo,
bien en el indulto y bien cortando el tercio de banderillas en el segundo
toro con dos pares ante la ineficacia de la cuadrilla de Javier Rodríguez.
Destacaría Antonio Ocaña en banderillas. Por motivos desconocidos harían el
paseíllo descubiertos los diestro Torrecera y Liria. Las rayas de picar
serían pintadas con cal cuando en El Puerto hace años se marcan con sal.
Algún personal de plaza iría ridículamente vestido de goyesco. Liria, el
mayoral Antonio Flor (hijo) y el ganadero Fernando Domecq cruzarían la
Puerta Grande.
Otro festejo con gran cantidad
de matices que empiezan el día antes cuando por cogida y rotura de fémur se
cae del cartel el jienense-malagueño Fernando Cámara. Decían que los
teléfonos de Currillo y de Justo Benítez quemaban. Pero la suerte estaba
echada, más que hablada estaría la primera sustitución de la feria para el
sobrino del empresario, Javier Rodríguez, sobresaliente en el mano a mano.
Lástima. Buena oportunidad para la empresa y para el ayuntamiento de colocar
a otro torero de la provincia, llámese Canales Rivera, Benjamín Gómez,
Antonio José Blanco, Octavio Chacón o Víctor Janeiro entre otros.
Una corrida goyesca ésta que sin
venir a cuento, impuesta por el macro pliego, nace de pie a la vista del
resultado. El festejo perfectamente podría encajar en el mes de febrero,
como cuando el rey José Bonaparte durante el asedio a la Isla y a Cádiz el
18 de febrero de 1810 celebraba una corrida de toros en el Ejido de San
Francisco con Jerónimo José Cándido como único protagonista. Además de ser
éste el mes de comienzo de la temporada en la Real Plaza según el pliego.
La banda de música sigue dando
que hablar cuando toca a destiempo y en plan protagonista. No acompañaría
ningún pasodoble la retirada del toro indultado y se cargaría con un
protagonismo absurdo la faena de Torrecera. Para terminar, de nuevo bulla en
la taquilla ya que sólo se pueden devolver entradas hasta una hora antes de
dar comienzo el festejo. Otro “acierto” del reglamento Soriano.
- Pepín Liria: Recogería
una gran ovación del público antes de salir su antagonista. Toro que parecía
por otra parte no ir con él a pesar de brindarlo al público. Auguró un buen
comienzo de corrida este primero de la suelta con el que el diestro
incomprensiblemente no se llegó a acoplar, ni tan siquiera a intentarlo.
Bueno por ambos pitones, el trasteo en ningún momento llegó a tomar vuelo.
No lo vería claro, tal vez el abrir tarde, tal vez la ligera brisa,…. Más de
media atravesada y un descabello. Ovación.
Insensato sería recibido
con larga en el tercio y apretadas verónicas para sacarlo al tercio. Lástima
que fuera mal picado el toro con un puyazo muy trasero. Un Liria convencido
en la calidad del toro sería su lidiador en el tercio de banderillas. De
nuevo lo brindaría al Puerto. Tardo en las primeras series, toro y torero se
romperían en una faena grande de principio a fin por ambas partes. Toro y
torero bravos. Las primeras series por el derecho fueron de compás muy
abierto que trazaba una trayectoria larga. Pepín lo llamaba a media
distancia, toda una garantía para el toro. Fijo, repetidor, humillado con
entrega no exento de bravura los interminables naturales fueron bordados por
ambos artistas. Altivo, Insensato, se retiraría a chiqueros donde le
serían efectuadas sus primeras curas antes de llegar a la Finca Martelilla.
Dos orejas y rabo simbólicas para Liria que no veríamos hasta salir por la
Puerta Grande. La triunfal vuelta al ruedo la daría con el mayoral Antonio
Flor (hijo). A pesar de no llegar a verse, estoy convencido de que en el
caballo hubiese sido otro gran toro.
- Javier Rodríguez: No es
bueno mezclar familia y negocio, más cuando la sustitución no encaja ni con
calzador. Una colada que el público del Puerto no admitiría de principio a
fin, más teniendo en cuenta la bisoñez de torero. Toros que pedían
sentimiento en cada lance y no un pegapases. La fijeza de sus oponentes y
entrega le permitiría trazar algún derechazo sin llegar a quebrar una
cintura que no tenía el diestro. Su primero recibiría tres puyazos en dos
entradas al caballo. Incapaz de colocarse y sacarle un solo natural, pudo
ser un buen toro. El publico se impacientaría en un trasteo insulso, que se
acrecentó cuando empezó a quedarse corto y echarse al diestro a los lomos
por su falta de agilidad para quitarse de la cara. Dos pinchazos y estocada.
Silencio.
El quinto pudo ser otro toro de
vacas de caer en distinta muleta. Vulgar, tampoco le permitirían alargar
mucho su anodino trasteo. Dos pinchazos y estocada. Pitos.
- Jesuli de Torrecera:
Toda la tarde participativo con el capote, verónicas y quites por
chicuelinas y por navarras. Empezaría bien la faena a su primero
con doblones por bajo hasta llevarlo al tercio. Tenía fijeza y
acometividad en las primeras tandas de derechazos. Al natural la cosa
cambiaría, algo desconfiado estaría vulgar con un estaquillador sujeto por
la punta que intentaría rectificar sin acierto. Un toro que fue de menos a
más y un torero a la inversa. Estocada trasera. Oreja.
El último fue el menos
bueno. Más justo de fuerzas que sus hermanos, hizo el esfuerzo Jesuli
tirando de él a pesar de que protesta en cada suerte. Así le arrancaría
alguna tanda de merito por el derecho con un público más pendiente de los
solos de la banda que del torero que se jugaba la vida. Por el izquierdo se
quedaba corto. Cerraría con ayudados por alto. Pinchazo y estocada. 1 aviso
y ovación. DIARIO Bahía de Cádiz