FICHA DEL FESTEJO:
Domingo 27 de julio. Sexta de abono. Segunda corrida de Toros. 1/2 plaza.
Viento de poniente que molestó sobre todo los dos primeros toros. Ganadería
de Juan Pedro Domecq: Muy justitos de presentación, sospechosos de pitones,
pesaron por orden de lidia 545, 470, 535, 475, 485 y 475, desrazados y
faltos de transmisión, todos nobles destacando el tercero por más
colaborador.
Resultado artístico:
Enrique Ponce (turquesa y oro) algunos pitos y silencio. Julián López “El
Juli” (grana y oro) silencio y ovación. José María Manzanares (grana y oro)
vuelta y dos orejas.
Presidió D. Rafael
Sestelo, excesivo premio la segunda oreja a Manzanares en faena
sobrevalorada sin apenas enemigo. Muchas caras conocidas en los tendidos
como los presentadores Carlos Herrera y Ramón García, o el diestro Juan
Antonio Ruiz “Espartaco”. Muy bien las cuadrillas en banderillas
desmonterándose José Antonio Carretero, Emilio Fernández, José María Tejero,
Curro Javier y Juan José Trujillo.
El destino equivocaría la
concesión de orejas para Manzanares. Dos apéndices que tuvieron que ser
paseados en su primero y no en el que cerraba plaza. El generoso público y
palco portuense que quiso premiar con carácter retroactivo la injusta
rubrica que tuvo con la espada una faena que posiblemente se hubiera hecho
con muchos, o casi todos, de los premios que otorgan las distintas peñas
provinciales y locales. Así lo creemos. La coletilla de que “bueno, es el
premio al conjunto de su labor” no me termina de convencer. Los premios
dice el reglamento se concederán en función a la labor desarrollada en la
faena, que yo sepa no dice nada del conjunto a la labor. Pero bueno, ya
sabemos que ese “gran” Reglamento del Sr. Soriano se lo salta todo el mundo,
se interpretan a la forma de cada uno y no sirve para nada. De esta forma se
permite el afeitado de los toros, que los reconocimientos previos sólo se
puedan llevar a cabo con permiso de la empresa o del ganadero, y el aquí
todo vale, pero siempre a favor de la empresa, del torero y del ganadero. Y
no sigo por que me caliento, el reglamento Soriano da para escribir mucho
sobre un fiasco “consensuado” entre ganaderos y toreros.
Por otra parte no podemos
pasar página sobre las entradas en estas tres corridas de toros, incluida
los rejones. No se si ha bajado el nivel de turismo en El Puerto, lo que
está claro es que ha bajado el nivel adquisitivo de ese turismo. El que
antes iba seis tardes ahora irá tres, o lo que es lo mismo el Bono Real que
mira por donde incluye al torero que actualmente lleva más público a la
plaza por más que le duela a otras figuras. La empresa, que dicho sea de
paso sigue echando suelo nuevo a las escaleras de la plaza, tendrá una
excusa magnífica para reducir el número de festejos en el abono del próximo
año, además del no cumplimiento íntegro del pliego ganador cuando las
expectativas económicas no se cubren ni en un 50%. Al final, por más que le
pese al Alcalde, la culpa el bárbaro pliego municipal que flaco favor le
hace al aficionado con una subida de precios desmesurada como impresentable
es la gran cantidad de entradas de gañote que se queda el consistorio para
luego venderse muchas en reventa.
Pero vamos a lo que vamos, que
ya es hora:
- Enrique Ponce: Su
primero fue un búfalo por tamaño de alzada y escaso de pitones. Molestaría
sobre manera el viento al valenciano que no cerraría lo suficiente al toro.
Sin confiarse se iría a por la espada con la consiguiente bronca.
Espolearía al diestro que lo intentó, no sin mucho convencimiento lo que
ratificaría la falta de clase y raza de su oponente. Además desacertada
tarde con los aceros. 1 aviso. Algunos pitos para el diestro y ovación por
molestar para el toro.
Desconfiado con el capote no se
estiraría a la verónica hasta después de picado. Nos engañaría de inicio
con el brindis al público y unos doblones por bajo con clase. A partir de
ahí un torero sin fe y desangelado que no conocíamos en esta plaza. Sin
ganas de solucionar problemas se limitaría a mostrar los problemas del burel
sin disposición a solucionarlos. De nuevo mal con la espada. 1 aviso.
Silencio.
- El Juli: Dos ajustadas
chicuelinas y una media fue su capote en toda la tarde. Pronto se quedaría
sin enemigo un técnico y profesional Juli con el marmolillo que tenía
delante. Breve con la espada fue silenciado.
El anovillado quinto tampoco
sería un dechado de bravura. A base de tirar del torito conseguiría arrancar
alguna serie de derechazos. En sucesivas, demasiados parones entre suerte y
suerte para dejarlo reponer. Faena técnica que de matar bien saca premio. 3
pinchazos y estocada. 1 aviso. Ovación.
- José
María Manzanares:
Apretaría Ciervo en el caballo llegando a descabalgar a José Antonio
Barroso. Gran faena del alicantino a la que no le sobró ni le faltó nada.
Medida, con clase, de trazo largo y curvado que partía cintura en cada
suerte. Al natural nos supo a poco, por derechazos los justos, y dos cambios
de manos para enmarcar. La imperfección vino con la espada, dos pinchazos
antes de la estocada. Esperó el diestro a que le reclamaran una vuelta al
ruedo que estaba deseando dar. Cerraba plaza otro torito con poca fuerza
que apenas trasmitía. Una banda de música que arrancaría sin motivo, una
serie buena de ayudados por bajo, la gran estocada y el retraso
injustificado de las mulillas que obligaría al Sr. Sestelo a sacar un
segundo pañuelo que nunca debió salir.
DIARIO Bahía de Cádiz