En 1941, con el General Ávila al frente de la presidencia de México, a las
entonces afueras de la ciudad en dirección sur se proyectaba la creación de
una Ciudad del Deporte y de Ocio que incluiría cines, restaurantes, centro
de exposiciones, parque acuático, pabellón cubierto, pistas de tenis,
frontones, campo de fútbol y una plaza de toros. Éste bonito sueño del
genuino empresario de origen libanés nacido en Yucatán, Neguib Simón, en el
que depositara toda su fortuna quedaría finalmente reducido a los dos
últimos proyectos. La construcción de la plaza se inició el 1 de diciembre
del 44 por obra del ingeniero Modesto Rolland.
Aprovechando uno de los cráteres que una antigua ladrillera había dejado
tras la extracción de su adobe, se construyó este nuevo coso de forma que su
ruedo quedaría 20 metros por debajo de las calles que le rodean, entre ellas
la famosa e importante, hoy día que no entonces, Avenida de Insurgentes. El
material del que está construida esta monolítica obra es el hormigón. El
diámetro de su ruedo es de 43 metros, hacía arriba, 36 metros de graderíos
para albergan a 41.000 espectadores en cómodas localidades de asientos con
respaldo entre barreras, primer tendido, palcos, balcones, lumbreras,
segundo tendido y general.
Sus inicios no auguraron un buen futuro por varios motivos: la distancia al
centro de la ciudad, la existencia en éste de la plaza el Toreo de la
Condesa que colmaba las necesidades del aficionado, el precio de sus
“boletos”, entradas en España, para el festejo inaugural, y por último su
aspecto poco taurino. Además de estas vicisitudes, el día de la
inauguración, el 5 de febrero de 1946, se retrasaría el comienzo varios
minutos por la dificultad del público a encontrar su localidad. Finalmente,
con estos malos vaticinios y con lleno en sus tendidos, albergaría su primer
festeo con dos diestros nativos en el cartel, Luís Castro “el Soldado”
y Luís Procura, junto a “Manolete”, los toros de San Mateo y el
primero de nombre Jardinero. La primera vuelta al ruedo con una oreja
en la mano para Manolete, sin contar la dada por el Arzobispo de
México Dr. Luis María Martínez durante la bendición del coso.
Haciendo un símil, “la México” es al toreo lo que el Maracaná es al fútbol,
y no sólo en el tamaño por ser la más grande del mundo, también por su
afición animosa, apasionada y entendida que no sabe de nacionalismos a la
hora reconocer el buen toreo. Sin llegar a ser el más antiguo del país, este
monumental coso junto con la plaza de Santa María en Santa Fe de Bogotá en
Colombia, Quito en Ecuador, Nimes en Francia y las Ventas en España son los
que tienen el privilegio de ofrecer ceremonia de confirmación de
alternativa.
A
lo largo del año en ella tiene lugar varios ciclos: La Temporada Grande,
entre los meses de noviembre
a febrero o marzo, la Temporada
Torista,
en mayo, y la Temporada Chica de novilladas, de Julio a Agosto.
Como en el resto del
mundo taurino, en la ciudad de México (México DF) los espectáculos taurinos
vieron sus comienzos en las plazas públicas y posteriormente entre los
siglos XV y XVIII en cosos de maderas que eran desmontados tras finalizar el
festejo. No conocería los ruedos permanentes hasta el siglo XIX, de los
cuales sólo dos acabaron el siglo; el resto desaparecerían, unos quemados y
otros derruidos. De los dos que acaban el siglo uno pronto cerraría sus
puertas, el otro, el Toreo de Cuatro Caminos, permanece renovado. En el
siglo XX se construirían tres plazas más, dos con efímera vida y en 1907 el
Toreo de la Condesa, así llamado por encontrarse en unos terrenos de igual
nombre. Esta última plaza sería la mayor de América hasta desaparecer con el
nacimiento de la Monumental.
En San Bartolomé de
Naucalpan, hoy Naucalpan de Juárez, a finales de 1894 se construiría una
plaza en madera que apenas duraría varios años. Cincuenta años después, tras
el cierre en México DF del coso “el Toreo la Condesa”, su estructura
metálica sería trasladada a un lugar llamado Cuatro Caminos, donde se
ampliaría y reconstruiría para abrir por primera vez sus puertas en 1947. En
el 68 se le dotaría de una cubierta. Desde su reinauguración, en el 94,
pocos espectáculos taurinos han tenido lugar siendo su principal función la
de acoger acontecimientos deportivos, artísticos, culturales y combates de
lucha libre. DIARIO Bahía de Cádiz