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“Si mi tío fuese igual que me tía no
sería mi tío, sería mi tía”. Esta frase que sirve como introducción y que a
simple vista parece una simpleza con tinte soez no lo es tanto si la analizamos
debidamente. No creo en la igualdad de género porque es intrínsecamente falso.
No existe la igualdad de género, o eres de uno o de otro, o te sientes de uno o
de otro pero la frasecita de marras políticamente correcta y tan dada a generar
injusticias empieza a ser utilizada precisamente en contra del fin con la que
fue creada, la igualdad social entre géneros distintos (y con “social” me estoy
refiriendo a todos los ámbitos de nuestra sociedad, laboral, familiar etc).
Sí creo en la igualdad de
oportunidades, en el respeto mutuo, en la eliminación de las barreras sociales
que puedan discriminar a una mujer por el simple hecho de serlo o al hombre por
el simple hecho de serlo y condeno a la alimaña que se comporta como tal con una
mujer igual que condenaría a la alimaña que se comporta igualmente con un
hombre, a esos sí los igualo y solo merecen un género (aunque en este caso sea
un adjetivo), el de la alimaña que curiosamente se puede utilizar para ambos
géneros.
Toda igualdad pasa primero por el
convencimiento sin paliativos de esa igualdad y es justamente lo que no estamos
haciendo. Conozco a más mujeres que hombres que me superan en muchas facetas y
además sobradamente y es por esa misma razón por la que me opongo a ese trato de
favor sexista en el que está cayendo nuestra sociedad motivado por intereses
personales y mezquinos. Incluso desde un punto de vista evolutivo, nunca podré
desarrollar las mismas capacidades que la naturaleza, el medio o la historia ha
dotado a la mujer (competitividad, intuición, sacrificio...) si no puedo estar
con ella en igualdad de condiciones, si no puedo aprender de ella, si no puedo
“enfrentarme” a ella, no quiero y desprecio el trato de favor hacia unos y otros
pero en el caso de la mujer es mas lesivo porque en pleno siglo XXI los
abanderados de las mismas son sus máximos enemigos aunque no sean conscientes de
ello.
Flaco favor se le está haciendo al
género femenino que quiere explotar (quién no lo ha hecho aún) y que puede
explotar y qué oportunidad está dejando escapar el masculino de aprender de
igual a igual para que al final de verdad podamos decir que no existen géneros
distintos en nuestra sociedad solo personas que se miden por su valía y no por
centímetros aunque gracias a Dios esos pocos centímetros (en la mayoría) sigan
siendo enriquecedoramente distintos, complementarios (en su mayoría) y
necesarios.
Sé que mi discurso no es
políticamente correcto y que de verdades saldrán mentiras pero lo siento porque
no tengo que ver inferior a la que nunca vi ni sentirme mal por lo que otros
hicieron o dejaron de hacer o ceder ante lo que nunca cedería porque su nombre
acabe en –a, sin embargo reclamo la oportunidad de aprender luchando en la arena
y en buena lid con el género contra los que mis antepasados no pudieron o
quisieron luchar... el femenino.
A mi esposa, mi maestra.
DIARIO Bahía de Cádiz
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