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Como si no tuviéramos bastante con los
teledesgracias y con las radiocatástrofes, van y la cascan Enma Penella,
Francisco Umbral, Antonio Puerta, José Luis de Vilallonga, dos o tres
deportistas más de lo mismo que Puerta y los habituales de Irak, Afganistán,
etc., más los niños del hambre, los del SIDA y éste, el otro y el de la moto.
Conduce uno por la carretera y los letreros avisan: 1.830 muertos desde enero.
Al día siguiente: 1.835. Y así sucesivamente. Con razón dicen los cristianos que
éste es un valle de lágrimas y no somos nadie. Eso sí, ninguno viene a
enseñarnos cómo es el valle de la celestialidad, por eso me gusta éste a pesar
de todo. Y porque claro que somos alguien, somos mucho más que meras plañideras
beatas.
Por fortuna, no se ha dado ningún terremoto esta
semana porque entonces es que los teledesastres se hubieran forrado al tiempo
que experimentaban el orgasmo más grande jamás contado. Todas estas muertes han
sucedido después de que ETA colocara su bomba. No hacían más que hablar de la
bomba, las pamplinas de siempre, eso sí, pero venga hablar de la bomba, venga
decir que si hay unos que no la han condenado. Me hace gracia esto, la
hipocresía actual llega a tal extremo que con decir “condeno” te perdonan porque
ya eres bueno. Pues el PP no ha condenado jamás la guerra civil que estalló por
la rebelión de don Francisco Franco cuando se lo han propuesto y nadie lo
ilegaliza, ni ha condenado la guerra de Irak sino que nos metió en ella y nadie
lo deja al margen de la ley ni lo empapelan, como a los de El Jueves, a
los que quieren empapelar por criticar a la familia de un jefe de Estado al que
nadie elige democráticamente nunca. Es la diferencia entre tener la propiedad
del discurso y las riendas del poder o no tenerlas. Si las tuviera ETA sería
peor aún, desde luego, no sé qué hacen todavía esos sujetos queriendo lograr lo
que sea en un mundo como éste a base de darle dividendos a las empresas que
arreglan destrozos o a las pompas fúnebres que menos mal que no fue el caso en
esta ocasión. Eso ni siquiera se condena, eso es que es de malos estrategas y de
ignorantes fanatizados. Se condena más la ignorancia y el fanatismo que el
bombazo.
Todos nos metemos en las muertes de los finados de
esta semana, unos más en unos y otros más en otros. Los hemos tenido para todos
los gustos. Desde luego, la vida es corta, desgraciada, asquerosa y todos esos
epítetos que aportaba Hobbes pero me quedo con mi Nietzsche que, aún
reconociéndolo, decía que ésa es una parte de su apasionante realidad y que el
ser humano se hace tal en tanto en cuanto es capaz de superar los sufrimientos
más grandes y tornarlos en algo positivo. De manera que a tanta desgracia, el
gran filósofo opondría un paseo lleno de sosiego por la Selva Negra alemana o
por los caminos de Sils Maria. Contemplando sus paisajes sentiría que vale la
pena vivir y yo estoy de acuerdo con él y cuando hayamos disfrutado bastante nos
quitamos de en medio si tenemos huevos y santas pascuas. Como dice un viejo
amigo y poeta, Benito Mostaza, antes de pasar hay que haber llegado porque el
personal joven usa y abusa de eso de “yo paso tío” (conversación patrocinada por
Tío Pepe) pero en realidad no ha llegado a nada y por eso no puede pasar y de
tanto pasar no llega nunca, o sea, un círculo vicioso, el eterno retorno a la
estupidez.
Siempre pienso que no hay derecho a que se muera
esta gente porque nos hacen vivir a los demás. Enma Penella nos deleitó desde
las tablas, Umbral podría haberse suicidado en su día cuando murió su hijo,
junto al que ahora reposan sus cenizas, pero en lugar de hacerlo escribió
Mortal y Rosa. Gracias a ese libro nos sentimos más vivos y además después
nos dijo: tomad, así se escribe una crónica del acontecer, así se escribe una
columna. Puede que Umbral se haya enfadado con ese ego que tenía. Porque con
tanta muerte apenas se ha hablado de su muerte y él supongo que se habrá muerto
para que hablaran de su muerte, no de la de los demás, pero qué quieres, hijo,
hay que repartirse las lágrimas y las penas y, por ejemplo, Puerta tenía todos
los ingredientes para llorar a brazo partido: joven, a punto de ser padre e
ídolo futbolístico. Mucha gente se refleja en Puerta y vive su vida a través de
Puerta y de tantos y tantos Puertas como hay por el fútbol. Igual que Umbral se
ponía su bufanda blanca y su abrigo, el personal se enfunda sus bufandas de
colores deportivos y sus camisetas. La diferencia es que Umbral eligió más por
sí mismo que los otros, que se limitan a seguir la corriente sin complicarse
tanto la vida ni leer tanto. No complicarse la vida es un signo distintivo de la
masa, hasta Amnistía Internacional se ha dado cuenta. Proyecta una propaganda
por la radio según la cuál podemos molestar a dictadores y tiranos sólo con
nuestra voz y, lo que es más importante –dicen los incautos listos-: sin moverse
de casa. Me recuerda los productos de Tele Tienda, siempre tan fáciles de usar y
que caben en tan poco espacio; o a eso de aprenda inglés en quince días o
adelgace sin esfuerzo. Ahora, derribe tiranos sin salir de casa, ya no hay que
echarse al monte ni tomar las armas, con lo que mancha eso, basta con largar
unas palabras, un dinerito, una firmita, y el dictador cae. ¡Estupendo!
Aún así, hagamos lo que hagamos, por fácil que
sea, la realidad llega luego y nos vamos a criar malvas, bien que nos lo
recuerdan todos los días los telemasacres, las radiodesolaciones y la DGT.
Lástima que no pueda conducir por nosotros, como tenemos que conducir nosotros
hemos de buscar asideros que le den más sentido a nuestros días: Umbral, Penella,
Puerta, Vilallonga, con el que me lo pasé muy bien cuando participó en las
películas de Berlanga sobre la saga de los Leguineche. ¡Como me carcajeo aún con
esas tres películas! Sólo por ellas vale la pena seguir viviendo, nos echan una
mano para que no nos dé una alferecía o que, si nos da, sea de risa.
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