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Estoy tomando buena nota de todo lo que observo en
relación con la vejez por si llego a viejo. Espero tener el valor de suicidarme,
de protagonizar una muerte digna, como algunos de los filósofos clásicos, como
Aristóteles y su veneno que él mismo se administró por medio de una uva lupina;
como Epicuro que se bebió delante de sus amigos una copa de vino puro para irse
al otro mundo plácidamente (los griegos parece que le ponían al vino diversas
sustancias alucinógenas pero en esta ocasión Epicuro no lo rebajó con mucha agua
y encima aumentó la dosis de los opiáceos) o como Zenón de Citio que la cascó
conteniendo la respiración cuando se dio cuenta –como los anteriores- de que ya
nada hacía en este mundo.
Los viejos y las mascotas son en la actualidad un
estorbo y en verano mucho más. No sé cuántos perros y gatos he visto
despanzurrados por esas carreteras, una barbaridad. Me acuerdo que mi colega
Emilio Rioja, viñetista de El Correo de Andalucía y El Jueves,
Premio Mingote, dibujó en una de sus obras a un personaje que iba conduciendo y
hablando por teléfono: “Voy a cien perros aplastados por hora”, le decía a su
interlocutor, o algo parecido, escribo de memoria. Como a los viejos no es de
moral dejarlos por las calzadas, las familias les buscan una residencia donde
meterlos en estos días de verano. Hace poco me decía el director de una de
ellas: “Oye, quieren que en una o dos semanas les hagamos el chequeo que ellos
no se han molestado en hacerles durante todo el año”. Qué desastre, a nadie le
gusta cuidar viejos y a quien le guste sospecho que es cosa más propia de lo
psicológico que de la auténtica filantropía o vocación. Los seres humanos nos
odiamos (o por lo menos no nos somos simpáticos) y los que en teoría van por ahí
de solidarios no lo hacen por los demás sino por sí mismos: el amor no existe,
existe sólo el amor propio, eso ya lo he escrito y dicho por activa y por
pasiva. La mejor forma de alcanzar el carácter solidario es aceptando quiénes
somos realmente. Cuando el ser humano se unió fue por necesidad, no de forma
voluntaria, el voluntariado es algo cultural y moral, no connatural. Luego están
los listos que se aprovechan, por eso aparecen las corruptelas en determinadas
ONGs y meten la mano en el bote los fundadores de algunas de ellas, un bote que
suele ser de dinero público porque el privado si va a ellas en abundancia no es
por solidaridad sino para ahorrarse impuestos o para lavar pasta. Sí, digan
ustedes lo que quieran, piensen lo que quieran pero esto es así, de lo
contrario, ¿por qué los viejos son un problema? Además, no digo nada nuevo, sólo
coincido con Hobbes y Schopenhauer, entre otros.
Mi también colega Lola Domínguez se expresaba aún
no hace mucho desde las páginas de ABC en estos términos: la paradoja de
hoy es que la ciencia nos prolonga mucho la vida y más que nos la va a prolongar
pero luego la sociedad, el pútrido mercado, nos tira a la basura más jóvenes que
nunca. Lo de mercado, pútrido y basura es cosa mía, Lola siempre ha sido más
fina (y muy dulce como mujer, por cierto, eso nos gusta a los tíos) y además no
creo que en el ABC (donde a mí me han censurado artículos y eso que tenía
un cuidado exquisito, se los censuraban hasta a Pemán…) permitan que se escriba
así.
En la actualidad te quedas en paro con 38 ó 40
años y se acabó lo que se daba. A la gente la prejubilan cuando está en plenas
facultades y con total conocimiento de su profesión. En la universidad pública
ya está entrando el liberalismo salvaje de los cojones. Intentan que nos
retiremos para rejuvenecer la plantilla, como si la universidad fuera un equipo
de fútbol. En la universidad puede uno llegar a su cenit intelectual con 60 años
y entonces haber creado una escuela y tener una templanza y una prudencia que
hace aconsejable que no te marches porque la universidad está llena de pasiones,
de filias y de fobias tremendas. Tal vez por eso en la universidad pública es
posible jubilarse –por ahora- con 70 años e incluso entonces ser nombrado
profesor emérito para que siga uno ejerciendo ya como magíster hasta los 72-73
años. Estos putrefactos del liberalismo son unos completos ignorantes y así nos
va, creen que el saber humano de miles de años se puede absorber, enseñar bien e
investigar en dos o tres décadas. Además, ni son liberales, están debajo de las
tetas del Estado, ya he dicho que es el Estado quien lava sus inmundicias cuando
meten la pata que es a menudo. Por este motivo, el Estado se merece más
oportunidades pero eso dependerá de que los humanos seamos más honestos, más
filósofos, más evolucionados. Algunos filósofos se han muerto de melancolía
cuando han visto el choque entre razón y realidad. Coño, le pasó al mismo
Averroes, el de Córdoba, que acabó desterrado y más solo que la una de antes, no
la de ahora, del botellón.
La Junta de Andalucía ha aprobado para los viejos
una cosa que conocemos como ley de dependencia. Está muy bien en el papel, como
casi todo. Ya se hallan sus oficinas repletas de solicitudes (40.000, dicen)
pero los funcionarios se han ido de vacaciones y hasta septiembre no entran en
materia. Les explico: uno llega a ventanilla y dice que tiene a una persona
mayor que necesita ayuda, bien porque viva sola o porque viva con una persona
que no puede hacerse cargo de ella. Rellena papeles, presenta más papeles y allí
se queda el expediente por unos meses. No se sabe cuántos porque aunque la
propaganda oficial habla de que los casos más urgentes se tratarán dentro de
este año, sólo para Dos Hermanas (una ciudad pegada a Sevilla que tiene 110.000
habitantes) han destinado a dos técnicos evaluadores. Los evaluadores van a casa
de quien ha hecho la petición y clasifican la urgencia del caso: discapacidad
absoluta, relativa o persona mayor con autonomía. Se supone que tienen prioridad
los que no se valen nada por sí mismos pero no hay criterios claros para que los
técnicos sepan donde están esas personas con prioridad, en la solicitud no hay
informe médico que lo indique.
El evaluador visita –cuando sea- y dictamina: por
ejemplo, una subvención para que la familia contrate a alguien que cuide al
anciano, un ingreso en una residencia. Pero hay que aprobar lo que ha
dictaminado vamos a decir el perito, hay que aprobar o denegar, hay que esperar
a que llegue la carta de aprobación o desaprobación, hay que aguardar a que el
dinero esté disponible o que haya plazas en las residencias… ¿Cuánto tiempo
transcurre? El necesario para tomarse una buena botella de vino acompañada por
doscientos somníferos y anda que le den por el culo a todo. Total, lo más seguro
es que cuando todo se resuelva ya esté uno más muerto -real o en vida- que
cuando se solicitó el servicio…
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