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Bin Laden ha vuelto a enviarnos otra de sus
misteriosas actuaciones audiovisuales por Internet. Le da ánimos a los que se
inmolan y les promete la gloria pero él nunca se inmola. Ya se sabe que los
soldados son los que mueren y los generales los que permanecen aunque
últimamente quienes más mueren no son los que van a la guerra sino los que no
van, de manera que cuando hay guerra interesa más ser soldado que civil, las
aberraciones son tales que hemos vuelto a las guerras salvajes de otros tiempos.
Lo de este tal Bin Laden es rarísimo, aparece con sus bravuconadas cuando le
interesa no sólo a los camicaces sino a algunos poderosos de Occidente, sobre
todo de EEUU.
Cada vez que baja la popularidad de Bush sale a
escena el morito empresario al que Occidente teme más por empresario que por
terrorista. Este sujeto –que sabe cómo funciona el Mercado porque se ha formado
en su seno- conoce los entresijos del capital en red y puede hacer por ahí mucha
pupa. Aparte de eso, lo observamos tronar cuando más les interesa a algunos. En
las últimas elecciones estadounidenses, el Señor de las Torres dio una cantada
audiovisual y a los pocos días Bush ganó los comicios esta vez con claridad y
sin trampas. El miedo es importante, mantener a la gente en tensión representa
una de las claves para el dominio de una sociedad. El Islam tiene a los suyos
tarados con su teocracia totalitaria y Occidente paraliza a la gente haciéndola
correr mucho y temer mucho. La gente en Occidente corre de acá para allá como
pollos sin cabeza y eso es positivo, lo malo es que una gran mayoría de
ciudadanos corriera en la misma dirección. El miedo siempre es rentable para el
dominador y negativo para la individualidad, de ahí que no estemos en una
democracia sino en una pantomima o en una tragicomedia.
En esta tragicomedia Bin Laden es el moro malo que
equivale al hombre del saco que nos mantiene en una continua noche de Halloween.
“Niño, si no te comes eso vendrá el hombre del saco a llevarte”, nos decían
antes. Un hombre del saco tiene que existir siempre y aparecer cuando el que
manda lo necesita. Y da la casualidad de que aparece. ¿Quién es realmente este
individuo? ¿Existe? ¿Lo han matado o vive? Miren ustedes, en junio de 2001 fui a
visitar con otros profesores el cuartel general de la OTAN en Bruselas. Nos
invitó la propia OTAN. Nos instalaron en un magnífico hotel, nos dieron de comer
extraordinariamente y a cambio escuchamos varias conferencias seguidas sobre
tema militar. Nada del otro mundo que no supiéramos en el interior del mundo
académico y periodístico porque cuando hacíamos alguna pregunta más crucial o se
salían por la tangente o echaban mano del discurso oficial que era el del
maligno que acecha pero ya no era el comunismo, ahora era el terrorismo. Puesto
que la OTAN ya no tenía razón de ser tras la desaparición del Pacto de Varsovia,
había que inventar otra historia.
En aquel año 2001 avanzaba mucho la idea del
pacifismo, la mili era voluntaria, los cuarteles se vaciaban de soldados y
algunos ejércitos –como el español- tenían que echar mano de vigilantes privados
para guardar mejor los cuarteles. Fue en junio de 2001. En septiembre de 2001
las Torres Gemelas cayeron. No tengo ni puta idea de quién derribó las torres
(bueno, Bin Laden, me han dicho) pero los responsables le hicieron un gran favor
a la industria de armamento y a todos los señores de la guerra. Desde entonces
el mundo vive más en tensión que antes, han aparecido más guerras y más
conflictos y los inocentes mueren a miles, y da la casualidad que de vez en
cuando se detienen comandos terroristas o se descubren coches de terroristas, a
veces cuando se va un gobernante y entra otro, como en el caso de Inglaterra.
¿Qué está pasando aquí? Durante el tardofranquismo y la Transición ya saben
ustedes que existía un GRAPO con fuerza que mataba o secuestraba militares,
políticos y empresarios. Entre los observadores de aquel proceso corría siempre
la misma idea: cada vez que se anunciaba un paso adelante en la dinámica
democrática española, el jodido GRAPO mataba a alguien o colocaba una bomba o
secuestraba a alguna personalidad. Los GRAPO apenas tenían conexión entre ellos.
Hice un trabajo de investigación sobre 1978, después de que colocaran un par de
bombas en Sevilla –una en la calle Sierpes, en la sede del por entonces PSA-Partido
Andaluz y otra en los Jardines Catalina de Rivera que le explotó en las manos a
quien iba a ponerla y lo destrozó (muy desagradable)- y en un pueblo cercano a
la ciudad logré charlar con dos militantes del propio GRAPO. Mi primera
conclusión fue que aquella gente no tenía articulación y que cada comando iba a
su bola, me parecieron gentes fácilmente manipulables.
El terrorismo de ahora es más sofisticado pero
desde luego su fondo es similar: unos sujetos que persiguen hacerle daño a
Occidente y a su poder pero que, en el fondo, tal vez, sin saberlo, también son
tontos útiles que consolidan el mismo sistema de dominio al que desean
destruir.
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