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A ciertas alturas de la vida hay cosas que se
deben tener claras. Tiene razón el gran León Felipe: llega un momento en nuestra
existencia en el que, como el marinero en el mar, hay que saber adónde vamos.
Desde luego, este saber, ahora, se ha vuelto personal y tal vez intransferible
en el orden de las ideas que desean mejorar esencialmente lo que hay. Y hay dos
aspectos claros: que los seres humanos somos unos miserables depredadores y que
el Mercado, ese sistema “triunfante” que hemos creado, es, a pesar de todas sus
ventajas, el culpable de la mayoría de nuestros males. Lo que le dijo Unanumo a
los franquistas –“habéis vencido pero no convencido”- puede aplicársele al
Mercado: tal vez haya vencido al socialismo pero no convence, lo está
prostituyendo todo desde hace demasiado tiempo y somos los demás cómplices de
eso. El Mercado es depredador, la especie humana, también. Y la llamada
izquierda alternativa sigue, o discutiendo o tratando, en el fondo, de pescar
algo en el Mercado, una migaja que llevarse a la boca. La izquierda alternativa
es relevante pero es humana igualmente, no se olvide.
Esta semana la Fundación Focus –de la
multinacional Abengoa- se ha gastado 12,4 millones de euros para comprar el
cuadro “Santa Rufina”, que se supone que es de Velázquez, para dejarlo en
Sevilla. Tenemos ante nuestras narices asuntos que ya damos por cotidianos y
normales, como es someter continuamente al lucro, al mercadeo, al regateo de
impuestos y a la subasta, una obra de arte que pertenece al género humano y no
al mejor postor. La creación –que es una manifestación espiritual- el Mercado
inmundo la torna en asunto material, el arte sirve para lucirse, para traficar,
para evadir o ahorrarse impuestos o para blanquear dinero, pero el arte es de
todos y los artistas ya pasan a propiedad de la Humanidad. Algunos sevillanos
creen que como Santa Rufina es una de las patronas de Sevilla –con Santa Justa-
su retrato debe estar ubicado en la ciudad. Y siempre aparece alguien que entra
al trapo de los deseos de una parte de los ciudadanos para sacar provecho. El
Ayuntamiento de la ciudad puja por la obra y es un ayuntamiento de izquierdas,
una coalición PSOE-IU. Sevilla arrastra un meapilismo de mil pares de narices y
también mil millones de problemas, algunos de los cuales se solucionan con esos
12,4 millones de euros que se han regalado a los ingleses por una tela que
representa a una santa cuando España ya no es un país católico y ni siquiera los
sevillanos llenan las iglesias los días de misa ni las calles los días de Semana
Santa.
Parece que no sabemos bien lo que son 12,4
millones de euros… Santa Rufina puede quedarse donde le plazca, en Sevilla no
hacía falta para nada pero aquí está. La ciudad está llena de iglesias donde
lienzos de la época de Velázquez y de otras épocas se pudren, el Museo de
Bellas Artes –segunda pinacoteca de España- guarda en sus sótanos numerosos
cuadros que esperan a ser expuestos. Tenemos bastantes momias, como la de San
Fernando o la de Ángela de la Cruz, que ya es santa o casi. Les llaman cuerpos
incorruptos porque son santos mientras que a Lenin o a la reina Hatshepsut las
llaman momias pero todos ellos han sido sometidos a tareas de conservación, de
incorruptos, nada de nada. El legado que le ha llegado a Sevilla es riquísimo,
algunas de sus iglesias se caen de deterioro pero se arma una zapatiesta por un
cuadro de una santa como si no tuviéramos que hacer otras cosas en Sevilla que
preocuparnos por eso. Entre Lopera y estos asuntos tienen razón esos sevillanos
que afirman que estamos haciendo el ridículo en toda España y ahora en todo el
mundo. Doce millones para hacerle el juego a un sistema podrido como es el
Mercado. Doce o treinta y seis.
Porque treinta y seis millones de euros es lo que
se paga por un futbolista. Con esa cantidad se le suben los sueldos a todos los
policías y todos los soldados de México para que no sean presa fácil del
narcotráfico porque un policía de México lo más que alcanza a ganar al mes son
280 euros. Esto es para vomitar: un muchacho con el culo cagado por el que se
entregan treinta y seis millones y la chusma a divertirse; y un pijo como Rafael
Nadal que a base de raquetazos la prensa lo encumbra sólo por el dinero que hay
detrás y luego aparece en todos los anuncios de televisión. ¿Qué modelos a
seguir les estamos poniendo a las nuevas generaciones? ¿Éstos, donde la
religión, el arte o el deporte, son mercancías? El pútrido Mercado y su
competitividad mal entendida están acabando con las vocaciones para convertirnos
a todos en caza recompensas y mercenarios. Lo estoy viviendo ahora en la
Sanidad. El Estado debería crear un cuerpo especial y numeroso de inspectores
para aclarar cuánto dinero se le va pagando a la sanidad privada; cuántos de sus
médicos se dedican ilegalmente a la medicina privada, por qué se considera al
paciente un objeto, por qué lo que prima es el negocio de las habitaciones y del
menor gasto posible. Da verdadero asco observar a médicos ir como babosos detrás
del dinero, médicos que sólo tienen de médicos el nombre, presos de la fiebre
del oro, carentes de vocación, corruptos morales que sólo ellos saben que lo son
(las otras corruptelas habría que demostrarlas). Porque una cosa es ser
licenciado en medicina, colegiado y en ejercicio y otra médico.
El Mercado lo ha jodido todo, obsérvenlo ustedes y
se darán cuenta aunque sé que ya lo habrán advertido sin poder hacer nada. Sin
embargo, de esta jodienda, los medios de comunicación, a callar o a hablar
poquito porque los medios de comunicación pertenecen al propio Mercado y los que
no pertenecen al Mercado, juegan a ser progresistas o son pequeñas islas de
libertad, la excepción, no la regla, por desgracia. A estas alturas de mi vida
ya sé dónde está el cáncer del mundo, ya sé dónde están sus metástasis, ahora
hay que averiguar si ese cáncer es operable o tiene cura porque el problema del
mundo no es exactamente que tenga un gran problema; el verdadero problema es
saber si el gran problema tiene solución.
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