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Hay un linchamiento mediático contra Chávez. El
motivo de fondo es que el presidente de Venezuela (que tiene que demostrar ser
más demócrata que Pericles o que Tocqueville y eso que ninguno de los dos lo
eran en realidad) no entra por el aro del nuevo orden mundial, esa “dictadura
silenciosa” (como diría Forrester) que sobre 1991, hundida la URSS, implantó
Bush, padre. El pretexto o motivo inmediato y superficial es que ha cerrado una
cadena de televisión: la RCTV. En realidad, Chávez no ha cerrado la RCTV, sino
que no le ha renovado la licencia de emisión tras caducar ésta, que no es lo
mismo. En la práctica, ha cerrado una cadena hostil pero se ha atenido a
derecho. Podemos estar o no de acuerdo con el señor Chávez pero lo que voy a
aconsejar una vez más es que miremos la viga que tenemos en nuestro ojo antes
que la mota de polvo que el prójimo tiene en el suyo y que no caigamos con tanta
facilidad en el seguidismo del mensaje: Chávez es un dictador que niega
la libertad de prensa.
Primero, existen al menos un centenar de casos en
el mundo donde, en los últimos años, los gobiernos de otros países de América
Latina, Estados Unidos o Canadá, han cerrado emisoras de radio y televisión
independientes por similares motivos a los que se le achacan a Chávez (la
crítica) o por el mismo motivo que –oficialmente- ha llevado a la administración
venezolana al cierre: la licencia caduca y se decide la no renovación.
Dos, en España se han dado casos de cierres de
medios de hecho y de derecho y aquí nadie ha dicho esta boca es mía. ¿Por qué
quiero echarle un cable al gobierno de Venezuela si está en el “eje del mal”?
Porque quienes lo atacan –que son teóricamente “los míos”- son de los que las
matan callando y porque he sido testigo del “trabajo” de los medios en Venezuela
y del papel de la cadena cerrada.
Cuando en 2002 estuve en Caracas, los grandes
medios de comunicación –todos conectados con negocios ajenos al periodismo, como
el petróleo, la cerveza y el gran comercio, en general- llamaban a la
insurrección contra un presidente legalmente constituido. Desde mi habitación
del hotel no daba crédito a lo que veía: presentadores de programas, periodistas
de informativos, clamando contra el presidente, estimulando a la desobediencia
civil y requiriendo a los militares para que protagonizaran un golpe de Estado
que, en efecto, llegó después y fracasó. Aquella actitud no sólo iba contra toda
rigurosidad periodística y contra toda deontología sino contra las leyes y la
Constitución y un militar en el poder –Chávez- elegido por los ciudadanos según
nuestros principios occidentales, se lo estaba tragando todo con tal de no
provocar a Occidente. No se cerró ningún medio de comunicación, sólo en
ocasiones, seguidores de Chávez protagonizaban actos violentos contra alguno.
Al mismo tiempo, en las zonas adineradas de
Caracas, militares hostiles estaban encerrados en casas suntuosas, planeando
acciones contra el poder legal. Es decir, es algo parecido –parecido- a si en
España, Tele 5 o Antena 3 llaman al golpe de Estado contra Zapatero o a si,
cuando Tejero abandonó Las Cortes después de su intentona golpista de 1981, se
refugia con sus seguidores en un chalet de lujo de Madrid y, desde ahí, sigue
proclamando sus principios. En 1989 se concedieron en España las televisiones
privadas: Tele 5, Antena 3 y Canal +. Entonces, Polanco dijo que a él nadie
tenía cojones para negarle una televisión. Y era verdad, el gobierno, del PSOE,
de Felipe González, le adjudicó Canal +, un canal no en abierto, sino de pago,
como denunció entonces el dueño del grupo Zeta, Antonio Asensio, que se había
unido a Murdoch y aspiró a un canal que le fue negado. Asensio acusó al gobierno
de amiguismo y de ir contra la ley al entregar, en un teórico concurso de
televisión en abierto, una de pago. Pero no pasó nada.
La TV en España se define como de servicio público
y sus licencias se prolongan por diez años. Sobre 1999-2000 el Estado procedió a
renovarlas pero ninguna de las tres cadenas merecía tal renovación porque no han
venido a aumentar la calidad ni el pluralismo ni el servicio público sino a
llenarlo todo de programas chabacanos y superficiales, cine violento y malo,
informativos partidistas, repletos de publicidad encubierta, y a repartirse los
derechos del fútbol, a no echar cuenta de la programación infantil sino al
revés: vulneran los derechos del niño y del joven y emiten siempre más
publicidad de la permitida. No obstante, en efecto, aquí no hay cojones para no
renovarle la licencia a ninguna de estas cadenas, ni siquiera se han instituido
consejos audiovisuales con auténtico poder. Los propietario (Berlusconi,
Polanco, Lara, el BSCH, el BBVA…, todos con intereses en América Latina) afirman
que se está atacando la libertad de empresa cuando se les critica y el poder
-elegido por todos- se asusta, he ahí la diferencia entre la socialdemocracia y
un gobierno auténticamente alternativo y de izquierdas que, claro, debe pagar
las consecuencias de su osadía.
A principios de los años 90, el gobierno del PSOE
terminó con la autonomía de que gozaba el canal tres de la radio pública (RNE3),
con sus informativos alternativos, por ejemplo. Desmontó esa autonomía
periodística y volvió todo al oficialismo, de manera parecida a lo que hizo
Franco, el fundador de RNE. Acabamos de asistir en TVE a una censura vergonzosa
contra la persona de José María García en el programa de Jesús Quintero quien ha
reconocido que en su contrato se contemplaba algo parecido a la censura previa,
o sea, antes de emitir, tenía que mostrar a los “jefes” el contenido de sus
entrevistas.
En el terreno de la prensa, el diario El
Independiente, que tenía una línea crítica considerable, fue progresivamente
asfixiado hasta que tuvo que cerrar. A Diario 16 el ex ministro del
Interior, Corcuera, se la juró, entre otros motivos, porque Pedro J. Ramírez
–hoy director de El Mundo- entrevistó a la cúpula de ETA. Y cerró. Más
tarde, el juez Garzón clausuró el diario Egin y Radio Egin porque decía
tener pruebas de que formaban parte de ETA. De acuerdo entonces con que hay que
hacer algo pero no cerrar los medios. Deténgase al director, a los miembros del
consejo de administración, a quien sea sospechoso, pero no se clausuran los
medios en una democracia porque los periodistas de Egin no eran de ETA.
De acuerdo en que caiga todo el peso de la ley contra quien sepa que un medio
financia o es financiado por ETA pero es que el medio no se cerró por lo que
decía sino por quien había detrás. Entonces hay que cerrar los medios que
respaldan a Bush, a Aznar o a Blair porque estos señores han invadido Irak de
forma ilegal y han mandado a la muerte a miles de jóvenes.
El problema no es que Chávez sea un dictador o un tirano o un
asesino o un censor. El problema es que desea trazar su propio camino, tener su
derecho a equivocarse. El problema es que quiere aplicar el programa de gobierno
con el que ha ganado las elecciones y ya se sabe que la democracia está para
jugar al voto, no para actuar fuera de lo establecido por unos dictadores en la
sombra. A Hassan II o a su hijo se le permite todo en materia de atropellos en
prensa o en derechos humanos. A Chávez no se le pasa ni una. Es la diferencia de
estar en el bando de los buenos o en el de los malos.
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