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Mientras los medios de comunicación daban una y
otra vez la tabarra con los resultados electorales (ha ganado la abstención,
después el PP y detrás el PSOE) los rocieros volvían poco a poco a casa. Con
estruendo, eso sí, para que se note que regresan. Cuando se van también arman
jaleo, saben que son protagonistas y el comportamiento social es así, desde el
campo de fútbol hasta una romería. A nadie le gusta pasar desapercibido en esta
vida y menos en nuestros días, donde Superman, el hombre araña, Batman, Rafael
Nadal y demás pijos del tenis, la publicidad y el cine, no te permiten ser una
persona cualquiera que vaya de su corazón a sus asuntos, como decía Miguel
Hernández. Aquí hay que dar la nota, en este caso la nota rociera, y eso que
dice el Evangelio, orar sin estridencias, que tu mano izquierda no sepa lo que
hace la derecha, o al revés, eso aquí pierde su significado.
Como en todo acontecimiento, El Rocío tiene su
aspecto visible –el más superficial- y el invisible –el más relevante-. El
primero es el que destacan los medios de comunicación, para quienes los romeros
no son otra cosa que clientes de la publicidad que el hecho le va a regalar a
las empresas mediáticas. La gente sale en la tele, en los periódicos o en la
radio; escucha, ve o lee aquello que quiere escuchar, ver o leer; la publicidad
acude y paga y hasta el año que viene. Los medios no se suelen complicar la vida
con informaciones o reportajes de calado, tienen miedo a perder la clientela y
ahora mucho más, cuando todo –prensa, radio y TV- retrocede en audiencia.
Gracias a la Virgen del Rocío se ha hecho negocio, como se hace gracias a Fátima
o gracias a Lourdes, como ya se hizo hace siglos en la primera gran operación de
marketing turístico, en la Edad Media: el Camino de Santiago, que ahí sigue.
La Virgen del Rocío es definida como Lucero del
Alba, entre otras denominaciones: Reina de las Marismas, Blanca Paloma… ¿Por
qué Lucero del Alba? Porque debe salir con el primer rayo de sol del alba de
Pentecostés. ¿Sale así? No, eso era antes. ¿Por qué ahora no? Vaya usted a saber
pero la televisión, la radio, los medios de comunicación en general, tienen
mucho que ver en esto. Y el negocio, claro. Llegó un momento en que la salida de
la Virgen empezó a retransmitirse en tiempo real. Las cámaras allí, con sus ojos
fijos en la puerta de la ermita; los micrófonos también. ¿Cómo entonces se iba a
esperar tanto? ¿Cómo esperar al alba? No señor, la Virgen empezó a salir de
madrugada pero no al amanecer. Y la pobre iba y va de un lado a otro,
tambaleándose entre el gentío, el fervor de los fieles y el monopolio de los
almonteños, hasta que llega el mediodía en que retorna a su lugar; más rituales
y, por último, regreso del personal a sus lugares de origen. La Virgen pensaría
eso de “las visitas, gusto dan cuando se van”.
Desde que sale hasta que se recoge, transcurren
horas y horas de rezos, claro, pero de consumo también. Mientras antes salga a
la calle mejor para la vanidad de los mortales y mejor para sus bolsillos. La
gente reza pero necesita consumir, se cansa, se agota, y precisa beber, comer…
Eso es el negocio, entre otros, porque gracias a la Virgen la zona de Almonte y
de la aldea han crecido hasta límites insospechados, las nuevas edificaciones
son bien visibles, en el pueblo se nota que se mueve dinero… Es verdad, sin duda
la Virgen del Rocío ha hecho el milagro pero por estas cosas la gente no le
reza. ¿O sí?
Me imagino que todo lo anterior no le gustará que
haya ocurrido a los auténticos creyentes, a las personas sinceras de verdad que
crean y sientan El Rocío o el catolicismo en general porque el catolicismo es
una religión difícil de cumplir, no es esto en que lo han convertido unos y
otros, desde una misa hasta una comunión o una boda, pasando por El Rocío. Hasta
el Papa Juan Pablo II les dio una reprimenda a los rocieros por su
comportamiento, igual que hizo monseñor Moguer en otra ocasión, durante la misma
misa rociera. No sé monseñor pero el Papa poco tenía que reñir porque su postura
y el catolicismo se parecían como una salchicha a un capitel. Ahora, eso sí, es
el jefe y hace lo que cree conveniente.
La gente en El Rocío se hace dueña de la situación, no es el
cura quien manda, sino los almonteños; los curas se suben a hombros de quienes
pueden o en algún promontorio y desde allí tratan de darle algún sentido a
aquella explosión de paganismo. El lugar donde está la ermita es especial, los
amantes de lo esotérico dirían que mágico y energético. A la Virgen se la conoce
también como Lucero de Venus y los estudiosos dicen que en tiempos de Roma por
aquellos pagos existió un templo o especie de templo dedicado a la diosa Venus.
Nada es tan original como creemos, los egipcios tenían dioses que morían y
resucitaban al tercer día pero esto carece de relevancia para los medios de
comunicación –que van al negocio- y para los romeros que regresan tirando
cohetes y provocando atascos de tráfico. Para ellos la cosa, más que nada, es el
lucimiento y la evasión, revestido todo de fe. El año que viene, volverán a la
rutina y se acabó. Para qué complicarse la vida, total, vamos a vivir cuatro
días. Esto es de Séneca, aunque no esté recogido con toda fidelidad. Ya dicen
que cuentan los días para verla de nuevo. Me gustaría saber lo que opina de todo
esto la propia Virgen.
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