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 CONTRACORRIENTE

¡Qué políticos!

  RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

¿De dónde han salido estos políticos de ahora? Va ser verdad el aserto de Nietzsche: la política es una profesión para mediocres. Hace años que llevo observando la degradación intelectual de nuestros teóricos representantes (como otras degradaciones en el terreno del cine o la poesía, por ejemplo) pero la evidencia llegó hace unas semanas con la comparecencia de José María Aznar por el asunto de los bombazos del 11 de marzo y, después, con la de Pilar Manjón. En el país de los ciegos, el tuerto –Aznar- fue rey.

 

Desde luego lo que es a mí este personal no me representa en absoluto. Planta sí que tienen, se nota que los han aleccionado, más o menos, con algún principio de marketing institucional y alguna diputada hace gala de valentía –en plan JASP, como si estuviera actuando en Algunos hombres buenos- ante el macho que mandaba en el país hace poco (y que aún manda desde la sombra porque aquí siguen los dos de antes, Felipe y Aznar, entre bambalinas). Lo que sucede es que Hollywood rueda sus películas para que hagamos catarsis, es decir, para que en ellas ocurra todo lo contrario que en la vida. Lo del marketing no es aplicable a Llamazares, un hombre bien intencionado pero patético al que harían bien en darle puerta los de su partido (nunca mejor dicho porque cualquier parecido con un entero, en el caso de IU, es mera coincidencia, y no es un partido por cuestiones racionales sino porque no se sabe adónde va). ¿Qué dijo Llamazares el otro día en el Congreso que no hubiera suscrito el representante del PSOE? Nada. Pues, entonces, o sobra Llamazares o sobra IU.

 

En este caso sí que es cierto que cualquier tiempo pasado (reciente) fue mejor. Objetivamente hablando, los políticos que protagonizaron la Transición y legislaturas posteriores no tienen nada que ver con estos (como regla general, claro). La devaluación de las nuevas generaciones va pareja a la disminución de los enfoques interpretativos del mundo y a la implantación del homo videns y de la mera superficialidad. Los políticos españoles de hoy encajan muy bien con la sociedad baja en calorías en la que vivimos, la sociedad del mínimo esfuerzo y del culto al cuerpo, la sociedad del primo de Zumosol, del bífilus activo (que nadie sabe qué puñetas es pero suena bien o han hecho que nos suene a algo positivo), la sociedad de aprenda inglés en un mes o adelgace sin esfuerzo en quince días. Y es una pena porque por mucho postmodernismo que nos metan entre pecho y espalda hay una constante que no cambia nunca: si se desea lograr algo valioso y de progreso, hay que currárselo a tope.

 

Un Aznar aparentemente decaído, flaco y con canas en el bigote se sentó y aguantó toda la tormenta de chorradas que le largaron. Se divertiría. Este hombre daba penita cuando era el opositor a González (“váyase, señor González”, es lo que decía mejor, no era difícil, por otra parte). Durante los debates sobre el estado de la nación, cada uno, Felipe y Josemari, pronunciaban los discursos que les habían preparado. Pero en estos lances, lo mejor siempre viene después, en el cuerpo a cuerpo, y ahí sí que se veían las tablas de González y la inexperiencia de Aznar. Pero Josemari aprendió pronto y bien. Los que intentaban acorralarlo el otro día en el Congreso no tuvieron en cuenta que este hombre se curtió frente a Felipe mientras ellos jugaban al progrerío barato o se hacían pasar por políticos sin haber sudado bien la profesión. Y sin haberla sufrido lo bastante. Porque los políticos de nuestros días son los más dóciles de sus respectivos partidos. Así nos va. De Carrillo, Pasionaria, Areilza, Tierno, Morodo, Felipe, Guerra, Tamames, Suárez, Fraga (en su época de Atila), Gutiérrez Mellado, Anguita…, a estos pardillos, trepas y sabelotodo, a los que una mujer entera y sin intereses partidistas por medrar, Pilar Manjón, coloca en la evidencia de siempre: son capaces de traicionarse a sí mismos con tal de seguir con la farsa democrática.


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