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Es perfectamente coherente que el grupo Prisa, en
su afán de echarle una mano de imagen mediática al gobierno de Madrid y a la
Junta, despliegue una campaña a través de sus medios donde insista en la
cantidad de cosas buenas que se están proyectando para Cádiz, empezando por el
nuevo puente. Es coherente que las empresas de Polanco digan que el Día de
Andalucía pasado llegaba reforzado por la aprobación de un estatuto al que el
señor Chaves está ya poniendo en práctica; y es coherente que una periodista
afirme: hay una encuesta que otorga mayoría absoluta al PSOE en Andalucía, a
pesar de esas malas lenguas que le echan la culpa de la abstención. Pero es
incoherente que a esto se le llame periodismo: es, sencillamente, propaganda.
Las encuestas son ya como las tapas de los bares: “Marchando una de gambas al
ajillo”, “marchando una encuesta a gusto del PSOE y otra a pedir de boca del PP”.
No hay más pagarla a una empresa “de la cuerda”.
Es coherente que un gobierno que se llama a sí
mismo de izquierdas desee intervenir para que el cine español se promocione más
y llegue a más gente. Pero ser de izquierdas implica más que eso, implica crear
el ambiente para que la gente acepte más y mejor un cine alejado del
estadounidense, tan de posproducción y simple. Pero para eso hay que empezar por
restarles mucha importancia a los Oscar, por ejemplo, y a los progres del PSOE
se les abre el culito con los Oscar, con P, de Penélope, con Almodóvar. Con P
(de Penélope, de Polanco y de Pedrojota, que todos la promocionan) estamos como
los catetos que presumen por ir a la capital. Oh, que le van a dar el Oscar a P.
Oh, que casi se lo han dado. Oh, ya en el futuro tendrá más posibilidades porque
aún es joven. El año que viene o el otro ponemos en la mesa de la academia del
cine de USA (por lo bajini) más millones de dólares y tenemos oscar para P. ¿Qué
es un oscar? Uy, una barbaridad, el no va más del celuloide. Pues mientras
pensemos así, el cine español no despegará. Además: uno, a la gente le va la
marcha de las películas USA porque tiene que pensar menos y disfruta más:
llorando, riendo o asombrándose. Dos, si se apuesta por la mentalidad de la
economía de mercado –como el PSOE- eso es incompatible con el buen cine y no se
puede obligar a las televisiones privadas ni a emitir cine español ni a invertir
dinero en el mentado cine porque a las televisiones privadas les importa una
papa la formación del receptor o el patriotismo, lo que quieren es pasta. Todo
esto debería saberlo Carmen Calvo. Si no lo sabe que se quite de ministra aunque
ya comprendo que ser ministra es acercarse al oscar: como P que ahora ha fichado
por Woody Allen. Woody debe seguir yendo al psiquiatra, sin duda.
Es coherente que la Iglesia no quiera que imparta
clases de religión católica alguien que está divorciado, es decir, viviendo en
pecado, porque se predica con el ejemplo. El catolicismo es una religión y o se
toma o se deja. La inmensa mayoría de los españoles se declara católica pero no
lo es: es hipócrita. El catolicismo español es el de “creo en Dios pero no en
los curas”; “soy católico pero no voy a misa”. Yo, que soy ateo, me tomo más en
serio el catolicismo que los propios católicos y lo respeto mucho más. Cuando
voy a una boda no quiero estar más guapo que el novio y hace unos años me negué
a ser padrino de bautizo de una criatura. Esa criatura tuvo sus padrinos. La
madrina es atea, marxista, y se casó por lo civil tan sólo; el padrino pertenece
a la Iglesia de Unificación del Reverendo Moon, de Corea del Sur. Pero el cura
no se informó de nada, bendijo al niño, lo bautizó y se lo entregó al Diablo y
al enemigo. Seguro que lo educan mejor que muchos católicos. Yo me lo pasé pipa
en la ceremonia viendo toda aquella farsa. El niño tiene ya tres años, espero
vivir para contárselo todo cuando sea mayor. Nos reiremos, supongo. Pobre
Iglesia católica, con tal de inscribir “militantes” para cobrar más del erario
público lo permite todo.
Lo que es incoherente es que un gobierno progre (y
sus medios de comunicación) se escandalicen porque no dejen trabajar dando
clases de adoctrinamiento católico a una persona que no cumple los requisitos
morales que exige ese adoctrinamiento, y afirme que todo ello es
inconstitucional, cuando lo que es inconstitucional es permitir que se adoctrine
en catolicismo con dinero público porque él, el gobierno, no ha tenido agallas
aún de romper el Concordato que firmó Franco con el Vaticano. En cuanto a los
profesores castigados por el sanedrín eclesiástico, deben enterarse: no se puede
estar en misa y repicando. Si se es católico se debe apoyar y obedecer lo que
diga Su Santidad el Papa que es, nada más y nada menos, el representante de
Cristo en la Tierra.
Es coherente que el negocio de los trapitos y las
pasarelas mande a paseo a una modelo que ha estado embarazada porque se pide en
esos negocios la perfección y la caquexia más absoluta en lo corpóreo (y en lo
mental). Lo que no es coherente es que la modelo afectada empiece a hablar de
machismo, de represión machista porque la primera machista es ella que vende su
cuerpo y lo exhibe por dinero. Me he quedado antiguo sin duda pero me gusta aún
contar batallitas de mis tiempos, cuando las mujeres más progresistas e
inteligentes (que no las feministas ni progres conversas de hoy) sostenían que
las pasarelas eran pura utilización de la mujer para el negocio. Todo eso ahora
se quiere maquillar y disfrazar con la expresión “industria de la moda” y
uniendo al hombre y a la mujer, pero ya sabemos que ese negocio no tiene nada
que ver con la dignidad de la mujer, que hay modelos que además son chicas de
compañía, que después todo está conectado con el mundo fraudulento y sucio de
las mises, que la moda es una estupidez como una casa, un símbolo de ostentación
e incluso una fuente de conflictos entre los adolescentes y los jóvenes. Pero
los informativos audiovisuales un día sí y otro también nos muestran las
pasarelas, con esas y esos jóvenes de miradas desafiantes, de chicas y chicos
duros, cuando tienen el culo cagado y ni siquiera son válidos en continentes por
aquello de ser “un armazón de huesos y pellejo”, como escribió Bécquer. Nos lo
ofrecen como información cuando no es más que publicidad encubierta.
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