
Acabo de regresar de La Habana donde he estado
interviniendo en varios foros académicos. En uno de ellos, entre otros, se
trató el tema del periodismo y del periodista digital. El avance de las nuevas
tecnologías ha traído consigo que se aplique a esta profesión un adjetivo
tecnológico y hay que tener cuidado con eso. Sin duda, el periodismo digital
es el futuro. En 1994, en mi libro La mente global, dejé apuntado que las dos
tendencias del periodismo serían el instantaneísmo de la prensa gratuita,
“popular” y audiovisual, y el periodismo de interpretación y análisis que se
hallaría en la prensa de referencia, sea ésta diaria en papel, digital o en
forma de revista de pensamiento. La sociedad en red, no sólo está aumentando
las distancias entre ricos y pobres sino entre ilustrados y no ilustrados. Por
mucho que hablen de la necesidad de poseer Internet y de que los nuevos
analfabetos son quienes no entienden nada o poco de ordenadores, lo cierto es
que, por ahora, el planeta cuenta unos 6.400 millones de habitantes y de ellos
unos 1.000 millones son internautas que se localizan, sobre todo, en el mundo
desarrollado. Es conocidísima la observación de Manuel Castells: en Manhattan
hay más líneas telefónicas en que en toda África. Y Manhattan no es todo Nueva
York, es sólo su “barrio” más representativo.
¿Qué hacen los 1.000 millones de internautas
que, ante todo, se localizan en Occidente? ¿Utilizar la red para formarse?
¿Aplicar a la red una metodología que amplíe sus horizontes cognitivos? No,
sobre todo, “jugar”, ir de una web a otra sin apenas orden ni concierto,
chatear a ver si cae el ligue o el príncipe azul, buscar servicios… En el
fondo, nada nuevo. A esto se le conoce (por IBM o Microsoft, por ejemplo) como
Sociedad del Conocimiento, una gran falacia porque conocimiento se confunde
con información, con acceso a datos, y se olvida que conocimiento es la
interpretación de lo que acontece, poner en orden las miles de piezas del
rompecabezas que hoy nos ofrece el mundo. Cuando miles de personas chatean no
están buscando conocimiento sino tratando de huir de la soledad, de la
incomunicación en que las ha sumido la Sociedad de la Comunicación. La falacia
esa de la Sociedad del Conocimiento la definen sus promotores como la
capacidad social de intercambiar millones de datos en poco tiempo gracias a la
red. ¿Y qué? ¿Eso eleva el conocimiento? En absoluto. En la Historia, se han
ido perfeccionando –muchísimo- los “cacharros” y muchísimo menos el
conocimiento. Por eso hoy hablamos de analfabetos funcionales, de esos
millones de personas del primer mundo incapaces de saber por dónde anda la
especie a la que pertenecen.
Lo
digital y la red son dos diamantes en bruto pero nada más. Cuando se inventó
el telégrafo y el teléfono también se hacían operaciones de intercambio de
datos a grandes velocidades. Internet no es más que la perfección de aquellos
inventos gracias al final de la Guerra Fría. Las nuevas tecnologías no son
garantía de nada porque antes que ellas está el proceso de aprendizaje. En
periodismo, el llamado periodista digital es un profesional que debe ocupar él
solo varios puestos de trabajo: periodista, redactor, montador, maquetador,
editor, corrector… Pero debo recordar que esto no es un periodista
exactamente. No hay más remedio que adaptarse a los tiempos pero tiene que
quedar bien claro que un periodista es una persona que busca temas en la
calle, por donde sea, temas originales, los contrasta con varias fuentes, los
elabora tras asimilar sus significados y finalmente los publica. Temas
valientes y transgresores, caiga quien caiga. Los cacharros están ahí para
facilitarle la labor no para que se olvide de ella. Y eso que hacen las
empresas mediáticas de largarle al mismo periodista el trabajo en un
periódico, radio y TV, todo de la propia empresa, es sencillamente
explotación, que hoy se conoce como sinergias periodísticas. Lo malo de todo
esto es que el periodista se cree que es lo normal. De seguir así nos hallamos
ante el comienzo del fin del periodismo, tal y como ha dejado escrito el
profesor de la Universidad Complutense, José Luis Martínez Albertos.
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