Número 0 - Año I

 

              

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 CONTRACORRIENTE

El periodista digital

  RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

Acabo de regresar de La Habana donde he estado interviniendo en varios foros académicos. En uno de ellos, entre otros, se trató el tema del periodismo y del periodista digital. El avance de las nuevas tecnologías ha traído consigo que se aplique a esta profesión un adjetivo tecnológico y hay que tener cuidado con eso. Sin duda, el periodismo digital es el futuro. En 1994, en mi libro La mente global, dejé apuntado que las dos tendencias del periodismo serían el instantaneísmo de la prensa gratuita, “popular” y audiovisual, y el periodismo de interpretación y análisis que se hallaría en la prensa de referencia, sea ésta diaria en papel, digital o en forma de revista de pensamiento. La sociedad en red, no sólo está aumentando las distancias entre ricos y pobres sino entre ilustrados y no ilustrados. Por mucho que hablen de la necesidad de poseer Internet y de que los nuevos analfabetos son quienes no entienden nada o poco de ordenadores, lo cierto es que, por ahora, el planeta cuenta unos 6.400 millones de habitantes y de ellos unos 1.000 millones son internautas que se localizan, sobre todo, en el mundo desarrollado. Es conocidísima la observación de Manuel Castells: en Manhattan hay más líneas telefónicas en que en toda África. Y Manhattan no es todo Nueva York, es sólo su “barrio” más representativo.

 

¿Qué hacen los 1.000 millones de internautas que, ante todo, se localizan en Occidente? ¿Utilizar la red para formarse? ¿Aplicar a la red una metodología que amplíe sus horizontes cognitivos? No, sobre todo, “jugar”, ir de una web a otra sin apenas orden ni concierto, chatear a ver si cae el ligue o el príncipe azul, buscar servicios… En el fondo, nada nuevo. A esto se le conoce (por IBM o Microsoft, por ejemplo) como Sociedad del Conocimiento, una gran falacia porque conocimiento se confunde con información, con acceso a datos, y se olvida que conocimiento es la interpretación de lo que acontece, poner en orden las miles de piezas del rompecabezas que hoy nos ofrece el mundo. Cuando miles de personas chatean no están buscando conocimiento sino tratando de huir de la soledad, de la incomunicación en que las ha sumido la Sociedad de la Comunicación. La falacia esa de la Sociedad del Conocimiento la definen sus promotores como la capacidad social de intercambiar millones de datos en poco tiempo gracias a la red. ¿Y qué? ¿Eso eleva el conocimiento? En absoluto. En la Historia, se han ido perfeccionando –muchísimo- los “cacharros” y muchísimo menos el conocimiento. Por eso hoy hablamos de analfabetos funcionales, de esos millones de personas del primer mundo incapaces de saber por dónde anda la especie a la que pertenecen.

 

Lo digital y la red son dos diamantes en bruto pero nada más. Cuando se inventó el telégrafo y el teléfono también se hacían operaciones de intercambio de datos a grandes velocidades. Internet no es más que la perfección de aquellos inventos gracias al final de la Guerra Fría. Las nuevas tecnologías no son garantía de nada porque antes que ellas está el proceso de aprendizaje. En periodismo, el llamado periodista digital es un profesional que debe ocupar él solo varios puestos de trabajo: periodista, redactor, montador, maquetador, editor, corrector… Pero debo recordar que esto no es un periodista exactamente. No hay más remedio que adaptarse a los tiempos pero tiene que quedar bien claro que un periodista es una persona que busca temas en la calle, por donde sea, temas originales, los contrasta con varias fuentes, los elabora tras asimilar sus significados y finalmente los publica. Temas valientes y transgresores, caiga quien caiga. Los cacharros están ahí para facilitarle la labor no para que se olvide de ella. Y eso que hacen las empresas mediáticas de largarle al mismo periodista el trabajo en un periódico, radio y TV, todo de la propia empresa, es sencillamente explotación, que hoy se conoce como sinergias periodísticas. Lo malo de todo esto es que el periodista se cree que es lo normal. De seguir así nos hallamos ante el comienzo del fin del periodismo, tal y como ha dejado escrito el profesor de la Universidad Complutense, José Luis Martínez Albertos.


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