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 CONTRACORRIENTE

Entregados al poder

 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

Recibo la revista oficial de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), como miembro que soy, aunque mi ejercicio profesional esté ahora en la Universidad. Se trata de una publicación descafeinada, si bien sus Cuadernos monográficos tienen un peso riguroso relevante. Pero la revista, Periodistas, de FAPE, es un desfile de oficialismos donde se nota que, al igual que a los políticos, hay demasiados periodistas a los que les gusta salir en la foto, chupar cámara, ser noticia, que es lo que se dice que nunca somos los periodistas, hasta ahora, hasta esta época donde la vanidad y la fanfarria han llegado a todas las esferas de la sociedad. Habrá sus excepciones pero lo que suelo ver es a presidentes de asociaciones de la prensa de un lugar u otro vendiendo sus logros y sus productos. Pero vendiéndolos casi siempre con el apoyo de poderes de todo tipo. Lo que suelo observar es una lucha PP-PSOE en las altas esferas del periodismo asociativo, con el agravante de que esa pugna la protagonizan periodistas en activo.

 

En Cádiz nunca se logró que existiera una sola asociación. Hay tres y la de Cádiz ciudad tiene fama de poderío. A su presidente lo encuentro en todos los círculos de poder socialistas, más que  nada. ¿Quién se resiste en Andalucía al PSOE? Hasta el decano de mi facultad (la Facultad de Comunicación de Sevilla), que presume ser de IU, concedió en el año 2006 los premios del centro a programas de Canal Sur Radio y Canal Sur TV, y allá que se nos llenó la facultad de políticos y de periodistas-políticos del PSOE. No es tonto mi decano, desde luego, sabe a quién arrimarse y tiene buena retórica. La capacidad de persuasión de este tipo de personas o personalidades no tiene límites y su condición de engañabobos tampoco. Siguen fielmente la filosofía liberal de Adam Smith: trabajar para uno y, como eso se hace siempre bien, de ello se beneficiará la sociedad.

 

En la revista de la FAPE asoman las fotos estilo juegos florales, los responsables de asociaciones de acá y allá fotografiándose con los logotipos de diversas empresas de fondo, recibiendo patrocinios de unos y otros, convenios de supuesta utilidad que en realidad sólo sirven de promoción de quienes los suscriben. Diputaciones, El Corte Inglés, ayuntamientos, la Junta de Andalucía (Gaspar Zarrías, claro) y un largo etc. El periodismo, entregado a los distintos poderes porque, claro, el periodismo de verdad agoniza, no suele tocar resortes sustanciales del poder y menos del socioeconómico; ni siquiera suele bajar a los innumerables problemas cotidianos de abusos de los más poderosos contra los menos. Si lo hacen tendrían que empezar por contarnos lo que pasa a diario dentro de los propios medios, cómo trabajan los periodistas que se supone que nos informan y nos forman. Un lector me ha enviado un caso de despido de una trabajadora de UGT, perseguida por un miembro del PSOE. Ya hablaré de ello. De esto hay ejemplos todos los días, pero la prensa ni mú, hoy por ti, mañana por mí: la ley del silencio, sólo que aquí no está el joven Marlon Brando para romperla. Y quien lo intenta puede toparse con una estructura –grande o pequeña- que recuerda a la familia Corleone. El periodismo lo que hace, sobre todo, es montar pitotes con políticos de acá o de allá según la orientación del medio de comunicación, pro-PP o pro-PSOE, no hay tonos grises, no hay hechos, los hechos se acomodan a los intereses que hay detrás –o se fabrican incluso- pero siempre dejando a las estructuras hegemónicas a salvo, con las debidas excepciones cuando el tema es tan escandaloso que no se puede ocultar por más tiempo. El periodismo obedece a lo que llamé en su momento “teoría del huevo”: se puede elegir entre huevo frito, huevo pasado por agua o huevo duro, pero siempre sobre la misma base: el huevo. Otro mundo no es posible porque es anacrónico y utópico y además no vende. Lo malo es que éste del huevo está dejando de vender y los periódicos logran beneficios no por su periodismo sino por su no periodismo, es decir, por las promociones y regalos. La Razón vende sartenes y hace tiempo regalaba un croissant. En esas sartenes se fríe el periodismo con el aceite hirviendo de la intromisión de los poderes en la profesión y con la conversión de algunos periodistas de arriba al partidismo, que no a la política, algo muy respetable. El Mundo regala papelitos con la cara de Franco y El País se apunta a los equipos de música y a las películas. El otro día, por cierto, La ley del silencio. Seguimos esperando que llegue el periodismo que no necesite reclamos.

 

En la Asociación de la Prensa de Sevilla nos hemos llevado casi dos años en crisis, sin junta directiva. Dos grupos se acusaban mutuamente, incluso de pucherazos electorales. Al final no pasó nada, pactaron entre ellos, intervino el PSOE porque en ambos grupos había miembros del o cercanos al PSOE. Ya pensábamos que nuestra mala imagen le podía preocupar a nuestros patrocinadores pero lo que yo me pregunto es por qué los periodistas tenemos patrocinadores. Cada año entregamos premios también, como en mi facultad, y se los entregamos a entidades influyentes. ¿A cambio de qué? Por muy objetivo y riguroso que quieras ser después, ese apoyo que te presta el poder está ahí, las ayudas que te puedan aportar los premiados están ahí, pesando como una losa, una losa ajena al periodismo pero que gusta a periodistas que se sienten seducidos por el poder y las fotos. Como profesor debo decir esto en clase y en esta tribuna, igual que les digo a mis alumnos que si desean llegar lejos se arrimen al trío PP-PSOE-Opus y, siendo buenos, jamás se quedarán en paro aunque tengan que pagar un precio: la dignidad, si bien eso hoy ya no importa, es un concepto en desuso.

 

Los periodistas anuncian yogures o bancos en la televisión, los periodistas reciben regalos en Navidad de unos centros de poder y otros, los periodistas se apegan a los logotipos de las empresas privadas y públicas en sus actividades asociativas, los periodistas trabajan en el interior de empresas que dependen no del periodismo sino del no periodismo, los periodistas estamos desarrollando una profesión que no sabemos ya exactamente qué es ni en qué consiste, donde los mismos temas se repiten una y otra vez, la mayoría de ellos de poco o medio interés. Cualquier poder de verdad, del grande, debe estar contento y a gusto; debe sentirse a salvo en su esencialidad porque sólo el periodismo marginal y minoritario lo intenta preocupar de verdad. Pero el periodismo al que la gente en su mayoría accede a diario es algo insípido que nada y guarda la ropa, que calla más que dice y que se distrae con batallitas políticas de medio pelo mientras el poder más profundo sigue actuando, bastante tranquilo y carcajeándose de nosotros.


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