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 CONTRACORRIENTE

Navidades, etcétera

 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

En la radio española apenas suenan villancicos en Navidad. La radio en España se ha ido convirtiendo en un vulgar soporte comercial. Ya dijo Hearst que las noticia son esos textos que en los periódicos van entre los anuncios. Pues en la radio comercial española, los programas son esos espacios que van repletos de cuñas publicitarias que lo patrocinan todo, incluso parte de los informativos. Luego nos dicen que son independientes gracias a la publicidad cuando lo que son es pluridependientes: de la publicidad, de los accionistas, de los políticos… Una vez le escuché decir a Román Gubern, uno de los grandes expertos en comunicación audiovisual, que acababa de llegar de Brasil y que, observando una película en la televisión, no sabía ya si estaba viendo una película interrumpida por anuncios o unos anuncios interrumpidos por una película. La poca vergüenza y la amoralidad de estos mercaderes del mensaje barato y malo que son los empresarios audiovisuales, no tiene límites. Y además cuentan con la complicidad de la Unión Europea porque, por ejemplo, que le metan a usted un faldón (transparencia en el argot profesional) de publicidad cuando está viendo un partido de fútbol no es ilegal, a pesar de que no hay separación entre información (en este caso deportiva), programación y publicidad. Si alguien quiere regular esto se le echan encima los mercaderes porque dicen que eso es meterse con la libertad de empresa y hasta de expresión.

 

En España no hay rentabilidad para las cadenas de radio que existían antes de nacer Punto Radio, de manera que ahora, menos. Onda Cero (de Planeta), COPE (de la Iglesia, de las cajas de ahorros de la Iglesia y de la ONCE), SER (de Polanco) y Punto Radio (de Vocento) son incompatibles comercialmente, pero ahí están. ¿Cómo? A base de venderse al mejor postor, de pagar sueldos miserables a la gente joven (si es que los pagan) y de hacer programas de cacafú, por regla general. Y eso que Radio Nacional no ha querido meter publicidad (a Dios gracias).

 

Si alguna multinacional pagara para que se emitieran villancicos, se emitirían. Pero lo que se emite es música gringa y, además, mala, patrocinada por las dos o tres multinacionales del disco (BGM-Sony y EMI-Warner, sobre todo). El joven crece con una formación musical escasa. Todas las emisoras de radio han bajado en audiencia, todas, y los periódicos de papel siguen bajando y la audiencia de televisión retrocede levemente. Desde hace tiempo la gente le está diciendo a estos mercachifles que pasa de ellos pero que carga con ellos porque no puede hacer otra cosa (o no quiere y se apunta a lo menos malo). El personal se va a Internet donde puede hacer lo que le venga en gana en cuestiones de juegos y contactos diversos porque eso es lo que se hace, no nos vayamos a creer que la Red se usa para la formación, eso es para una exigua minoría de la exigua minoría que utiliza Internet en el planeta (unos mil millones de habitantes sobre los seis mil doscientos o seis mil quinientos que viven o sobreviven bajo la misma atmósfera, jodida, por cierto).

 

La ausencia de villancicos es un síntoma de hasta dónde está llegando la mercantilización de la sociedad. No soy creyente pero me gusta cambiar y que al menos me libren en Navidad del Tío Sam de los cojones. Me gusta el Nacimiento al lado del árbol de Navidad y de Papá Noel, nada es incompatible, todas las religiones son parecidas, hermosos cuentecitos para sobrellevar el peso de existir. Mi época del año preferida es la Navidad, yo no creo en eso del consumismo atroz que dicen los progres de medio pelo, la gente no consume tanto como se cree y con tan poca sesera, la gente se gradúa, no digo que sea impermeable al mensaje publicitario, claro que no, pero no es totalmente permeable a él, eso quisieran los publicistas. Los expertos en opinión pública, los manipuladores en general, saben que no las tienen todas consigo cuando lanzan un producto cualquiera, desde un detergente hasta un candidato. En Navidad quien desee sustraerse a la vorágine, se sustrae o la controla, pero eso de pasear entre luces, cánticos, músicas, distracciones varias, es muy estimulante, eso de recordar a los que no están es una nostalgia bonita si hacemos caso al proverbio oriental según el cual nadie muere si se le sigue recordando.

 

Claro que en Navidad ya están actuando los meapilas de la Semana Santa, esos que sin que haya nacido el Niño ya lo están matando con sus programas de radio. Antonio Machado afirmó aquello de que prefería al Jesús que anduvo en la mar antes que al que estaba colgado del madero, es decir, al Jesús triunfante y revolucionario, de manera parecida a lo que escribió León Felipe sobre el Nazareno: “viniste a encender las hogueras, no a apagarlas”, algo que no hacía sino recoger la idea del Evangelio. Pues nada, a estos de los programitas de Semana Santa les gusta la muerte, el Niño muerto, al que pasean por ahí. Son la viva representación de la Andalucía que, por suerte, muere con ellos, año a año, porque las nuevas generaciones universitarias suelen ver de otra manera la Semana Santa, la ven como un pretexto para divertirse o para el recogimiento pero no para el lucimiento y las relaciones sociales a costa del erario de la Hermandad. Ya sé que hacen obras de Caridad a lo largo del año pero a mí la Caridad nunca me ha interesado, prefiero la Justicia, igual que prefiero la alegría de un villancico a sus marchas fúnebres por muy profundas que sean.

 

En Semana Santa me hartarán de marchas fúnebres en la radio pero ahora no me hartan de villancicos. Estamos otra vez con lo mismo: los programas de Semana Santa atraen publicidad y audiencia, pero poner villancicos sería un servicio público gratuito y aquí no hay nada gratuito, además de que no queda moderno y ahora gobiernan (aunque no manden) unos progres ignorantes a los que les ha tocado el carnet de progresista en una tómbola y piensan que los villancicos son “casposos”. Pero no dudan en venderse a la muerte en Semana Santa en cuanto se lo dicen sus patrones.


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