|

A estas alturas del siglo XXI persiste un tema
propio del siglo XVIII o del XIX: los nacionalismos españoles. En otros países
occidentales este asunto se solventó hace tiempo. Inglaterra hizo su revolución
cronwelliana en el siglo XVII y llevó el nacionalismo anglosajón a lo más alto.
Primero le cortó la cabeza a su rey y con esa cabeza se fue todo el antiguo
régimen. Luego restauró rey y cabeza pero ni la nueva cabeza debía pensar como
la anterior ni esa realeza era la misma de antes; se trataba de un símbolo, un
imaginario, una bandera del colonialismo y el racismo descarado que Inglaterra
desarrolló en los siglos XVIII, XIX y parte del XX, hasta que le cedió el
testigo a su hijo hortera y rico, los EEUU. Un testigo cedido a la fuerza, como
casi siempre; también los EEUU lucharon por su nacionalismo: el Norte
industrializado y con aires ilustrados contra el Sur, mentalmente estancado y
prepotente, con estilo chulesco y caballeresco. Mordió el polvo el Sur, claro,
pero se produjo una síntesis en las altas esferas, sobre todo, porque abajo,
siguen, por ejemplo, esos sudistas miedosos que rechazan aún la enseñanza del
darwinismo.
Inglaterra colocó a su realeza incluso como objeto
turístico y de mofa mediática y con eso la consolidó, en lugar de destruirla
para siempre –supongo- como hizo Francia en el XVIII o Italia en el XIX. Quiero
decir que poco a poco el nacionalismo llamado burgués se fue abriendo paso en
Estados Unidos y en Europa Occidental, menos en algunos focos muy determinados:
Irlanda del Norte, en la que Inglaterra entró a saco, como en tantas partes. Y
España. El siglo XIX español está lleno de intentos de la que conocemos como
burguesía progresista por arreglar la cuestión nacionalista y de golpes de
Estado que nos devolvían a lo anterior una y otra vez. España se cargó con las
cadenas del miedo al futuro. Los asesores de Felipe II y Carlos I les decían a
sus majestades que nuestro futuro no estaba en vaciar nuestras arcas y nuestras
vidas luchando contra el nacionalismo de los Países Bajos (cuya prensa creó la
“leyenda negra”) sino en mirar hacia los países de ultramar, desarrollarlos,
servirnos de sus riquezas pero de otra manera. Ni caso, ahí seguimos. En
Bruselas no hay quien quite de sus paredes los textos históricos, grabados en
metal y en piedra, contra la casa de Alba, que ahora vive del cuento, como ha
hecho casi siempre. La síntesis nobleza-burguesía que se hizo en Inglaterra,
Italia o Francia, en España fue mucho más lenta. Castilla miraba para un lado,
Cataluña para otro y el País Vasco para otro. Y de aquellos polvos nos han
llegado estos lodos.
La burguesía española no ha estado a la altura de
las circunstancias porque ha sido “la España de charanga y pandereta, cerrado y
sacristía” que desesperaba a los intelectuales del 98. Al final, la España que
se ha quedado en América Latina ha sido ésta y entre tal influencia y la gringa
así le ha lucido el pelo a aquella zona del planeta. Ahora parece que despierta
algo con Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros movimientos, pero una cosa
debe tener clara América Latina: hasta que no se sacuda esta España que se fue
pero se quedó no saldrá adelante porque en España aún no nos la hemos sacudido
totalmente y por eso no hemos resuelto lo de los nacionalismos, sobre todo el
vasco porque el catalán es de boquilla, a fin de cuentas. ¿Por qué es de
boquilla? Ahí tienen los resultados de las pasadas elecciones. ¿No hablan tanto
de autodeterminación? Pues hay que echarle dos cojones, en lugar de medrar
tanto: una alianza entre CiU y Ezquerra Republicana, declaración de
autodeterminación, proclama a los tribunales internacionales, como han hecho
pueblos del antiguo bloque soviético, y adelante. Lo demás son pamplinas
políticas para jugar a enfrentarse con Madrid y “España”: el tripartito. Y es
que una cosa es vociferar y otra enfrentarse a una papeleta en la que diga que
vas a separarte del resto de una realidad histórica, estatal, geográfica y
geoestratégica. Y meterla dentro de la urna. En Canadá, Québec se ha rajado
después de tanto reivindicar independencia, cuando llega el referéndum, aparece
en “canguelo”.
Como la burguesía sigue siendo una verdadera caca
en España, ahí que están los nuevos ricos, los socialdemócratas del PSOE,
intentando arreglar lo que en realidad no es cosa de ellos: el problema vasco.
El PP sigue estancado en “Santiago y cierra España”. Ve balcanización por todas
partes, cree que al terrorista hay que eliminarlo con la Policía, pero eso ya se
está intentando desde 1969 y nada esencial porque el problema vasco es un
problema de verdad, no Al Capone y su banda. Ninguna banda tiene seiscientos
presos, ninguna banda tiene complementos (más o menos críticos) en la
Universidad, en la Iglesia, en los movimientos ciudadanos, en las industrias
culturales, en el mundo mediático, entre los jóvenes… Cuando sucede esto ya no
se llama banda, se llama problema social, asunto social. Y en vista de que a
garrotazo no se puede con él, el señor Zapatero ha decidido escuchar, a ver qué
pasa. No tiene nada que perder y mucho que ganar: la paz. Porque, salvo a
algunas familias de las víctimas del terrorismo, que tienen el lógico dolor y
deseos de venganza y justicia, a nadie le gusta ir a comprar a Hipercor y que lo
vuelen por los aires o que la metralla le arranque una pierda, ni que él o sus
hijos pasen casualmente por un lugar y un coche salte por los aires y se los
lleve por delante.
Así que habrá que esperar: la razón de Estado contra otro enfoque
de la realidad, bien distinta, llámenla como quieran, pero no simplifiquen, por
favor, que las cosas no son tan sencillas como dicen algunos predicadores de la
radio u otros incautos. Mientras, estamos asistiendo a esa bochornosa
utilización de las víctimas de ETA por unos y otros, no me extraña la
indignación de sus familiares y amigos. Pero es que, por desgracia, unos cientos
de muertos (incluso miles) no son nada en el devenir de la Historia, cuando la
política está por medio. Aún nos preguntamos para qué tanta muerte y tanto
horror en nuestra Guerra Civil si al final todos hemos terminado alienados ante
un gol de chilena de Rodaldinho.
ARTÍCULOS ANTERIORES
|