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 CONTRACORRIENTE

Nacionalismos y vascos

 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

A estas alturas del siglo XXI persiste un tema propio del siglo XVIII o del XIX: los nacionalismos españoles. En otros países occidentales este asunto se solventó hace tiempo. Inglaterra hizo su revolución cronwelliana en el siglo XVII y llevó el nacionalismo anglosajón a lo más alto. Primero le cortó la cabeza a su rey y con esa cabeza se fue todo el antiguo régimen. Luego restauró rey y cabeza pero ni la nueva cabeza debía pensar como la anterior ni esa realeza era la misma de antes; se trataba de un símbolo, un imaginario, una bandera del colonialismo y el racismo descarado que Inglaterra desarrolló en los siglos XVIII, XIX y parte del XX, hasta que le cedió el testigo a su hijo hortera y rico, los EEUU. Un testigo cedido a la fuerza, como casi siempre; también los EEUU lucharon por su nacionalismo: el Norte industrializado y con aires ilustrados contra el Sur, mentalmente estancado y prepotente, con estilo chulesco y caballeresco. Mordió el polvo el Sur, claro, pero se produjo una síntesis en las altas esferas, sobre todo, porque abajo, siguen, por ejemplo, esos sudistas miedosos que rechazan aún la enseñanza del darwinismo.

 

Inglaterra colocó a su realeza incluso como objeto turístico y de mofa mediática y con eso la consolidó, en lugar de destruirla para siempre –supongo- como hizo Francia en el XVIII o Italia en el XIX. Quiero decir que poco a poco el nacionalismo llamado burgués se fue abriendo paso en Estados Unidos y en Europa Occidental, menos en algunos focos muy determinados: Irlanda del Norte, en la que Inglaterra entró a saco, como en tantas partes. Y España. El siglo XIX español está lleno de intentos de la que conocemos como burguesía progresista por arreglar la cuestión nacionalista y de golpes de Estado que nos devolvían a lo anterior una y otra vez. España se cargó con las cadenas del miedo al futuro. Los asesores de Felipe II y Carlos I les decían a sus majestades que nuestro futuro no estaba en vaciar nuestras arcas y nuestras vidas luchando contra el nacionalismo de los Países Bajos (cuya prensa creó la “leyenda negra”) sino en mirar hacia los países de ultramar, desarrollarlos, servirnos de sus riquezas pero de otra manera. Ni caso, ahí seguimos. En Bruselas no hay quien quite de sus paredes los textos históricos, grabados en metal y en piedra, contra la casa de Alba, que ahora vive del cuento, como ha hecho casi siempre. La síntesis nobleza-burguesía que se hizo en Inglaterra, Italia o Francia, en España fue mucho más lenta. Castilla miraba para un lado, Cataluña para otro y el País Vasco para otro. Y de aquellos polvos nos han llegado estos lodos.

 

La burguesía española no ha estado a la altura de las circunstancias porque ha sido “la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía” que desesperaba a los intelectuales del 98. Al final, la España que se ha quedado en América Latina ha sido ésta y entre tal influencia y la gringa así le ha lucido el pelo a aquella zona del planeta. Ahora parece que despierta algo con Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros movimientos, pero una cosa debe tener clara América Latina: hasta que no se sacuda esta España que se fue pero se quedó no saldrá adelante porque en España aún no nos la hemos sacudido totalmente y por eso no hemos resuelto lo de los nacionalismos, sobre todo el vasco porque el catalán es de boquilla, a fin de cuentas. ¿Por qué es de boquilla? Ahí tienen los resultados de las pasadas elecciones. ¿No hablan tanto de autodeterminación? Pues hay que echarle dos cojones, en lugar de medrar tanto: una alianza entre CiU y Ezquerra Republicana, declaración de autodeterminación, proclama a los tribunales internacionales, como han hecho pueblos del antiguo bloque soviético, y adelante. Lo demás son pamplinas políticas para jugar a enfrentarse con Madrid y “España”: el tripartito. Y es que una cosa es vociferar y otra enfrentarse a una papeleta en la que diga que vas a separarte del resto de una realidad histórica, estatal, geográfica y geoestratégica. Y meterla dentro de la urna. En Canadá, Québec se ha rajado después de tanto reivindicar independencia, cuando llega el referéndum, aparece en “canguelo”.

 

Como la burguesía sigue siendo una verdadera caca en España, ahí que están los nuevos ricos, los socialdemócratas del PSOE, intentando arreglar lo que en realidad no es cosa de ellos: el problema vasco. El PP sigue estancado en “Santiago y cierra España”. Ve balcanización por todas partes, cree que al terrorista hay que eliminarlo con la Policía, pero eso ya se está intentando desde 1969 y nada esencial porque el problema vasco es un problema de verdad, no Al Capone y su banda. Ninguna banda tiene seiscientos presos, ninguna banda tiene complementos (más o menos críticos) en la Universidad, en la Iglesia, en los movimientos ciudadanos, en las industrias culturales, en el mundo mediático, entre los jóvenes… Cuando sucede esto ya no se llama banda, se llama problema social, asunto social. Y en vista de que a garrotazo no se puede con él, el señor Zapatero ha decidido escuchar, a ver qué pasa. No tiene nada que perder y mucho que ganar: la paz. Porque, salvo a algunas familias de las víctimas del terrorismo, que tienen el lógico dolor y deseos de venganza y justicia, a nadie le gusta ir a comprar a Hipercor y que lo vuelen por los aires o que la metralla le arranque una pierda, ni que él o sus hijos pasen casualmente por un lugar y un coche salte por los aires y se los lleve por delante.

 

Así que habrá que esperar: la razón de Estado contra otro enfoque de la realidad, bien distinta, llámenla como quieran, pero no simplifiquen, por favor, que las cosas no son tan sencillas como dicen algunos predicadores de la radio u otros incautos. Mientras, estamos asistiendo a esa bochornosa utilización de las víctimas de ETA por unos y otros, no me extraña la indignación de sus familiares y amigos. Pero es que, por desgracia, unos cientos de muertos (incluso miles) no son nada en el devenir de la Historia, cuando la política está por medio. Aún nos preguntamos para qué tanta muerte y tanto horror en nuestra Guerra Civil si al final todos hemos terminado alienados ante un gol de chilena de Rodaldinho.


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