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 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

Antonio Banderas hace propaganda de su nueva película. A Antonio Gamoneda le dan el Cervantes y a Felipe Calderón casi lo botan a leches antes de colocarse la banda presidencial. El Parlamento español ha aprobado nuevas leyes “progresistas” para los emigrantes y para los minusválidos. Lo dicen los informativos. Sin embargo, todo son anécdotas, mucho ruido y pocas nueces. En los mismos informativos me dicen que en Tenerife van a agrandar el puerto aunque sea un atentado medioambiental. Pero Europa da permiso y le pasa la patata caliente a España que no sale al paso del asesinato ni dice nada (su Parlamento). Lo mismo de siempre: mucha importancia a las cosas menores y poca las que pueden hipotecar el futuro de otra gente, mucho asunto para la galería y poca carga de profundidad. El Parlamento, Las Cortes, no aprueban leyes ni le paran los pies a los que desean destrozar el medio ambiente. Cristina Carbona no es más que una ambiciosa mujer que se ha visto de ministra Vogue y bien que lo siento porque cuando la conocí era más sencilla y más competente. Ahora se la ha comido la erótica del poder. Es increíble cómo se puede tener la cara de seguir al frente de un ministerio de medio ambiente con las cosas que han ocurrido en España en los dos últimos años. La erótica del poder. ¿Qué va a hacer esta mujer si deja de ser ministra por dimisión? ¿Volver a dar clases de economía en la Universidad de Sevilla? No ¡Pero si ya se le ha pasado el carro académico, carece de méritos! Eso es poco para ella, aunque nunca se sabe porque José Rodríguez de la Borbolla, tras dejar su puesto al frente del gobierno de Andalucía, ingresó en la universidad como profesor asociado y al poco tiempo ya era profesor funcionario por oposición.

 

Banderas ya tiene toda la artillería mediática del PSOE a su servicio para promocionarle El callejón de los ingleses. No sé cuánto habrá pagado pero el partido le debe servicios y él se los debe al partido. Con tanta politización del periodismo, del arte y de la cultura, ya no sabemos hasta dónde llega la validez competencial de los protagonistas, dónde empieza la manipulación descarada de la gente y dónde el valor de una obra según cánones específicos de la creación. Hace poco fue Alatriste, ahora Banderas. La TV emite reportajes de la nueva película del malagueño pero eso no son reportajes periodísticos sino promocionales, publicitarios. Se nota que está la pasta detrás. O sea, que no se trata de reportajes sino de publicidad, no es periodismo, es negocio, flores a Banderas. Una vez le oí decir al periodista Joaquín Arozamena que si mostráramos una vaca todos los días en TV en horario de máxima audiencia y le colocáramos por nombre Amalia, pongamos por caso, y montáramos historias de todo tipo en torno a Amalia, al cabo de un tiempo la gente compraría productos Amalia, merchandising, vamos. La leche de Amalia, la caquita de Amalia, los cuernos de Amalia. Coño, pues no iba el personal a las tiendas en los años noventa a pedir cacao maravillao porque lo anunciaban las gogós de la primera Tele 5 y el cacao maravillao no existía… Ahora toca Banderas, sus ingleses y su callejón, que conduce a la taquilla.

 

El pobre poeta Gamoneda ahí que está con su Cervantes. Me alegro de que le den premios a algo que no sirve para nada, como la poesía. A la poesía se la cargaron en los años ochenta. En los setenta aún tenía vida, fue capaz de llenar la plaza de toros de San Isidro cuando se le hizo un homenaje a Blas de Otero. Celaya y Alberti tiraban lo suyo, era gente que comunicaba cosas esenciales, que vivía primero y escribía después. Hoy hay algunos movimientos de jóvenes que intentan hacer que la poesía sobreviva pero eso ya está muerto desde hace tiempo. Los poetas no tienen nada de espirituales ni de poetas, al menos la mayoría de los más nombrados. De pronto, pasada la Transición, aparecieron unos elementos que se llamaban a sí mismos poetas, para copar los premios y las subvenciones de las administraciones, sobre todo de las socialistas. Los del PSOE necesitaban caras nuevas, no esa gente de las barbas del tardofranquismo y la Transición que promulgaron la ruptura con el sistema y estaban en la órbita del comunismo. No, ahora se precisaba gente guapa de bellas palabras pero de significados vacíos. Nacieron los novísimos, los postnovísimos y la poesía se fue al carajo; nació la palabra por la palabra, la “mafia” con traje lírico. Ahora la poesía está en la ciencia o  en la publicidad. Poesía es un transplante múltiple de órganos, el arreglo de una cara con cirugía, los tratamientos con células madre o un buen anuncio que en veinte segundos es a la vez una novela y un poema. Pero bien está que los poetitas sigan por ahí, de vez en cuando es bueno darle alegrías a los viejecitos, como Gamoneda. O llevar a García Baena a la Feria del Libro de Guadalajara. Si algún mexicano padecía de insomnio, se habrá curado sin duda escuchando la poesía de García Baena.

 

Eso sí, México no está ahora para dormirse. Dos mil y pico de muertos en pocos meses, en trifulcas y balaceras por aquí o allá. La gente que sigue en un cuarenta por ciento en estado de pobreza o extrema pobreza. Eso es mucho para un país tan rico en recursos, mucho más que España. Calderón no tiene cojones para enfrentarse a eso. Y no sé qué hubiera hecho López Obrador. En muchos lugares de América Latina la vida de un ser humano no vale ni un céntimo. Se ha llegado a tal grado de podredumbre y corrupción que no hay más remedio que aplicar aquello de “a grandes males, grandes remedios”. Como cantaban los de Mecano, “hace falta un Espartaco que entre a saco”. Pero, claro, no será Calderón ni Banderas ni Gamoneda. Todos estos son de pitiminí, para el consumo y el pasatiempo. Por eso salen tanto en los medios de comunicación. 


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