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Antonio Banderas hace propaganda de su nueva
película. A Antonio Gamoneda le dan el Cervantes y a Felipe Calderón casi lo
botan a leches antes de colocarse la banda presidencial. El Parlamento español
ha aprobado nuevas leyes “progresistas” para los emigrantes y para los
minusválidos. Lo dicen los informativos. Sin embargo, todo son anécdotas, mucho
ruido y pocas nueces. En los mismos informativos me dicen que en Tenerife van a
agrandar el puerto aunque sea un atentado medioambiental. Pero Europa da permiso
y le pasa la patata caliente a España que no sale al paso del asesinato ni dice
nada (su Parlamento). Lo mismo de siempre: mucha importancia a las cosas menores
y poca las que pueden hipotecar el futuro de otra gente, mucho asunto para la
galería y poca carga de profundidad. El Parlamento, Las Cortes, no aprueban
leyes ni le paran los pies a los que desean destrozar el medio ambiente.
Cristina Carbona no es más que una ambiciosa mujer que se ha visto de ministra
Vogue y bien que lo siento porque cuando la conocí era más sencilla y más
competente. Ahora se la ha comido la erótica del poder. Es increíble cómo se
puede tener la cara de seguir al frente de un ministerio de medio ambiente con
las cosas que han ocurrido en España en los dos últimos años. La erótica del
poder. ¿Qué va a hacer esta mujer si deja de ser ministra por dimisión? ¿Volver
a dar clases de economía en la Universidad de Sevilla? No ¡Pero si ya se le ha
pasado el carro académico, carece de méritos! Eso es poco para ella, aunque
nunca se sabe porque José Rodríguez de la Borbolla, tras dejar su puesto al
frente del gobierno de Andalucía, ingresó en la universidad como profesor
asociado y al poco tiempo ya era profesor funcionario por oposición.
Banderas ya tiene toda la artillería mediática del
PSOE a su servicio para promocionarle El callejón de los ingleses. No sé
cuánto habrá pagado pero el partido le debe servicios y él se los debe al
partido. Con tanta politización del periodismo, del arte y de la cultura, ya no
sabemos hasta dónde llega la validez competencial de los protagonistas, dónde
empieza la manipulación descarada de la gente y dónde el valor de una obra según
cánones específicos de la creación. Hace poco fue Alatriste, ahora
Banderas. La TV emite reportajes de la nueva película del malagueño pero eso no
son reportajes periodísticos sino promocionales, publicitarios. Se nota que está
la pasta detrás. O sea, que no se trata de reportajes sino de publicidad, no es
periodismo, es negocio, flores a Banderas. Una vez le oí decir al periodista
Joaquín Arozamena que si mostráramos una vaca todos los días en TV en horario de
máxima audiencia y le colocáramos por nombre Amalia, pongamos por caso, y
montáramos historias de todo tipo en torno a Amalia, al cabo de un tiempo la
gente compraría productos Amalia, merchandising, vamos. La leche de
Amalia, la caquita de Amalia, los cuernos de Amalia. Coño, pues no iba el
personal a las tiendas en los años noventa a pedir cacao maravillao porque lo
anunciaban las gogós de la primera Tele 5 y el cacao maravillao no existía…
Ahora toca Banderas, sus ingleses y su callejón, que conduce a la taquilla.
El pobre poeta Gamoneda ahí que está con su
Cervantes. Me alegro de que le den premios a algo que no sirve para nada, como
la poesía. A la poesía se la cargaron en los años ochenta. En los setenta aún
tenía vida, fue capaz de llenar la plaza de toros de San Isidro cuando se le
hizo un homenaje a Blas de Otero. Celaya y Alberti tiraban lo suyo, era gente
que comunicaba cosas esenciales, que vivía primero y escribía después. Hoy hay
algunos movimientos de jóvenes que intentan hacer que la poesía sobreviva pero
eso ya está muerto desde hace tiempo. Los poetas no tienen nada de espirituales
ni de poetas, al menos la mayoría de los más nombrados. De pronto, pasada la
Transición, aparecieron unos elementos que se llamaban a sí mismos poetas, para
copar los premios y las subvenciones de las administraciones, sobre todo de las
socialistas. Los del PSOE necesitaban caras nuevas, no esa gente de las barbas
del tardofranquismo y la Transición que promulgaron la ruptura con el sistema y
estaban en la órbita del comunismo. No, ahora se precisaba gente guapa de bellas
palabras pero de significados vacíos. Nacieron los novísimos, los postnovísimos
y la poesía se fue al carajo; nació la palabra por la palabra, la “mafia” con
traje lírico. Ahora la poesía está en la ciencia o en la publicidad. Poesía es
un transplante múltiple de órganos, el arreglo de una cara con cirugía, los
tratamientos con células madre o un buen anuncio que en veinte segundos es a la
vez una novela y un poema. Pero bien está que los poetitas sigan por ahí, de vez
en cuando es bueno darle alegrías a los viejecitos, como Gamoneda. O llevar a
García Baena a la Feria del Libro de Guadalajara. Si algún mexicano padecía de
insomnio, se habrá curado sin duda escuchando la poesía de García Baena.
Eso sí, México no está ahora para dormirse. Dos
mil y pico de muertos en pocos meses, en trifulcas y balaceras por aquí o allá.
La gente que sigue en un cuarenta por ciento en estado de pobreza o extrema
pobreza. Eso es mucho para un país tan rico en recursos, mucho más que España.
Calderón no tiene cojones para enfrentarse a eso. Y no sé qué hubiera hecho
López Obrador. En muchos lugares de América Latina la vida de un ser humano no
vale ni un céntimo. Se ha llegado a tal grado de podredumbre y corrupción que no
hay más remedio que aplicar aquello de “a grandes males, grandes remedios”. Como
cantaban los de Mecano, “hace falta un Espartaco que entre a saco”. Pero, claro,
no será Calderón ni Banderas ni Gamoneda. Todos estos son de pitiminí, para el
consumo y el pasatiempo. Por eso salen tanto en los medios de comunicación.
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