Año III

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

Escribe aquí tu CARTA AL DIRECTOR

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 CONTRACORRIENTE

Contrastes

 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

Hace unos días tuve que llamar al 061 para que se atendiera de forma urgente a un familiar. Al poco tiempo, se presentaron tres personas: un conductor, un ATS y una médico. Apenas me fijé en sus nombres, grabados en sus identificadores. Hicieron su trabajo de manera impecable, aportaron sus conocimientos profesionales y, lo que es casi o más importante, su humanidad, que también forma parte del quehacer profesional, a pesar de que algunos sanitarios vayan siempre vestidos de médicos con bata o sin bata, sin importarles enseñarnos a veces flagrantes ilegalidades, como estar a un tiempo en la sanidad pública y en la privada sin tener concedida la compatibilidad. Es increíble cómo algunos tienen la cara dura de enseñarnos sus rostros corruptos sin ni siquiera tapárselos. He estado en consultas privadas de mutuas con las que trabaja MUFACE en las que el médico te recibe tranquilamente con una bata con las siglas del SAS.

 

No era el caso de los sanitarios del 061. Hay gente que desde el anonimato sigue actuando de manera honesta sin que eso se premie ni sea noticia porque es que así se debe actuar. Lo que sucede es que ahora que España está inmersa en la localización, búsqueda y captura de especuladores inmobiliarios, de terroristas del medio ambiente, estas actuaciones legales es preciso que destaquen. Hay miles de científicos trabajando cada día en diversos centros académicos con escasos presupuestos. A las Ciencias Sociales se las financia poco y a las Humanidades es que casi se las desprecia. Entre esto y la cultura del ladrillo hay una íntima relación. En los ochenta, Carlos Solchaga y demás “gente guapa” del PSOE dijeron que en España se podía lograr dinero con facilidad y vaya si les han tomado la palabra. Ellos lo hicieron y la década de los noventa, casi en su totalidad, pasó a la historia en España como la de los escándalos de corrupciones y del terrorismo de Estado. Por cierto, hay bastantes juicios pendientes sobre todo aquello pero ya lo hemos olvidado, por supuesto. Miles de cortinas de humo han caído sobre nosotros desde entonces. Tenemos poca memoria.

 

Entre los que les tomaron la palabra a los nuevos ricos, a los conversos que dilapidaron la ilusión que la gente puso en ellos en 1982 otorgándoles diez millones de votos, estaba una caterva de ignorantes mediocres que fueron llegando a las alcaldías de pueblos y ciudades españolas. Una caterva que como no servía para otra cosa se metía en política pero no sólo en el PSOE sino en los otros partidos también. La atilización –de Atila, claro- del suelo, ha sido cosa de políticos sin cultura, sin principios, sin dignidad, unido todo ello a la indiferencia y a la falta de escrúpulos de unos empresarios que ignoran el significado de la expresión “responsabilidad social de las empresas”. A nadie le ha importado hipotecar por decenios el futuro de los que venían detrás, a ninguno de estos enfermos mentales les ha frenado el hecho de que se estaba construyendo empezando la casa por el tejado, es decir, sin infraestructuras, sin llevar a cabo una síntesis con el medio ambiente. No se les ha ocurrido por eso, precisamente, porque estamos hablando de auténticas bestias sin sensibilidad hacia lo que les rodea, estamos hablando de mercenarios del voto y del dinero.

 

Los alcaldes de uno y otro lado han conseguido que la gente equipare cemento con progreso. Mientras más déficit de preparación tiene un político, más sube en su partido y más arrasador resulta de su entorno. Lo malo es que la gente los aplaude y los vuelve a votar. El personal ha mamado demasiada tontería televisual y sueña con Hollywood demasiado. Aquí se junta el clientelismo que los partidos mayoritarios –sobre todo- han formado (en Andalucía el del PSOE es escandaloso) con la memez de la gente, una gente que protesta por la falta de comunicaciones que tiene con la ciudad (cuando vive en sus alrededores) pero que no vio eso cuando se extasiaba delante de un catálogo en color que le mostraba una casa adosada, construida con el coste mínimo, de manera que en invierno el personal se hiela de frío y en verano se fríe de calor. A la larga, deben invertir en reformas y aires acondicionados mil, de manera que, echando cuentas, el precio final equivale al de una vivienda de superior categoría. Como siempre, el listo ha jodido al torpe pero hay listos que se pasan y muchos de esos listos se han pasado varios pueblos y urbanizaciones. A ver si ahora lo pagan en esta operación depurativa que está en marcha. Sería una bonita forma de que volviéramos a creer en la democracia. Ellos se han pasado el medio ambiente por la entrepierna con tal de ganar dinero y votos. Ahora, es el sistema quien debe demostrar que aún sirve para algo y que en realidad funciona, pasándolos a ellos por la piedra, con todas las de la ley.  


ARTÍCULOS ANTERIORES

ÚLTIMOS TITULARES                                             Imprimir esta página

  Portada Principal © DIARIO Bahía de Cádiz (BC) Aviso Legal 
Publicidad -  Poner como página de inicio  -  Añadir a Favoritos  -   ¿Quiénes somos?

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782