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La semana pasada el presentador de Aquí hay
tomate nos hizo saber que el programa había llegado a las 900 ediciones (o
representaciones) “gracias a ustedes”. De manera que como nadie ve la televisión
basura, Tele 5 se ha empeñado en romper la ley de la oferta y la demanda;
Berlusconi y sus socios decentes y de orden del Grupo Vocento son unos
antisistema, ya mismo los vemos clamando contra los efectos perniciosos de la
globalización. Como nadie ve Aquí hay tomate, ha llegado a las 900
entregas. Pero sí que lo vemos, ¿verdad? Yo lo veo siempre que puedo. Entre
divorcios, embarazos y cuernos me quedo dormido en mi sofá de dos cuerpos que,
como ya he confesado en otras ocasiones, es una de las criaturas a quien amo más
en este mundo. Confieso que también me atrae la reposición de la telenovela
Gata salvaje, pero al final me quedo con el tomate porque no hay que seguir
tanto argumento. Además, tengo un defecto: cuando veo una telenovela siempre me
pongo de parte de la mala. Por ejemplo, me pasó en el caso de Rubí. Para
mí Rubí no era la mala sino la buena. Era una criatura entre diabólica y
nietzscheana y como me cae bien el Diablo igual que a los Rolling –en mi caso
debido a que fue el primer disidente- y como estoy de acuerdo con Nietzsche
cuando dijo que él no era un ser humano sino que era dinamita, Rubí me parecía
el pivote en torno al cual giraban todos los demás protagonistas: un ser
maquiavélico a quien todos condenaban pero a quien todos necesitaban porque eran
más débiles que ella y la convertían en su gurú. Los gurús no existirían si no
hubiera quien los creara por necesidad. Ahora me pasa igual con Rosaura, la
mala de Gata salvaje, pero ya nos ocurría lo mismo con Bette Davis cuando
era mala: que nos atraía.
¿Por qué nos atrae el tomate? Por varias causas,
claro. Huimos de las catástrofes que nos endiñan los informativos, en su
incompetencia. También la semana pasada se ha celebrado lo del hambre en el
mundo. Y el Día del Cáncer de mama y manifestaciones contra la violencia
machista. En Sevilla hubo una manifestación por la mañana contra el hambre y
otra por la tarde contra el machismo. Seguramente porque los escasos asistentes
son los mismos a una que a otra. Lástima de progrerío, en lo que ha quedado y
para lo que ha quedado. Hasta en América Latina se ve cómo la guerrilla se ha
acomodado y bien. Los zapatistas de México son una atracción turística que se la
dio con queso a los Saramago, etc., que se fueron hace años de excursión a la
selva con la de mosquitos que hay. Este año, el subcomandante Marcos, su máscara
y el agujero para la pipa, se han ido por ahí de excursión tan tranquilos, a dar
mítines contra López Obrador. El líder de un movimiento armado ilegal se dedica
a dar mítines electorales y nadie lo detiene. ¿Quién está detrás de esta gente?
El señor Marcos ha servido de tonto útil para desmembrar el voto de la
izquierda, aunque López Obrador no es que sea mucha izquierda, es,
sencillamente, López Obrador. En Colombia, la guerrilla está más interesada en
guardar su espacio de poder y su coca que en derrocar el sistema.
Los informativos han vuelto a decir eso de que se
muere de hambre un individuo cada no sé cuánta pizca de tiempo. Y se
preguntaban: ¿Hacen bastante los gobiernos? Los periodistas saben que no pero
también saben hasta dónde tienen que llegar, no van a decir que para que
empecemos a pensar en acabar con el hambre en el mundo hay que hacer una cosa:
terminar con el salvajismo del mercado, tal y como está hoy, y terminar con sus
medios de comunicación, la mayoría de los cuales transmiten más propaganda que
información y formación. Bueno pues no nos gusta tanta desgracia y entonces para
eso está el tomate como alternativa, el tomate es la comunicación alternativa.
Cubrimos nuestro morbo de ver cómo los ricos, famosos y papanatas en general,
sufren y lloran.
¿Qué pecado ha cometido el tomate? Llevar a la
pantalla, convenientemente tratada, una de las actividades que hacemos y hemos
hecho en toda nuestra vida: criticar al prójimo. “Medio mundo critica al otro
medio”, dice el refrán. Recuerdo a las vecinas y amigas de mi madre, en mi
niñez, reunidas y despellejando a unos y otros. Pues eso es el tomate, sólo que
con métodos extremos de captación de audiencia y es aquí donde empieza la
basura. En el tomate todo vale y es bueno o malo quien le caiga bien o mal a su
presentador. Dos importantes novedades se observan últimamente: un toque de
“intelectualidad” y la casi habitual presencia de la Casa Real. Una psicóloga
social apareció en cierta ocasión opinando sobre el fenómeno del famoseo.
Después, escuché que mencionaban a mi colega María Lamuedra, profesora de la
Universidad Carlos III, de Madrid, y antigua alumna, hoy miembro de mi equipo de
investigación. No es que María se haya metido a famosa. María elaboró su tesis
en la Universidad de Glasgow y en sus investigaciones ha estudiado el fenómeno
de “heroínas” tipo Belén Esteban. Por eso apareció su nombre. Ahora compruebo
que nos van a hablar de la muerte de Lorca, vaya usted a saber cómo, pero nos
van a hablar. Es una prueba de que se podrían realizar programas de chismes pero
de otra manera, lo que pasa es que entonces la audiencia bajaría por exceso de
carga intelectual, de ahí que el tomate no vaya a cambiar, salvo en estas
mijitas de nada.
La otra cuestión es la Casa Real, más en concreto,
doña Letizia. El tomate la defiende porque doña Letizia es la que recibe las
bofetadas, para eso es plebeya. Pero hay una trampa: los medios de comunicación
intentan quitarse de encima poco a poco la autocensura que se exigen en relación
con la Casa Real y están empezando por doña Letizia. Lo que va a suceder es lo
siguiente: cuando ya esa censura no exista la Monarquía estará asentada en
España y echar fuera la censura es la clave porque no se va a levantar la veda
para hablar de Monarquía sí o no, sino de lo canija que está Letizia o de lo
viejo que está el Rey. De esta manera, el debate principal se le hurta a la
gente y la Monarquía pasa a ser un elemento más del paisaje patrio y su
espectáculo, como Manolo el del Bombo. ¿Ven cómo el tomate tiene su utilidad?
Felicidades, tomate mío, sigue haciendo más llevadera nuestras vidas lavándonos
el coco cada día.
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