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 CONTRACORRIENTE

900 tomates

 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

La semana pasada el presentador de Aquí hay tomate nos hizo saber que el programa había llegado a las 900 ediciones (o representaciones) “gracias a ustedes”. De manera que como nadie ve la televisión basura, Tele 5 se ha empeñado en romper la ley de la oferta y la demanda; Berlusconi y sus socios decentes y de orden del Grupo Vocento son unos antisistema, ya mismo los vemos clamando contra los efectos perniciosos de la globalización. Como nadie ve Aquí hay tomate, ha llegado a las 900 entregas. Pero sí que lo vemos, ¿verdad? Yo lo veo siempre que puedo. Entre divorcios, embarazos y cuernos me quedo dormido en mi sofá de dos cuerpos que, como ya he confesado en otras ocasiones, es una de las criaturas a quien amo más en este mundo. Confieso que también me atrae la reposición de la telenovela Gata salvaje, pero al final me quedo con el tomate porque no hay que seguir tanto argumento. Además, tengo un defecto: cuando veo una telenovela siempre me pongo de parte de la mala. Por ejemplo, me pasó en el caso de Rubí. Para mí Rubí no era la mala sino la buena. Era una criatura entre diabólica y nietzscheana y como me cae bien el Diablo igual que a los Rolling –en mi caso debido a que fue el primer disidente- y como estoy de acuerdo con Nietzsche cuando dijo que él no era un ser humano sino que era dinamita, Rubí me parecía el pivote en torno al cual giraban todos los demás protagonistas: un ser maquiavélico a quien todos condenaban pero a quien todos necesitaban porque eran más débiles que ella y la convertían en su gurú. Los gurús no existirían si no hubiera quien los creara por necesidad. Ahora me pasa igual con  Rosaura, la mala de Gata salvaje, pero ya nos ocurría lo mismo con Bette Davis cuando era mala: que nos atraía.

 

¿Por qué nos atrae el tomate? Por varias causas, claro. Huimos de las catástrofes que nos endiñan los informativos, en su incompetencia. También la semana pasada se ha celebrado lo del hambre en el mundo. Y el Día del Cáncer de mama y manifestaciones contra la violencia machista. En Sevilla hubo una manifestación por la mañana contra el hambre y otra por la tarde contra el machismo. Seguramente porque los escasos asistentes son los mismos a una que a otra. Lástima de progrerío, en lo que ha quedado y para lo que ha quedado. Hasta en América Latina se ve cómo la guerrilla se ha acomodado y bien. Los zapatistas de México son una atracción turística que se la dio con queso a los Saramago, etc., que se fueron hace años de excursión a la selva con la de mosquitos que hay. Este año, el subcomandante Marcos, su máscara y el agujero para la pipa, se han ido por ahí de excursión tan tranquilos, a dar mítines contra López Obrador. El líder de un movimiento armado ilegal se dedica a dar mítines electorales y nadie lo detiene. ¿Quién está detrás de esta gente? El señor Marcos ha servido de tonto útil para desmembrar el voto de la izquierda, aunque López Obrador no es que sea mucha izquierda, es, sencillamente, López Obrador. En Colombia, la guerrilla está más interesada en guardar su espacio de poder y su coca que en derrocar el sistema.

 

Los informativos han vuelto a decir eso de que se muere de hambre un individuo cada no sé cuánta pizca de tiempo. Y se preguntaban: ¿Hacen bastante los gobiernos? Los periodistas saben que no pero también saben hasta dónde tienen que llegar, no van a decir que para que empecemos a pensar en acabar con el hambre en el mundo hay que hacer una cosa: terminar con el salvajismo del mercado, tal y como está hoy, y terminar con sus medios de comunicación, la mayoría de los cuales transmiten más propaganda que información y formación. Bueno pues no nos gusta tanta desgracia y entonces para eso está el tomate como alternativa, el tomate es la comunicación alternativa. Cubrimos nuestro morbo de ver cómo los ricos, famosos y papanatas en general, sufren y lloran.

 

¿Qué pecado ha cometido el tomate? Llevar a la pantalla, convenientemente tratada, una de las actividades que hacemos y hemos hecho en toda nuestra vida: criticar al prójimo. “Medio mundo critica al otro medio”, dice el refrán. Recuerdo a las vecinas y amigas de mi madre, en mi niñez, reunidas y despellejando a unos y otros. Pues eso es el tomate, sólo que con métodos extremos de captación de audiencia y es aquí donde empieza la basura. En el tomate todo vale y es bueno o malo quien le caiga bien o mal a su presentador. Dos importantes novedades se observan últimamente: un toque de “intelectualidad” y la casi habitual presencia de la Casa Real. Una psicóloga social apareció en cierta ocasión opinando sobre el fenómeno del famoseo. Después, escuché que mencionaban a mi colega María Lamuedra, profesora de la Universidad Carlos III, de Madrid, y antigua alumna, hoy miembro de mi equipo de investigación. No es que María se haya metido a famosa. María elaboró su tesis en la Universidad de Glasgow y en sus investigaciones ha estudiado el fenómeno de “heroínas” tipo Belén Esteban. Por eso apareció su nombre. Ahora compruebo que nos van a hablar de la muerte de Lorca, vaya usted a saber cómo, pero nos van a hablar. Es una prueba de que se podrían realizar programas de chismes pero de otra manera, lo que pasa es que entonces la audiencia bajaría por exceso de carga intelectual, de ahí que el tomate no vaya a cambiar, salvo en estas mijitas de nada.

 

La otra cuestión es la Casa Real, más en concreto, doña Letizia. El tomate la defiende porque doña Letizia es la que recibe las bofetadas, para eso es plebeya. Pero hay una trampa: los medios de comunicación intentan quitarse de encima poco a poco la autocensura que se exigen en relación con la Casa Real y están empezando por doña Letizia. Lo que va a suceder es lo siguiente: cuando ya esa censura no exista la Monarquía estará asentada en España y echar fuera la censura es la clave porque no se va a levantar la veda para hablar de Monarquía sí o no, sino de lo canija que está Letizia o de lo viejo que está el Rey. De esta manera, el debate principal se le hurta a la gente y la Monarquía pasa a ser un elemento más del paisaje patrio y su espectáculo, como Manolo el del Bombo. ¿Ven cómo el tomate tiene su utilidad? Felicidades, tomate mío, sigue haciendo más llevadera nuestras vidas lavándonos el coco cada día.


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