Año III

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

Escribe aquí tu CARTA AL DIRECTOR

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 CONTRACORRIENTE

Nacionalismos

 RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

Escribo desde México. Tranquilos, no pasa nada con López Obrador, los medios de comunicación occidentales exageran a menudo. Si a nadie se le escapa un tiro en una de esas manifestaciones que convoca el candidato que se cree engañado, no pasará nada. Mucho ruido y pocas nueces. No voy a escribir sobre la política en México por dos motivos: porque no me interesa este tipo de “política de sobremesa y batallitas” y porque no me gusta tratar estos temas cuando me encuentro aquí como un simple visitante. No deseo meterme en los asuntos de otros y menos cuando se me trata de forma tan exquisita como aquí.

 

Sin embargo, el 15 de septiembre se ha celebrado el Día de la Independencia (de España) y eso me da pie a tratar sobre los nacionalismos. Por regla general, eso que se llama nacionalismo es una mezcla de intereses económicos presentados con ropaje emocional. Una potencia, una metrópoli, va conquistando otras zonas más o menos lejos de su territorio y va adaptando a sus intereses las instituciones y la cultura de aquellos lugares. Con el tiempo, en la colonia se forma un segmento dominante de población con intereses propios. Dicho segmento es el fruto del mestizaje entre “conquistadores” y “conquistados”. La nueva “clase dirigente” no desea depender de las leyes y otros medios coercitivos de la metrópolis. La colonia ha crecido, se ha hecho mayor de edad, aunque en realidad no ha existido un desarrollo de su población en niveles cognitivos sino un crecimiento de su producción, que se va acumulando en las pocas manos que representan los nuevos dueños. El choque, violento o no, colonia-metrópoli se produce y al final nace un nuevo país. La representación visible de la metrópoli se va pero nunca la que subyace a los años de dominación.

 

Pero, ¿cómo lograr que los habitantes, en general, de la colonia, se alcen como masa contra el dueño que aprisiona? Mediante las emociones. Los intereses económicos van por debajo, a la gente no se le pueden decir las verdaderas intenciones de un segmento que lo que desea es convertirse en otro poder más en el mundo a costa de sus ciudadanos, a los que va a utilizar para derrotar a su enemigo, otro segmento de poder que a su vez utiliza a gente sencilla como carne de cañón. A la gente se la convence (o se le lava el cerebro) mediante las emociones, esas emociones exageradas que detienen la capacidad de reflexión. ¿Cómo es posible que alguien acceda a ir a una guerra y exponer su vida? Y no alguien, sino millones de seres humanos. ¿Cómo conseguirlo? Mediante la educación, el adoctrinamiento, la anulación de la personalidad, la ignorancia, la ocultación de las claves metodológicas que te permiten entender la vida; todo eso crea una presión social sobre el individuo que, por ejemplo, hace que se sienta culpable (cobarde) si no va a un conflicto o si deserta.

 

La individualidad queda sometida a una bandera, a unos colores, a un himno, a escudos y símbolos. En realidad, todo es una gran mentira, pero así funcionamos, luego la gran mentira está en el fondo, porque estamos hablando de una verdad evidente. El concepto de patria es otra emoción, casi todo es un ritual rutinario. Se inventan o se exageran los hechos históricos, a veces hasta lo patético. Se levantan fronteras en un mundo que, en realidad, las está tirando todas al suelo por medio del ciberespacio o economía en red. Con los ojos observamos fronteras, límites, muros y murallas para que no se cuelen inmigrantes. Se trata de los efectos de esa misma economía y esos inmigrantes son el resultado, en gran medida, de épocas colonizadoras intensas, donde la civilización occidental se ha impuesto al resto del planeta Los colonizadores fueron expulsados por la reacción del nuevo estamento dominante pero ese estamento no ha aportado grandes dosis de bienestar a quienes le ayudaron a “ser libre”. Se ha unido a otros núcleos poderosos para conservar o aumentar su influencia. Esto ha sucedido con las élites dominantes de las antiguas colonias españolas que, tras la marcha de España, sufrieron otra opresión: la de EEUU. Después llegaron las reacciones de Cuba, Venezuela, Bolivia. O las que fracasaron en Chile y en Nicaragua. Y, claro, estas reacciones a unas injusticias ancestrales son el comunismo que amenaza, hay que aplastarlas porque roban la libertad y la sacrosanta propiedad privada a sus poseedores, que, por supuesto, la poseen en nombre del cristianismo, de Dios, de La Biblia y de la justicia social, cuando nada tienen que ver con esto; es todo humano, demasiado humano, lamentablemente humano, una muestra más de la especie más destructiva y autodestructiva que habita el planeta.


ARTÍCULOS ANTERIORES

ÚLTIMOS TITULARES                                   

  Portada Principal © DIARIO Bahía de Cádiz (BC) Aviso Legal 
Publicidad -  Poner como página de inicio  -  Añadir a Favoritos  -   ¿Quiénes somos?

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782