|

Hace algunos días, cuando aún estaban bastante
activos los incendios de Galicia, me escribió un correo electrónico desde el
Ampurdán, en Girona, mi amiga y colega Nuria Almirón, periodista y profesora de
la Universidad Autónoma de Barcelona. Se alegraba al comunicarme que por fin
estaba lloviendo, se lamentaba de que esa lluvia de su tierra no llegara antes
para paliar los incendios en Catalunya, y deseaba que lloviera fuerte y pronto
en Galicia. Reflexionaba, además, sobre la gente: la gente –decía- se queja del
calor y de los incendios, de la falta de lluvia, pero no se pregunta por qué no
llueve, no va a las raíces de los problemas. La gente corta los árboles y sin
árboles no hay lluvia, lamentaba Nuria.
¿Cómo van a ir a las raíces si las han cortado
ellos mismos, la gente misma? ¿Cómo van a ir, si se las han cortado? La
gente aplica eso de que el mejor árbol es el árbol muerto, cortado. Y a la gente
le han cortado o no dejan que crezca en su interior la raíz metodológica que les
permitiría entender lo que pasa, la misma que Nuria Almirón aplicó en su tesis
doctoral para demostrar las vergonzosas conexiones financieras, políticas y
empresariales que se dan entre el Santander Central Hispano y el grupo Prisa, en
perjuicio del periodismo, que no es libre ni independiente, por mucho Polanco,
Gabilondo o Cebrián que lo digan. ¿Cuáles son las raíces epistemológicas más
acertadas para comprender el mundo? Las estructurales, el método de relacionarlo
todo con todo, el de asimilar que no hay cabos sueltos, que la vida es una
compleja evolución donde se articulan desde el origen del Universo hasta un
inmigrante negro, pasando por todo lo demás. Claro que esto es complejo de
entender, por eso a la gente se la tiene para que sienta, compre y se distraiga,
no para que piense y se preocupe, eso lo hace si le falta la papa o si le tocan
sus emociones.
En Sevilla, por ejemplo, puede ocurrir una
revolución impulsada por cierto número de personas (no mayoritario, por fortuna)
si un día alguien robara la imagen de la Macarena o le prohibieran hacer la
procesión. En Sevilla, a la Macarena la vistieron de luto cuando murió el
general fascista Gonzalo Queipo de Llano y existe una parroquia llamada de San
Gonzalo, en su honor, de la que parte asimismo la Hermandad de San Gonzalo.
Repito que, gracias a la propia Macarena y a San Gonzalo, tal vez, se trata de
residuos de una vieja Sevilla en retirada que será absorbida poco a poco por la
Historia, que lo está siendo ya, porque los visitantes en Semana Santa a veces
disminuyen o vienen atraídos no por la fe a nada sino por el espectáculo; al
mismo tiempo, el sevillano cada vez se marcha de la ciudad en mayor número en
esas fechas. Esto es, entre otras causas, lo que me ha aconsejado a mí no
abandonar mi ciudad natal para irme a otra más grande. Sevilla se está haciendo
grande, la Sevilla auténtica debe estar llena de ocio, de industrias de todo
tipo y de putas, quedando como residuo atractivo y también de valor la Semana
Santa, la Feria y todos los tópicos, a los que hay que sacarles pasta, porque la
espiritualidad va por otro lado.
Cuando a alguien le quitan sus raíces cognitivas o
se impide que crezcan, se puede jugar con ese alguien a lo que sea: a la
democracia, a la libertad, a la ecología, a veces sin su conocimiento, a
veces con su complicidad. Han logrado que muchos ciudadanos identifiquen cemento
con progreso y eso nos está matando. No quiero pensar en esto porque me pongo
derrotista y me deprimo. Toda el área metropolitana de Sevilla está siendo
destruida, en los años setenta querían que fuera el pulmón de la ciudad; ahora,
poco a poco, dada la carestía de la vivienda en la ciudad, se ha llenado de
casas adosadas de finos muros, otra ciudad pegada a Sevilla que dentro de ocho o
diez años tendrá 650.000 habitantes porque su población es joven y se reproduce
con cierta celeridad. Por lo general, los muros de sus casas "paradisíacas" son
un fraude que en verano dejan pasar todo el calor de fuera y en invierno
permiten que entre el frío. Un fraude supongo que legal. La gente se calla, por
vergüenza, para que no les diga nadie que los han timado, que se han dejado
llevar por un folleto publicitario a todo color porque nadie vende euros a
cincuenta céntimos.
Está claro, es el crecimiento, pero no es el
desarrollo, es la barbarie, y ya el historiador Pierre Vilar dejó claro hace
décadas la diferencia entre crecimiento y desarrollo. En la tierra de mi padre,
que es la Comunidad Valenciana, encuentro alabanzas a lo que hacen en Gandía, en
Oliva, en Benidorm. Ahora, Nuria me dice que en Girona la gente no se pregunta
por qué no llueve todo lo que tenía que preguntárselo. Es para decir: tenemos lo
que nos merecemos. Mi tío Viçent, que es un sabio hombre de campo tal vez
influido demasiado por la TV, y que vive en el pueblo donde nació su hermano, mi
padre, en Beniarrés (Alicante), me dijo un verano por estas fechas que el fuego
se apagaba en invierno, limpiando en todo momento el monte. ¿Qué ha pasado? Que
el ser humano se ha separado de su medio ambiente, se ha enfrentado a él y ahora
le ha perdido el respeto, parece una célula cancerígena, destruyendo poco a poco
el entorno gracias al cual vive, suicidándose paulatinamente.
¿Qué hace la prensa ante esto? ¿Denuncia una y otra vez que la
voracidad del mercado nos puede asesinar? Lo hace muy poquito, flojito y con la
boca pequeña, porque el mercado es su dueño. Nuria ha demostrado las alianzas
entre la banca y la prensa, uniéndose a un grupo de investigadores pequeño que
pululamos por el mundo denunciando lo mismo y asuntos similares, sin que, por
supuesto, la prensa “de masas” nos haga apenas caso. La prensa va también poco a
las causas de los acontecimientos más importantes. Por eso existen las pamplinas
que explotan los colegas: que si ola de calor, que si leches. Ahora se han
inventado otra cosa más: la sensación térmica, o sea, hace mucho calor, pero
hace mucha más sensación de calor; el caso es tener a la gente acojonada todo el
año: en invierno porque nieva y en verano porque hace calor. Una cosa es que
esté cambiando el clima y otra cosa es este periodismo papanata que, como he
visto este invierno, desplaza enviados especiales a pueblos pequeños de montaña
para que les digan a los receptores de un informativo que está nevando y que un
vecino no puede arrancar el coche porque se le ha quedado frío. ¡Manda huevos!
Hasta las fuentes de información se chotean ya de los colegas. Cuando les
preguntan por la calle, algunas les dicen: "Sí, hace calor, como siempre en
estas fechas". Un señor de Burgos le decía a un periodista el pasado invierno:
"Sí, hace mucho frío, pero nos abrigamos y ya está". Y es que, claro, mientras
esté por detrás del periodismo toda esa porquería que Nuria y otros hemos
demostrado y denunciado en tesis y estudios, qué van a hacer las criaturas,
¿periodismo de investigación? Sí, investigar si la larga pilila de un famoso es
así o tiene cierta actividad estimuladora, es decir, está trucada.
ARTÍCULOS ANTERIORES
|