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 CONTRACORRIENTE

Cuando calienta el sol

 RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

¿Qué placer encontrarán miles de personas apiñadas en la arena, junto al mar? Supongo que el calor de la masa, el corporal y el del sol. Supongo que ellos serán los “normales” y yo el raro porque odio al sol, estoy deseando que pasen cinco mil millones de años y se apague, que para eso está en la mitad de su vida. Claro que cuando se apague dicen que lo hará entre estertores y que se tragará a la Tierra. No se perderá gran cosa, tal y como estará entonces la pobre, si está. Más de la mitad de la población no se va de vacaciones pero los periodistas ahí que estamos, enfocando a la gente en la playa y hablando una y otra vez de la operación salida, igual que en el franquismo nos hablaban en los No-Dos y en la tele de los veinticinco años de paz, y salían los españolitos tan felices en las playas. No, si no me quejo, debe ser lo “normal”.

 

No me voy a ir de vacaciones por el momento, tengo un disgusto muy grande con lo de Julián Muñoz, el novio de la Pantoja. Ha sido la gota que ha colmado el vaso de una depresión que me iba brotando poco a poco del alma mismamente. Apenas duermo pensando cómo habrá pasado la noche Julián. Se muere la Jurado, ese Ortega Cano, “mi José, ay, mi José”, como decía ella, la más grande, en palabras insistentes de los de Tele 5; pues su José con tan poca herencia, sólo le ha dejado cuernos, en el sentido ganadero del término; anda, José, y tú llorándola a lágrima viva, y yo llorando contigo en el sofá de dos cuerpos de mi casa, donde, en postura fetal (ya se lo contaré al psiquiatra a ver qué significa), me echo las siestas más grandes jamás contadas; eso sí que es grande, más grande que la más grande, que ya es ser grande; mis siestas son uno de los pilares de mi vida, tan vulgar; quisiera ser como Papuchi, ése sí que se divirtió, a ver quién le quita lo bailao, aunque esté en el infierno; no lo creo, empero, tiene la atenuante de que lo secuestró ETA y eso lo ha debido considerar el Altísimo.

 

José, que yo duermo para no pensar en todo lo que nos ha caído encima y en lo que nos está cayendo. Y “pa” no tirarme a la “bebía” (que yo no bebía, pero ahora me parece que voy a beberme dos botellas de lambrusco al día, “pa” pasar de “tó”). Porque es una canallada que la parca se haya llevado a esa mujer, uno de los símbolos del cambio en España, cuando salió con un escote de no te menees en la TV y, con sus gestos y movimientos tan contundentes, se movían aquellos tesoros como dos flanes gigantes. Allí estábamos, embobaos, a ver si por cosas de la leyes de la física se salía alguno de su ubicación, pero no pasó nada. Luego, ya llegó Sabrina cantando el “Boys, boys, boys” y a ésta si que se le descocaban los cocos, pero había que esperar en las Nocheviejas hasta bien entrada la madrugada, cuando ya los niños se hubieran retirado. Ahora los niños se levantan por la noche, sin que los vean los padres, y se hartan de ubres, senos, cosenos, tangentes y cotangentes: con Internet y con la tele. Ella, la Jurado, puso de moda las tetas bien puestas. Y los canalones, anda que no se llevan “na” los canalones, España parece una Escuela Superior de Canales, Canalillos y Canalones, pero andante. Y de rajas de culo en su zona superior, con las tangas. Van naciendo nuevas especialidades en la carrera por el calentamiento global, como el ombliguismo de bajo vientre, cerca ya del monte de Venus. Paisajes apasionantes, “paisajes con figuras”, que diría Antonio Gala.

 

Al óbito de la Jurado se ha unido la depresión de Raquel Mosquera, lo digo ahora que hablaba de tetas. En este caso son ubres, porque ya se sabe que “la buena teta cabe en una palmeta” o que “es teta lo que la mano cubre, lo demás es ubre”. Las ubres de la Mosquera saltan a su paso como si fueran dos balones de Nivea. Me preocupó verla en la clínica, detrás de aquella ventana todo el tiempo, como esperando que pasara alguna procesión para cantar una saeta y que se curara milagrosamente.

 

Por si no estuviera ya decaído con todo esto, a la Belén Esteban se le sube otra vez la azúcar y la tienen que ingresar para rebajársela echándole más encabronamiento. No he visto nunca a una mujer tan agria por fuera que sea tan dulce por dentro. Se le murió el padre a la pobre, mire usted, y el cuerpo se le volvió como un palo de algodón de Feria, de esos rosas que te dejan todo pringoso cuando te los comes. No quedó ahí la cosa: la Campanario se pasó rellenando papeles y quieren empapelarla. También quieren empapelar a la Pantoja por lo de Julián, que debe estar cantando aquella canción de Pepe Suero: “Carcelero, suéltame, que me espera una mujer morena en la puerta”. Al pajarito de la Pantoja lo han metido en la jaula y ella está como muy entera, fíjate. Mucho más entera que cuando lo de Paquirri. Por cierto, me pregunto a menudo cómo de un hombre tan “bragao” y con tanto empaque y de una mujer tan bien “plantá” ha podido salir ese Paquirrín, que debe estar abonado al consumo de Donuts, bollos de leche y Donetes. Tan abonado que son su abono favorito, al menos eso deduzco, a simple vista. Pues cuando pasó lo de Paquirri ella estaba destrozada. Esta mujer ha evolucionado mucho: de ir a todas partes con su madre para preservar la honra ha llegado a ese grado de entereza. La gente, que tiene muy mala leche, cuando enviudó inventó coplas, me acuerdo: “En Pozoblanco/ murió un torero/ de los de Franco/. Desde Islero/ no hubo otro toro/ con más salero./ Me la traen floja/ los lagrimones/ de la Pantoja”. Hay que tener mala uva, los rojos esos de mierda, que siempre están igual. Seguro que ahora se tuestan al sol, tan tranquilos, luciendo sus barrigas y sus gorritas y llamando al Josua para que salga del agua porque se lo están comiendo las algas.

 

Sé que la gente se divierte cuando calienta el sol, pero yo no puedo, no puedo, con la de desgracias que tenemos encima. Menos mal que el sistema éste de quitar puntos en los carnés de conducir evita que la casquen más. Es un alivio porque se sufre mucho también con tanto trompazo. Está bien inventado ya que, por lo general, se sale ganando: te pueden quitar diez o doce puntos por pegarte una piña, pero luego como en el hospital te dan treinta o cuarenta por herida, el balance final es a favor del ciudadano. Es un buen acuerdo entre la DGT y el Ministerio de Sanidad, algo similar a la declaración de Hacienda, que contenta a casi todos, menos a la Iglesia y a Jiménez Losantos, que le pasa como a Santillana del Mar: éste ni es santo ni es llano ni tiene mar, a menos que hablemos de un mar de aguas encabronadas. No quisiera estar en casa cuando llega. A ver si el calor del sol lo sosiega. Si se quema, la culpa será de Zapatero. Porque el sol es del PSOE, claro, y está lejos de España. Es separatista.


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