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 CONTRACORRIENTE

Dejad que el niño crezca libre

 RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

Este diario se ha lanzado a la calle en forma de papel y se presentó en la Feria de San Fernando pero, al mismo tiempo, Chaves andaba por ahí y, claro, eso fue en perjuicio del acto. O al revés, según se mire, porque no me pongo en el puesto de Chaves ni aunque me lo regalen. Prefiero mil veces alternar con esas mozas salineras que he visto en las fotos que con el “presi” porque las salineras me dirían cosas más cotidianas y porque soy un amante de la mujer, ya sin remedio, me parece (no sé si es cuestión de la edad, de las hormonas o de que cada vez me aburro más con todo). El político se traiciona a sí mismo todos los días varias veces y mientras más alto haya llegado, mayor es la negación de sí mismo. Como premio de consolación obtiene coche oficial y  pasar a la historia pero a la historia menor porque a la Historia sólo trascienden las mentes más preclaras y los políticos, en España, se han tornado en ejemplos de mediocridades absolutas desde la Transición hasta hoy. En mi trabajo como periodista he escuchado/entrevistado a Plácido Fernández Viagas, Tierno Galván, Carrillo, Fraga, Guerra, Felipe, Clavero, Soledad Becerril, Anguita… Y no hay color. Estos no se dejaban mangonear y ahora, por lo general, mientras más manejable se sea, más alto se llega. Allá ellos y los que los suben. Y pobre de nosotros.

 

Los colegas periodistas van al pastel más grande claro –grande según un estrecho concepto político y mercantil- y los cabecillas también. Si este periódico estuviera fuertemente respaldado por la Banca, El Corte Inglés y Cajasur, pongamos por caso, habrían ido todos a la Feria de la Bahía, en las redacciones se habrían preocupado de que así fuera aunque se dieran coincidencias de actos. O hasta le hubieran dicho al director de este diario: “Oye, pon la cosa otro día que ése viene Chaves”. O ya se hubieran encargado los departamentos de comunicación de esas grandes empresas del asunto, trasladando el evento porque no van a mudarle la agenda al ex “candidato a palos”, que bastante tiene el hombre con ir por ahí con chaqueta y corbata con 45 grados y de pelearse con Teófila y con Javier Arenas, que está cada día más viejo y más gordo, con lo joven que es. Con toda mi buena intención y sin cobrar nada, le digo al PP: miren, ustedes no ganan en Andalucía con esos mimbres porque los andaluces ya han demostrado que no desean votar a una rubia tan de bote y la han botado y tampoco votarán a un señor que se ha vuelto viejo siendo joven porque se le ha parado la cabeza, que por eso se envejece, no por los años. Tampoco lo votarán nunca por otras cosas que me callo, así que a aguantar lo menos malo: ese Zarrías, tan artificial y diestro; ese Vallejo, que quiere ponernos a la Universidad a fabricar tornillos para las empresas porque supone que eso es innovar; y menos mal que le regalaron a Zapatero a Carmen Calvo y a Magdalena Álvarez, que ya no enseña las piernas como antes, cuando se las fotografiaba Pablo Juliá, mi colega doble, en el periodismo y en la docencia universitaria. Yo estuve enamorado de Magdalena y se lo dije en un artículo. Pero aquello ya pasó aunque “donde candela hubo algún rescoldo quedó”. Al menos por mi parte. Magdalena me invitó a Cola-Cao hace ya bastantes años. No lo olvidaré jamás porque entonces mi amor era pleno. Nunca hubo nada entre nosotros, no hubo tomate, creo que era poca cosa para Ella. Todo quedó en lo platónico, por mi parte.

 

Carmen Calvo estuvo muy bien asesorada por mi también doble colega y sin embargo amigo, Antonio López Hidalgo, cuando estaba en la Consejería de Cultura. Me acuerdo que cuando me la presentaron le dije: “Carmen, vigila los dineros públicos que le dais a las editoriales porque me parece que en algunos casos la cosa está mal repartida”. Y me contestó. “Eso lo arreglamos las feministas”. “Coño, qué miedo”, pensé, como si fueran los bolcheviques. Luego, el año pasado, creo, la vi aquí, en Sevilla, en un ágape, cuando inauguraron los nuevos servicios del Archivo de Indias. Las campanas de La Giralda, que están al lado, le jodieron el discurso, no se oía nada de nada. El ruido era ensordecedor, era como si toda la ira de Yahvé estuviera cayendo sobre las cabezas de los que han permitido que los gays y lesbianas se casen y sobre los que estábamos siendo cómplices con nuestra presencia. Pero lo importante es que comimos muy bien, a costa de ustedes, lectores. Mis amigos los escritores Emilio Durán y Jesús Solano no hacían más que tirarles los tejos a las camareras. Qué vergüenza, delante de la ministra feminista…

 

Luego tenemos a Cristina Narbona, con quien trabajé estando servidor de ustedes en la Consejería de Economía y siendo ella viceconsejera. Buena etapa aquella, con Julio Rodríguez de consejero. Luego, Julio se fue a Madrid como presidente del Hipotecario y tiró de Cristina que me enseñó muchas cosas de economía para que yo a su vez se las enseñara a mis colegas a través de notas, reportajes, informes y ruedas de prensa porque ya se sabe que al periodismo económico los periodistas le suelen tener miedo cuando es el más interesante: ahí se cuecen y cuajan las cosas, los políticos escenifican peleítas pero el mundo del dinero y de la empresa es otra cosa. La política sirve para que los periodistas y la gente se distraiga, estilo “Aquí hay tomate” pero con corbatas. Todos vamos a saber dónde veranearán los políticos, es decir, esos pobres que están ahí para recibir bofetadas y servir a sus señores. Pero, a qué casi nadie habla de dónde veranearán los señores: los Botín, los March, etc., etc. Claro, de estos sabemos mucho menos porque para eso ponen a los otros delante: como tapadera. Si los políticos no han mandado nunca demasiado (y cuando quieren hacerlo o los matan o los degradan o los desprestigian) ahora mandan menos que nunca. Gobiernan pero no mandan porque si fuera así y representaran de verdad a los ciudadanos, de sus países no se iría ni una multinacional con beneficios a invertir en otro lugar para tener aún más beneficios. Y no se le darían a la Iglesia doscientos millones de euros al año, que mucho no ir a la misa del Papa el Zapatero pero lo principal no lo hace: el que quiera curas y religión que se lo pague.

 

Para que este diario vea lleno de altas “personalidades” un acto de presentación o relanzamiento tiene que meterse en la pomada y aún no lo ha hecho. Gracias sean dadas a los dioses. Bastante desgracia tienen esos colegas que han de ir detrás de Chaves para que les diga lo que ya saben que les va a decir: que el PP es muy malo y que Andalucía está imparable. Igual que si vas detrás de Arenas dirá lo contrario, por eso se vuelven tan viejos, porque su vida es previsible: cuando se levantan por la mañana ya saben lo que tienen que hacer, ya saben lo que tienen que pensar, no son dueños de ellos mismos, su vida está determinada. Luego, claro, para no autodestruirse y sobrevivir, y conservar el estatus, se inventan eso de que unos son progresistas y otros más progresistas todavía, y de que sirven a la democracia. Lo malo es que los periodistas se ven arrastrados a esta aburrida y falsa dinámica y acaban por envejecer también antes de tiempo. Este diario es joven aún, es un niño; gracias les doy a los mecenas esos que se han interesado por él. A ellos les digo: dejadlo que vuele solo, libre, dejad a sus periodistas que trabajen y que apliquen su profesionalidad, todos los periodistas saben su profesión, de lo que se trata es de que los dejen trabajar a gusto, porque mientras más anodino y viejo sea el periodismo, más vulgar, resignada y anciana se volverá la sociedad. ¿Es eso lo que queremos? ¿Una sociedad envejecida e ignorante? A lo peor, sí. Pero entonces que nadie me diga que estoy en una democracia, ni local, ni global ni leche frita.


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