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Este diario se ha lanzado a la calle en forma de
papel y se presentó en la Feria de San Fernando pero, al mismo tiempo, Chaves
andaba por ahí y, claro, eso fue en perjuicio del acto. O al revés, según se
mire, porque no me pongo en el puesto de Chaves ni aunque me lo regalen.
Prefiero mil veces alternar con esas mozas salineras que he visto en las fotos
que con el “presi” porque las salineras me dirían cosas más cotidianas y porque
soy un amante de la mujer, ya sin remedio, me parece (no sé si es cuestión de la
edad, de las hormonas o de que cada vez me aburro más con todo). El político se
traiciona a sí mismo todos los días varias veces y mientras más alto haya
llegado, mayor es la negación de sí mismo. Como premio de consolación obtiene
coche oficial y pasar a la historia pero a la historia menor porque a la
Historia sólo trascienden las mentes más preclaras y los políticos, en España,
se han tornado en ejemplos de mediocridades absolutas desde la Transición hasta
hoy. En mi trabajo como periodista he escuchado/entrevistado a Plácido Fernández
Viagas, Tierno Galván, Carrillo, Fraga, Guerra, Felipe, Clavero, Soledad
Becerril, Anguita… Y no hay color. Estos no se dejaban mangonear y ahora, por lo
general, mientras más manejable se sea, más alto se llega. Allá ellos y los que
los suben. Y pobre de nosotros.
Los colegas periodistas van al pastel más grande
claro –grande según un estrecho concepto político y mercantil- y los cabecillas
también. Si este periódico estuviera fuertemente respaldado por la Banca, El
Corte Inglés y Cajasur, pongamos por caso, habrían ido todos a la Feria de la
Bahía, en las redacciones se habrían preocupado de que así fuera aunque se
dieran coincidencias de actos. O hasta le hubieran dicho al director de este
diario: “Oye, pon la cosa otro día que ése viene Chaves”. O ya se hubieran
encargado los departamentos de comunicación de esas grandes empresas del asunto,
trasladando el evento porque no van a mudarle la agenda al ex “candidato a
palos”, que bastante tiene el hombre con ir por ahí con chaqueta y corbata con
45 grados y de pelearse con Teófila y con Javier Arenas, que está cada día más
viejo y más gordo, con lo joven que es. Con toda mi buena intención y sin cobrar
nada, le digo al PP: miren, ustedes no ganan en Andalucía con esos mimbres
porque los andaluces ya han demostrado que no desean votar a una rubia tan de
bote y la han botado y tampoco votarán a un señor que se ha vuelto viejo siendo
joven porque se le ha parado la cabeza, que por eso se envejece, no por los
años. Tampoco lo votarán nunca por otras cosas que me callo, así que a aguantar
lo menos malo: ese Zarrías, tan artificial y diestro; ese Vallejo, que quiere
ponernos a la Universidad a fabricar tornillos para las empresas porque supone
que eso es innovar; y menos mal que le regalaron a Zapatero a Carmen Calvo y a
Magdalena Álvarez, que ya no enseña las piernas como antes, cuando se las
fotografiaba Pablo Juliá, mi colega doble, en el periodismo y en la docencia
universitaria. Yo estuve enamorado de Magdalena y se lo dije en un artículo.
Pero aquello ya pasó aunque “donde candela hubo algún rescoldo quedó”. Al menos
por mi parte. Magdalena me invitó a Cola-Cao hace ya bastantes años. No lo
olvidaré jamás porque entonces mi amor era pleno. Nunca hubo nada entre
nosotros, no hubo tomate, creo que era poca cosa para Ella. Todo quedó en lo
platónico, por mi parte.
Carmen Calvo estuvo muy bien asesorada por mi
también doble colega y sin embargo amigo, Antonio López Hidalgo, cuando estaba
en la Consejería de Cultura. Me acuerdo que cuando me la presentaron le dije:
“Carmen, vigila los dineros públicos que le dais a las editoriales porque me
parece que en algunos casos la cosa está mal repartida”. Y me contestó. “Eso lo
arreglamos las feministas”. “Coño, qué miedo”, pensé, como si fueran los
bolcheviques. Luego, el año pasado, creo, la vi aquí, en Sevilla, en un ágape,
cuando inauguraron los nuevos servicios del Archivo de Indias. Las campanas de
La Giralda, que están al lado, le jodieron el discurso, no se oía nada de nada.
El ruido era ensordecedor, era como si toda la ira de Yahvé estuviera cayendo
sobre las cabezas de los que han permitido que los gays y lesbianas se casen y
sobre los que estábamos siendo cómplices con nuestra presencia. Pero lo
importante es que comimos muy bien, a costa de ustedes, lectores. Mis amigos los
escritores Emilio Durán y Jesús Solano no hacían más que tirarles los tejos a
las camareras. Qué vergüenza, delante de la ministra feminista…
Luego tenemos a Cristina Narbona, con quien
trabajé estando servidor de ustedes en la Consejería de Economía y siendo ella
viceconsejera. Buena etapa aquella, con Julio Rodríguez de consejero. Luego,
Julio se fue a Madrid como presidente del Hipotecario y tiró de Cristina que me
enseñó muchas cosas de economía para que yo a su vez se las enseñara a mis
colegas a través de notas, reportajes, informes y ruedas de prensa porque ya se
sabe que al periodismo económico los periodistas le suelen tener miedo cuando es
el más interesante: ahí se cuecen y cuajan las cosas, los políticos escenifican
peleítas pero el mundo del dinero y de la empresa es otra cosa. La política
sirve para que los periodistas y la gente se distraiga, estilo “Aquí hay
tomate” pero con corbatas. Todos vamos a saber dónde veranearán los
políticos, es decir, esos pobres que están ahí para recibir bofetadas y servir a
sus señores. Pero, a qué casi nadie habla de dónde veranearán los señores: los
Botín, los March, etc., etc. Claro, de estos sabemos mucho menos porque para eso
ponen a los otros delante: como tapadera. Si los políticos no han mandado nunca
demasiado (y cuando quieren hacerlo o los matan o los degradan o los
desprestigian) ahora mandan menos que nunca. Gobiernan pero no mandan porque si
fuera así y representaran de verdad a los ciudadanos, de sus países no se iría
ni una multinacional con beneficios a invertir en otro lugar para tener aún más
beneficios. Y no se le darían a la Iglesia doscientos millones de euros al año,
que mucho no ir a la misa del Papa el Zapatero pero lo principal no lo hace: el
que quiera curas y religión que se lo pague.
Para que este diario vea lleno de altas
“personalidades” un acto de presentación o relanzamiento tiene que meterse en la
pomada y aún no lo ha hecho. Gracias sean dadas a los dioses. Bastante desgracia
tienen esos colegas que han de ir detrás de Chaves para que les diga lo que ya
saben que les va a decir: que el PP es muy malo y que Andalucía está imparable.
Igual que si vas detrás de Arenas dirá lo contrario, por eso se vuelven tan
viejos, porque su vida es previsible: cuando se levantan por la mañana ya saben
lo que tienen que hacer, ya saben lo que tienen que pensar, no son dueños de
ellos mismos, su vida está determinada. Luego, claro, para no autodestruirse y
sobrevivir, y conservar el estatus, se inventan eso de que unos son progresistas
y otros más progresistas todavía, y de que sirven a la democracia. Lo malo es
que los periodistas se ven arrastrados a esta aburrida y falsa dinámica y acaban
por envejecer también antes de tiempo. Este diario es joven aún, es un niño;
gracias les doy a los mecenas esos que se han interesado por él. A ellos les
digo: dejadlo que vuele solo, libre, dejad a sus periodistas que trabajen y que
apliquen su profesionalidad, todos los periodistas saben su profesión, de lo que
se trata es de que los dejen trabajar a gusto, porque mientras más anodino y
viejo sea el periodismo, más vulgar, resignada y anciana se volverá la sociedad.
¿Es eso lo que queremos? ¿Una sociedad envejecida e ignorante? A lo peor, sí.
Pero entonces que nadie me diga que estoy en una democracia, ni local, ni global
ni leche frita.
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