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Pues sí, la verdad es que lo que medio sé hacer en
la vida es escribir. Si coloco un cuadro me sale doblado y si trato de arreglar
la luz me cargo la instalación, así que zapatero a tus zapatos y Zapatero a los
suyos, o sea, a decir, por ejemplo, que va a ayudar a los jóvenes con dinerito
pero sin ir al fondo: colocando una legión de inspectores de trabajo y evitando
de verdad la barbaridad que están haciendo con el derecho a una vivienda y no de
treinta y tantos metros cuadrados. O quitando soldados de Irak pero añadiéndolos
en Afganistán y en los Balcanes, para que no se enfade más el César. Es lo malo
que tienen los sociatas, que lo hacen todo a medias. Aún así dan el pego pero yo
me crié leyendo historia, leyendo Triunfo, La Calle y otras
revistas que ahora no existen en papel. Y a mí no me la dan. Hace decenios que
aprendí quiénes eran los sociatas y cómo en Alemania se cargaban a sus
juventudes porque se estaban yendo demasiado a la izquierda y cómo aquí en
España se pasaron por la piedra a Radio 3 cuando era alternativa. Cómo en Canal
Sur el 90 por ciento o más de los que aparecen en tertulias o son de la cuerda o
son del cordón. Cómo Martín Benítez sigue manipulando a la gente todas las
mañanas y nadie dice nada. El mozo llama a eso algo así como subjetividad
bienintencionada. Y encima le dan premios.
Voy a escribir de nuevo en este diario porque en
los otros censuran demasiado cuando has decidido ir de librepensador. Le digo a
mis alumnos, en plan pragmático, que si quieren ser algo en la vida se arrimen
al PSOE, al PP o al Opus. Lo dominan casi todo, están en todas partes, controlan
el mundo mediático más masivo. Por eso ni nos damos cuenta de determinadas y
sibilinas campañas. Por ejemplo, lo de Milosevic. Ahí había un díscolo –no era
un ángel, ya lo sé, pero Blair tampoco y Bush menos- que se empeñaba en
construir algo distinto al Nuevo Orden en el corazón de Europa. Y le prepararon
una estrategia para quitarlo de en medio, hasta que lo han hecho, sea porque le
ha dado un ataque al corazón, sea porque lo han matado, da igual, entre todos lo
mataron y el solito se murió. Qué maravilla de campaña: primero se reconoce a
Croacia para provocar la guerra; después se busca a los malos, los serbios,
luego se simplifica al máximo la cuestión: los malos y los buenos. Aparecen más
buenos, los kosovares, y los malos se vuelven más malos. No hay más remedio que
intervenir: la OTAN bombardea Serbia, televisión incluida, con periodistas
dentro. Trincan al malo y muere misteriosamente. Muerto el perro, se acabó la
rabia. Y lo asombroso: la gente –ya con el coco lavado- se lo traga todo,
bastante tiene la ciudadanía con la muerte de la Jurado.
Lo de la Jurado ha sido la muerte retransmitida en
directo. En cuanto se largaron para USA en masa los miembros de la familia, los
medios dijeron: “Guate, aquí hay tomate”. Y empezaron a montar el negocio: ésta
la palma, así que tenemos pasta a la vista. No hay que dormirse, habemus
culebrón: la familia que va y viene en la clínica de Houston (ya se ha visto que
en España la podían haber tratado igual, lástima de dinero entregado al yanqui);
la enferma que vuelve en avión privado, la llegada, la bulla, la agonía, la
muerte, el entierro aquí y allí, los funerales, la herencia y luego a ver si
tenía amantes o no, a ver cómo la trataban y cómo trababa ella a la gente. Aquí
hay tela que cortar, como en lo de Encarna Sánchez. Se cabrea el grupo Vocento
(Tele 5) con la COPE, por lo que larga Jiménez Losantos contra el negocio de
Berlusconi y los vascos, y la tele de las ex mamachichos empieza a decirle a la
COPE que ha tenido empleada a una lesbiana cruel. ¡Toma ya, curas! Y al frente
de la campaña se pone el presentador de Aquí hay tomate, sirviendo a su
empresa con pasión gay.
En lo de la Jurado sólo faltó aquello de: “Sigue
estable. Firmado, el equipo médico habitual”, como cuando Franco se estaba
muriendo y su yerno hacía de paparrazi en lugar de ejercer de médico, que
la pela es la pela. Y he echado de menos también a Pepote Rodríguez de la
Borbolla que cuando era presidente de la Junta alardeaba de Rocío. Sí, me está
gustando esto de escribir, incluso un pintor, don Manuel Rubio, me anima desde
este diario. En verdad, tiene usted razón: “Me queda la palabra”, que dijo Blas
de Otero. Usted se lo ha buscado, don Manuel.
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