
Un aula de relajamiento, eso le han puesto ahora
a los jóvenes por si se estresan o angustian en el examen de entrada a la
Universidad. “No me estreses”, decía en un anuncio un caribeño. Alguien
quiere que los jóvenes tengan una vida eterna, sentados a la sombra de una
palmera mientras a sus pies se extiende el mar verde del Caribe y una mulata o
un mulato o una garota –un profesor o su mamá, por ejemplo-, les ponen en sus
manos un cubata de piña colada. Niños mimados acaban siendo jóvenes idiotas y
universitarios chulos y creídos que en realidad no saben nada de nada. Los
niños se cagan, vomitan y se mean en calles y plazas, rompen botellas, se
defecan -metafóricamente, claro está- en sus padres y se cachondean de ellos
llegando a casa cuando les sale de los mismos o mismas, pero, eso sí, al
levantarse, la ropa sucia está en la lavadora y el frigorífico se mantiene
lleno de comida. Desprecian a la sociedad y a su patrimonio (las ciudades son
“zoológicos” donde los jardines y los monumentos deben estar rodeados de
verjas) pero, eso sí, cuando llegan al examen de selectividad un aula de
relajamiento por si se ponen malitos. Como siempre, el que no esté en este
grupo de inmaduros no se sentirá aludido. Que se salve el que pueda.
Qué ridiculez de sociedad. Hemos pasado de la
mili franquista, indigna, del ordeno y mando, alienante e inútil, a esta
situación posmoderna que parece un criadero de papanatas, igualmente inútil.
Hemos pasado de una situación en la que los padres respetaban a los docentes y
si el mozo llegaba a casa con una queja se contrastaba la opinión con el
profesor o se le decía “algo habrás hecho”, a dar por sentado que nuestros
hijos son cojonudos y que los equivocados son siempre sus educadores; si antes
la educación empezaba en casa, en la familia, ahora la familia se lo endosa
casi todo al colegio y al instituto, agobiada como está porque se halla sumida
en un despiste absoluto, no sabe qué está pasando ni qué hacer. Muchos padres
están encantados cuando se aumentan las horas de colegio para actividades
extras, así se libran de los niños. Cuando llegan las vacaciones empieza el
infierno: las parejas discuten y hasta se divorcian, los hijos se desesperan
junto a sus progenitores porque durante el resto del año han vivido como en
una pensión, como desconocidos (en las antiguas pensiones se conocía más la
gente). Y el caso que los profesores no tienen ni capacidad –muchas veces- ni
elementos legales y ejecutivos para combatir o intentar paliar lo que está
ocurriendo.
El presidente extremeño, Rodríguez Ybarra, que
parece un bolchevique de tres al cuarto cuando habla, critica la
manifestación, organizada por curas y fachas, que en Madrid protesta contra la
unión de homosexuales y argumenta que si desean defender a la familia que se
manifiesten contra los malos tratos a las mujeres. Todo muy bonito, muy del
gusto de la progresía del PSOE, de la derecha sonriente, como dice el profesor
Vicente Romano. Pero no es capaz de llegar más allá: si se desea proteger de
verdad a la familia la manifestación debe ser contra los efectos de la nueva
economía en red que ha separado a los grupos humanos consanguíneos y está
impidiendo la transmisión del conocimiento en los ámbitos culturales
primarios. La nueva economía ha llenado de hastío y horas extras a los padres;
ha incorporado a la mujer al trabajo pero sin darle la posibilidad de poder
sintetizar su papel de mujer con su papel de madre (lo mismo le ocurre al
varón pero hay diferencias biológicas evidentes) y la mujer ha caído en esta
trampa e imita la mierda de sociedad que los hombres hemos edificado; hasta
una ministra le habla a los jóvenes de viviendas de treinta metros cuadrados
como si viviéramos en Japón, un país esquizoide que ha enterrado su pasado
entre rascacielos y trenes bala, sin apenas extraerle provecho. La nueva
economía ha fabricado millones de trabajadores de usar y tirar, gente sin
principios ni valores –que no sean el dinero de plástico, los jueguecitos de
las nuevas tecnologías o la vida supuestamente de lujo- que son explotados
como asnos alrededor de una noria y al cabo de diez o quince años son
arrojados a la papelera y sustituidos por otros. Y el caso es que, como
carecen de una preparación académica adecuada, creen que estas cosas deben ser
así. Y como es necesario que sigan pensando que las cosas son así, se está
intentando disminuir la presencia de las materias más interpretativas en la
enseñanza y en la vida en general.
Pero, claro, todo esto ya no lo dice el
presidente de Extremadura porque la nueva economía es obra de partidos como el
suyo, que se han tomado más interés por edificarla que los mismos partidos de
derechas de toda la vida. Los conversos son así: más papistas que el Papa.
Como nunca se va al fondo de las cosas, vamos a seguir muchos años –no sé
hasta cuándo- con esta sociedad de gestos estúpidos como el aula de la
relajación que es una especie de guardería infantil donde le cambian al niño
los pañales cuando se hace caca porque ha llegado el momento de enfrentarse
con una cosa que desconoce y que se llama la existencia, la pasión y la
tragedia de existir.
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