
Se me
ha colado un viaje de publicidad en el ordenador a través de Internet. Aparece
incluso sin estar conectado. Es un virus que muta permanentemente, como el
VIH, y va cambiando los anuncios. Como casi toda la basura mental y cultural
de este planeta, procede de los EEUU. Hace años se publicó que también el
virus del SIDA lo habían fabricado los gringos. Después se le ha echado la
culpa a los monos. Como puede observarse, soy eso que llaman
antinorteamericano, es decir, según Aznar y los nuevos nazis con traje
democrático, anacrónico, pero no es exactamente así. Comprendo a Aznar como
comprendo a la Iglesia. El primero ha querido subir a España en el carro que
perdió por no haber participado en las dos guerras mundiales. Por eso llevaba
esa política de lameculos de Bush (en el caso Couso se vio con claridad:
“Nosotros, lo que diga EEUU”, dijo sobre el tema en la Casa Blanca, delante
del propio Bush. EEUU había dicho que fue un acto de guerra, que jamás
matarían a un periodista). Por desgracia, los países y el mundo avanzan (al
menos tecnológicamente) con la guerra. La misma comunicación ha avanzado
siempre gracias a la guerra: el telégrafo en los propios EEUU; la radio, la
televisión, con Hitler; las telecomunicaciones y la informática, ahora. ¿Qué
países y civilizaciones dominan el planeta? Las más asesinas, para qué nos
vamos a engañar: las que han causado más muertos. Así es nuestra especie, el
que quiera que la tome y el que no que la deje y se pegue un tiro. Yo desde
luego, me quedo aquí por el momento porque no tengo nada mejor que hacer.
Lo que
ocurre es que Aznar se apuntó a unos EEUU putrefactos e hipócritas. Hay un
pueblo estadounidense inteligente que, por supuesto, y por regla general,
suele estar relegado en las catacumbas. Pero lo hay: gente que está horas y
horas investigando para que las enfermedades no nos devoren; gente creadora,
gente estudiosa de la geopolítica y de la comunicación, como Pielger, Chomsky,
Herman y McChesney. Auténticos elementos humanos a admirar que no les
interesan ni a Bush ni a su mayordomo Aznar. En la misma Universidad de
Georgetown, donde se han ido Aznar y Garzón, lo mismo existe un núcleo de
profesores ultraconservadores (es otra forma de llamar a los nazis del siglo
XXI) que marxista o socialista.
También
he dicho que entiendo a la Iglesia. Juega al miedo y al no a todo –menos a
llenar su cepillo- porque sabe que su clientela está ahí y que su seña de
identidad en la Historia ha sido el miedo: acoger a toda persona con miedo a
la vida, con miedo a todo, ser refugio en este “valle de lágrimas”, pasear
bajo palio a Franco, darle la comunión a Pinochet, hacer la vista gorda con
Mussolini y Hitler y condenar toda aproximación de los obispos, los sacerdotes
y los teólogos al marxismo porque, a fin de cuentas, la Iglesia es un gran
propietario que hace su papel en este mundo. Igualmente, no soy un
antinorteamericano anacrónico porque hasta ahora la evolución nos demuestra
que el estado ideal de los seres humanos es la guerra y el mercado. Ambos
aspectos tienen una sede clara: EEUU. El individuo –y la individua- es, ante
todo, yoísta, exclusivista, se quiere a sí mismo primero que a nadie. Y a esa
naturaleza corresponde socialmente un régimen: el Mercado. Y un modelo: EEUU.
Ahora
bien, eso no quiere decir que me conforme con el asunto, con tan lamentable
asunto, porque también yo soy parte de la evolución y no me gusta esto. Hay
evolucionistas que opinan que este estadio se va a acabar poco a poco y la
maduración de la mente nos llevará a otros más “superiores” y solidarios, pero
otros afirman que la evolución del cerebro ya ha terminado y que están
apareciendo síntomas de las nuevas adaptaciones al medio, como la impotencia.
El varón tiene que seguir dando guerra, en la guerra y en la paz. En los
anuncios que leo en el periódico hay uno para hombres maduros donde se indica
que existen remedios eficaces para la impotencia. Al lado del eslogan, un
sujeto de unos 50 años nos muestra un rostro sosegado y junto a él una mujer
sonríe satisfecha. En los anuncios que irrumpen cuando abro el ordenador, uno
de ellos incita a consumir una pastilla azul para un adecuado empalme. Pero lo
malo es que está dirigido a jóvenes que tienen al lado una “garota” igualmente
contenta porque su macho la ha dejado feliz tras la guerra sexual
correspondiente (en teoría, con tales mozas no debería hacer falta mejunje
alguno). Parece mentira que ya ni la gente joven mantenga enhiesta la bandera
ni dé la talla; si Franco levantara la cabeza y viera en qué ha terminado la
Raza hispánica, aquélla de Cortés, Pizarro y los Hermanos Pinzón. Como “la
jodienda no tiene enmienda”, éste es un problema crucial. Quién sabe si los
señores de la guerra que pululan por el mundo lo que tienen es un problema de
erección y como ni pueden dar guerra en el hogar la toman con los moros y los
subversivos en general. El caso es que el mundo avanza con la guerra. La única
verdad es la guerra y las partes bajas.
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