
La semana pasada se produjeron dos detenciones muy
relevantes: la del batasuno Otegi y la de unos depravados que se dedicaban a
violar bebés y a exponer las escenas por Internet. Pero la información a la
que tuve acceso le daba más relevancia a la primera de las detenciones que a
la segunda. ¿Por qué? Porque gente como Otegi pone en peligro al Estado que es
quien tiene el monopolio de la violencia y los ultrajadores de bebés son una
desviación cultural y biológica del comportamiento humano. Detrás de ambas
detenciones está la muerte, el terror, pero se le da más importancia a una
muerte que a otra y a un terror más que a otro. Todo Estado se ha constituido
como tal por medio de la violencia, usada a través del tiempo. Por eso se le
teme más a la violencia de Otegi, que tiene al Estado como diana central, que
a la que ejercen unas mentes macabras contra aquellos seres que suponen
nuestra prolongación en el tiempo y, por tanto, la preservación de la especie.
Cuando el Poder tiene en frente a una organización o a
una banda o como quiera llamársele, que usa pistolas y bombas, el hecho de que
destruyan nuestra continuidad biológica y cultural pasa a segundo plano. La
protección del menor se queda en cuestión secundaria y los voceros del Poder
aumentan el tono de su anodina cantinela mientras que dejan en un aparte un
detalle que demuestra la decadencia moral y ética a la que hemos llegado. La
defensa del que no se puede defender es subalterna de la defensa del orden
instituido, pero ese orden no es exactamente nuestro orden, el de todos, sino
su orden, el de ellos, el orden de los negocios.
En sucesivos días, tras las detenciones, se ha tratado
hasta la saciedad el tema Otegi y su posterior salida en libertad pero el otro
asunto se ha ido diluyendo. Luego han llegado los dos referéndums sobre la
“constitución” europea y de nuevo el orden de ellos está en peligro, herido de
gravedad. Consultar a la gente tiene sus riesgos. En España actuamos como
buenos recién llegados al club, representamos un significado intermedio entre
el fanatismo de los conversos ex comunistas y los viejos demócratas de la
vieja Europa. Aquí se le dijo que sí a Zapatero y se dijo que sí por el qué
dirán en Europa los dueños del club si damos la nota. Es el sí de los nuevos
ricos ignorantes. Pero hay quien se lo ha pensado más y quien ha leído mejor,
por fortuna no en todas partes cuecen Los Morancos y Los del Río. Se ha
producido una nueva disfuncionalidad informativa: los medios de comunicación
franceses y holandeses, como fieles portavoces no de ellos y del periodismo
sino de quienes los sostienen, han perdido su batalla manipuladora. Está claro
que el periodismo cada vez pinta menos en la vida de los ciudadanos. Lo han
“calado” y empieza a no engañar a nadie a estas alturas de tanta
tergiversación.
He ahí el riesgo de forzar la democracia demasiado. El
orden de ellos exige una democracia en la que se elige a unos señores que ya
tienen el guión marcado de antemano, que ocultan claves esenciales a sus
electores y los apartan de las decisiones más sustanciales para la vida de la
comunidad. Después, en nombre de la democracia, deciden por ellos. Pero decide
una casta, una nomenclatura que funciona en un círculo cerrado y al servicio
de un orden. Ahora, tras los dos resultados, dicen que hay que seguir, que hay
confusión. No hay ninguna confusión. El mismo texto sometido a consulta (es un
texto lo que se ha votado, no Europa) exige el voto afirmativo de todos los
países. Ya hay dos países que lo han rechazado, así que de confusión nada, a
enmendar esa supuesta constitución que no es más que un intento de consagrar
el orden de ellos, es un documento mercantil adornado con palabras bonitas que
se ahogan en su propia ambigüedad. Afortunadamente, aún quedan esperanzas de
que los ciudadanos decidan de vez en cuando asuntos relevantes. Les recomiendo
a ellos que para que sigan consolidando su orden persistan en la labor
emprendida: más lavado de cerebro en lo que a olvido de la historia se
refiere; más reformas de planes de estudios donde se ignoren o arrinconen las
materias que desarrollan el conocimiento; más penetración de Internet en las
casas; abaratamiento de las llamadas telefónicas en todo tipo de teléfonos;
tarifas planas; supresión de titulaciones universitarias en ciencias sociales
y humanidades; más “periodismo” catastrofista y de sucesos; más porquería
rosa; más atención al terrorismo. ¿Qué iban a hacer ellos sin terrorismo?
Inventarlo. Si las víctimas levantaran la cabeza… Como no hagan esto se les va
a desgastar el orden y la gente, poco a poco, se va a enterar de lo que en
realidad están haciendo con ella: ahora lo intuye pero no lo sabe. Que no lo
sepa nunca, he ahí el secreto del orden… de ellos.
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