
La Constitución de 1812 fue uno de esos intentos
que se han llevado a cabo en España para subirse al carro que siempre se había
rechazado: el de la libertad. ¡Qué clase hegemónica más cobarde tiene España!,
salvo algunos casos en Cataluña y País Vasco. Andalucía en esto siempre ha
estado bien situada, ahora es cuando empieza a despegar, pero aquí no ha
existido apenas quien tire del carro del mercado: siempre pegaditos a la
tierra –yerta- y a Madrid, algo que ha empobrecido a esta tierra hasta
extremos intolerables. Recuerdo aquel cartel de la Transición: “Si el andaluz
pobre piensa en Cataluña y el andaluz rico piensa en Madrid, ¿quién piensa en
Andalucía?”. Cómo ha cambiado el panorama: de zona de emigrantes a receptora
de magrebíes, etc., por eso debemos ser comprensivos con los inmigrantes y
ellos con nosotros, que todo hay que decirlo.
Ahora llega el 2012 y Cádiz quiere celebrarlo
por todo lo alto, como es lógico. Y el caso es que el PP se ha unido a la
Pepa, la va a utilizar como pretexto para que se hagan cosas en la ciudad y
provincia, que buena falta le hace. Cádiz es una de las pocas ciudades
andaluzas –si no la única- que pierde población no porque la gente se vaya al
extrarradio sino porque se va de la ciudad a otro lugar. La mayoría de mis
alumnos gaditanos no desea volver a Cádiz cuando termina la carrera porque
dicen que en Cádiz no hay vida laboral y, en general, hay poco ambiente. Es
muy triste. La ciudad más antigua de Europa, de Occidente, y en ese estado. Me
cambiaría una temporada por un apartamento frente al mar y unas clases en la
Universidad de Cádiz. Y quién sabe si una buena temporada porque la Caleta es
deliciosa pero, claro, no se puede estar “contigo, pan y cebolla”. Sevilla
utilizó los quinientos años del genocidio maya e inca, entre otros pueblos,
para reconstruir la ciudad. Muchas de aquellas obras de 1992 ya se han quedado
obsoletas porque lo que se dio fue un despilfarro descomunal y corruptelas
varias. La circunvalación SE-30 no vale; el puente del V Centenario (que en
Sevilla le llaman el Paquito porque es parecido al de San Francisco pero en
pequeño) es una chapuza en el que se producen atascos y accidentes; la llamada
Ronda Super Norte hubo que construirla dos veces también debido a la mala
gestión; algo parecido ha pasado con la Autovía del 92 destino Málaga y
Granada… Pero 1992 sirvió para dar lustre a la ciudad y para que los políticos
se hicieran la foto.
Espero que Cádiz no copie a Sevilla en esto de
los fastos como excusa para el chalaneo y los paños calientes. Debe aprovechar
“su 92” para colocarse a la altura de las circunstancias. El PSOE se arrimó a
Hernán Cortés y a Pizarro pero ahora se arrima a la Pepa y no le duele en
prendas hacerlo junto con el PP: así debe ser. La democracia lleva en sí misma
un germen de corrupción perenne: el voto. Porque la captación del voto obliga
a mentir continuamente a los políticos para diferenciarse en algo unos
partidos de otros. Como el pluralismo en realidad es una falacia, el voto se
logra mediante pugnas de tres al cuarto que cansan al ciudadano, pugnas que se
presentan como una actividad por el bien de los ciudadanos pero que, en
realidad, encierran todo lo contrario. La búsqueda del voto, tomada así, sólo
sirve para el efecto contrario: la pérdida de ese voto, por eso sube la
abstención, porque los partidos no hacen democracia sino que juegan a hacerla
muy por encima de las necesidades y de la realidad de los ciudadanos.
Ahora la Pepa ofrece la oportunidad de actuar y
en esto no deben existir diferencias PP-PSOE (dejémonos de patrañas, en la
esencialidad, no existen, sólo que hay que desempeñar un papel). Eso sí, es
paradójico que una Constitución que pretendía colocar a España a la altura de
la Europa ilustrada sea abrazada por un PP que ha tomado una línea política
cavernícola para marcar la diferencia con el PSOE. Y es que, en el fondo,
parece como si la derecha española siguiera siendo aquella que cortó las alas
de la Pepa y la que recibió a Fernando VII con el grito “Vivan las cadenas” y
la que se empeñó en unificar a una zona llamada España que en realidad es una
extensión que debería ser una federación de estados. La Pepa puede obrar el
milagro de hacer de Cádiz la tacita de plata pero llena de un sabroso café
estimulante, mezclado con la leche blanca del corazón blanco que los seres
humanos tienen muy dentro de sí mismos aunque apenas sea visible. A pesar de
que personalmente esté en contra de que deban llegar celebraciones para
arreglar situaciones que son derechos ciudadanos (Valencia no ha necesitado ni
Expo ni Campeonato Mundial de Esquí, ni Olimpiadas para desarrollarse
magníficamente) está claro que menos da una piedra.
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