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 CONTRACORRIENTE

Cádiz, la Pepa, y el PP

  RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

La Constitución de 1812 fue uno de esos intentos que se han llevado a cabo en España para subirse al carro que siempre se había rechazado: el de la libertad. ¡Qué clase hegemónica más cobarde tiene España!, salvo algunos casos en Cataluña y País Vasco. Andalucía en esto siempre ha estado bien situada, ahora es cuando empieza a despegar, pero aquí no ha existido apenas quien tire del carro del mercado: siempre pegaditos a la tierra –yerta- y a Madrid, algo que ha empobrecido a esta tierra hasta extremos intolerables. Recuerdo aquel cartel de la Transición: “Si el andaluz pobre piensa en Cataluña y el andaluz rico piensa en Madrid, ¿quién piensa en Andalucía?”. Cómo ha cambiado el panorama: de zona de emigrantes a receptora de magrebíes, etc., por eso debemos ser comprensivos con los inmigrantes y ellos con nosotros, que todo hay que decirlo.

 

Ahora llega el 2012 y Cádiz quiere celebrarlo por todo lo alto, como es lógico.  Y el caso es que el PP se ha unido a la Pepa, la va a utilizar como pretexto para que se hagan cosas en la ciudad y provincia, que buena falta le hace. Cádiz es una de las pocas ciudades andaluzas –si no la única- que pierde población no porque la gente se vaya al extrarradio sino porque se va de la ciudad a otro lugar. La mayoría de mis alumnos gaditanos no desea volver a Cádiz cuando termina la carrera porque dicen que en Cádiz no hay vida laboral y, en general, hay poco ambiente. Es muy triste. La ciudad más antigua de Europa, de Occidente, y en ese estado. Me cambiaría una temporada por un apartamento frente al mar y unas clases en la Universidad de Cádiz. Y quién sabe si una buena temporada porque la Caleta es deliciosa pero, claro, no se puede estar “contigo, pan y cebolla”. Sevilla utilizó los quinientos años del genocidio maya e inca, entre otros pueblos, para reconstruir la ciudad. Muchas de aquellas obras de 1992 ya se han quedado obsoletas porque lo que se dio fue un despilfarro descomunal y corruptelas varias. La circunvalación SE-30 no vale; el puente del V Centenario (que en Sevilla le llaman el Paquito porque es parecido al de San Francisco pero en pequeño) es una chapuza en el que se producen atascos y accidentes; la llamada Ronda Super Norte hubo que construirla dos veces también debido a la mala gestión; algo parecido ha pasado con la Autovía del 92 destino Málaga y Granada… Pero 1992 sirvió para dar lustre a la ciudad y para que los políticos se hicieran la foto.

 

Espero que Cádiz no copie a Sevilla en esto de los fastos como excusa para el chalaneo y los paños calientes. Debe aprovechar “su 92” para colocarse a la altura de las circunstancias. El PSOE se arrimó a Hernán Cortés y a Pizarro pero ahora se arrima a la Pepa y no le duele en prendas hacerlo junto con el PP: así debe ser. La democracia lleva en sí misma un germen de corrupción perenne: el voto. Porque la captación del voto obliga a mentir continuamente a los políticos para diferenciarse en algo unos partidos de otros. Como el pluralismo en realidad es una falacia, el voto se logra mediante pugnas de tres al cuarto que cansan al ciudadano, pugnas que se presentan como una actividad por el bien de los ciudadanos pero que, en realidad, encierran todo lo contrario. La búsqueda del voto, tomada así, sólo sirve para el efecto contrario: la pérdida de ese voto, por eso sube la abstención, porque los partidos no hacen democracia sino que juegan a hacerla muy por encima de las necesidades y de la realidad de los ciudadanos.

 

Ahora la Pepa ofrece la oportunidad de actuar y en esto no deben existir diferencias PP-PSOE (dejémonos de patrañas, en la esencialidad, no existen, sólo que hay que desempeñar un papel). Eso sí, es paradójico que una Constitución que pretendía colocar a España a la altura de la Europa ilustrada sea abrazada por un PP que ha tomado una línea política cavernícola para marcar la diferencia con el PSOE. Y es que, en el fondo, parece como si la derecha española siguiera siendo aquella que cortó las alas de la Pepa y la que recibió a Fernando VII con el grito “Vivan las cadenas” y la que se empeñó en unificar a una zona llamada España que en realidad es una extensión que debería ser una federación de estados. La Pepa puede obrar el milagro de hacer de Cádiz la tacita de plata pero llena de un sabroso café estimulante, mezclado con la leche blanca del corazón blanco que los seres humanos tienen muy dentro de sí mismos aunque apenas sea visible. A pesar de que personalmente esté en contra de que deban llegar celebraciones para arreglar situaciones que son derechos ciudadanos (Valencia no ha necesitado ni Expo ni Campeonato Mundial de Esquí, ni Olimpiadas para desarrollarse magníficamente) está claro que menos da una piedra.


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