
Papas en la sopa, papas con cebolla, papas a lo
pobre, papas a la brava, pastel de papas, papas fritas, papas aliñás, papas
con tomate, papas al vapor, papas cocidas, papas guisadas, revuelto de papas,
huevos con papas, gratinado de papas, papas rellenas, papas al dente, papas
alioli, papas con arroz, papas Matarile lire lon, chin pon; bullit valenciano
de papas, parrillada de papas, estofado de papas… Bar Papas, cocina selecta,
consulten nuestra variadísima carta en prensa, radio y TV o venga a vernos:
Calle Roma, s/n. A veces uno se siente en su derecho de perder la compostura y
de indignarse ante la intoxicación informativa que ha existido con motivo de
la llegada al Vaticano de un nuevo jefe de Estado, bajo el manto de la
religión católica, en esta ocasión. Pobre de nosotros cuando perdamos la
capacidad de indignación. ¿Para qué ha servido tanta Ilustración, tanta
separación Religión-Estado en Europa y EEUU, tanta Declaración Universal de
los Derechos del Hombre, tanta Revolución Francesa? Es más, ¿para qué murieron
tantos españoles en uno y otro bando en la Guerra Civil? ¿Para esto? Porque
esto es un insulto a los dos bandos, a las dos Españas, que existen, ya lo
creo que existen, como existen los dos EEUU o las dos Francias o las dos
Inglaterras o las dos Italias: una es la del miedo, otra la existencialista,
la que no le teme a las consecuencias de la libertad. En la primera se está
calentito y a gusto bajo la clámide de la simpleza. En la segunda hace frío
porque la existencia del ser humano produce angustia y es gélida. Como la
razón no es suficiente para calentarla, la mayoría acude a la religión. Es una
anormalidad que se ha convertido en lógica y normal. Los humanos no somos más
que un accidente de la evolución: somos los únicos seres vivos conscientes de
nosotros mismos. Y huimos de nosotros mismos cuando nos damos cuenta de esa
consciencia.
La Iglesia colocó bajo palio a Franco y ahora
los medios de comunicación de todas las tendencias colocan bajo palio a la
Iglesia. Los que más empeño han puesto en la faena han sido los medios
controlados por la progresía oficial, la televisión y la radio pública, del
PSOE. Hasta la extenuación, hasta que se produce en el receptor el efecto
contrario al que se buscaba: papas hasta en la sopa. ¿Es que eso los va hacer
más simpáticos a los ojos de la Iglesia? No, Roma no paga traidores. El
Vaticano llama a la desobediencia legal en el asunto de las uniones
homosexuales. Algunos destacados miembros del PP se niegan a “casar” a estas
personas y Celia Villalobos es sancionada por votar en conciencia a favor de
la medida sociata. Poco antes, la Iglesia había dicho que la conciencia estaba
por encima de todo. Se le olvidó añadir: por encima de todo “en las cuestiones
que a nosotros nos interesan”. Villalobos ha actuado en conciencia y los
seguidores del Papa la han condenado por pecadora. Los teólogos de la
liberación actuaron y actúan en conciencia y el Vaticano les cierra la boca,
les prohíbe hablar y dar clases. En Valencia, en la Universidad Cardenal
Herrera (San Pablo-CEU), una serie de profesores están siendo despedidos poco
a poco por formar un comité de empresa demasiado revoltoso, es decir, por
actuar en conciencia. Algunos de estos profesores son auténticas referencias
de la historia de la comunicación a nivel nacional e internacional, pero eso
no ha impedido la expulsión.
La Iglesia, la religión, siempre juega con
ventaja. Sabe que no es de este mundo, en efecto, pero que este mundo la
necesita. Y como los políticos saben eso se producen estas escenas mediáticas
de baboseo hacia una institución que va a durar lo mismo que dure la especie
humana sobre el planeta. Todas las religiones predican sin dar trigo, trabajan
sobre la base de una materia prima llamada Dios, algo etéreo que no está en
parte alguna de este mundo. Con esa materia prima fabrican ilusiones, fabrican
la Verdad, todas las religiones tienen la Verdad. En Canal Sur Radio, los
domingos por la noche, hay un pequeño espacio de cinco minutos patrocinado por
la Iglesia Evangélica (una de ellas). Se llama “Diálogos con la Verdad”. La
Verdad son cuatro inconsistencias elementalísimas y fantásticas, fuera de
contexto, carentes de metodología; qué más quisiéramos todos que esa Verdad
fuera cierta… Sin embargo, funciona para miles de millones de personas que se
convierten en consumidores del producto Verdad, con todo su merchandising, con
toda su gastronomía de papas en sus más diversas variantes. Ellos –los Sumos
Sacerdotes- tienen la Verdad y no les tiembla el pulso cuando, en su oficio de
mercaderes, la colocan aquí y allá, en todos los mercados. Yo también tengo la
mía que es –igualmente- la Verdad: la acabo de exponer, pero no la puedo
vender: es fea, arriesgada, no tiene colorido, al menos el colorido que casi
todos buscan. Es humana, demasiado humana. Y dura. Y libre. No tiene precio,
tiene valor y ya se sabe que sólo los necios confunden valor y precio. Papas
negras, arrugás, con chorizo muy picante y mojo picón, esa es la Verdad.
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