Número 0 - Año I

 

              

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 CONTRACORRIENTE

Banqueros

  RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

No era fácil que Botín, Amusátegui y Corcóstegui fueran condenados. El Estado no quería, el fiscal general hace meses que pidió el archivo de la causa. Sólo el empeño de una mujer, la juez Teresa Palacios, mantenía vivo el litigio. No podía ser: después de que hace poco se formara la que se formó con el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) y la purga de los vascos históricos (Ybarra y compañía), no se podía consentir otro follón, esta vez con el otro gran banco español y mundial: BSCH. El poder judicial y mediático saben que no se puede ir demasiado lejos, que hay una línea que no se puede cruzar, a menos que sea indispensable para la supervivencia del propio sistema. ¿Qué imagen estábamos dando ante el mundo, primero el BBVA, ahora el BSCH? La comunicación se ha portado muy mesuradamente y han sido silenciados dos libros sobre el tema: uno de Jesús Cacho, otro de Núria Almiron. 

 

Nos suelen caer mal los banqueros –a estas alturas creo que más por envidia que por eso que se llamaba conciencia de clase- pero, al mismo tiempo, nos gusta que nuestro dinero esté en lugar seguro porque el dinero es miedoso. Nos agrada la buena imagen de nuestro sistema financiero pero también nos place ver a los ricos sentados en el banquillo de los malos. Eso sí, dentro de un orden. A la hora de la verdad, hay que ser prudentes y hasta entreguistas, como la Junta de Andalucía, que después de quitar de en medio a dos de sus militantes díscolos, como López Benjumea e Isidoro Beneroso, ex responsables de El Monte y la Caja de Ahorros San Fernando, que pretendían fusionarse, no duda en corregir su propia ley de cajas para que no se enfaden Cajasur y la Iglesia. No digo que los antes citados sean unos santos pero es cierto que se les habían ido de las manos a la ex consejera de Economía y hoy ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y a Braulio Medel, responsable de Unicaja, ambos encargados de que la llamada “caja única andaluza” se pilote desde Málaga que es la mosca cojonera de Sevilla y el grano en el culo de Andalucía. Además es como el perro del hortelano: ni come ni deja comer. No me puedo callar más porque ya me jode demasiado este tema del odio a la ciudad en que vivo, no porque sea un micro nacionalista, sino porque ese odio, que no ha partido de aquí, está frenando el desarrollo de mi ciudad y eso es ya harina de otro costal. Tampoco me gusta, ya que escribo en un diario gaditano, que en verano se aplaudan con tanto entusiasmo los goles que en el Carranza (o en el Colombino) les endosan a Betis y Sevilla equipos venidos de América Latina o de la zona del antiguo telón de acero. Pero, ¿a qué jugamos aquí?

 

Regresemos con los banqueros. La concentración bancaria que en España abarca más o menos el periodo 1988-2001, es visible al público por el aumento de las siglas: primero, BB (Banco Bilbao); después, BBV (Banco Bilbao Vizcaya); después BBVA (se añade Argentaria, una entidad que fue de capital público). El BS (Banco Santander), pasó a ser BSC (con el Central) y luego BSCH (el Hispano). Ahí se apañaron jubilaciones de hiper lujo los ahora absueltos de las acusaciones de apropiación indebida y administración desleal. Esto del aumento de siglas es un reflejo elemental -en todos los sectores de la producción- del funcionamiento veloz y desbocado de la llamada nueva economía en red. Hay detalles significativos en este proceso que tienen que ver con la política. Por ejemplo, el BBVA ya no está bajo el control vasco de pura cepa (el banco fue fundado por la burguesía vasca en el siglo XIX) sino que ha pasado al control de Madrid a través de gente sumisa y ex altos responsables de Argentaria. Poco después de que ocurriera esto apareció el polémico Plan Ibarretxe. En cuanto al asunto BSCH me ha llamado la atención, sobre todo, el argumento que Ángel Corcóstegui utilizó el 10 de marzo de 2003 ante la juez para justificar los 110 millones de euros que le entregaron cuando en 2002 se marchó del banco: su ocupación profesional le originaba un “estrés insoportable” y una “gran presión psicológica” que le llevaron a plantearse “un cambio de vida”. Curioso: los impulsores de la globalización son víctimas de su propia criatura, no la controlan mediante su razón: no es la conciencia quien domina a la sociedad, sino las condiciones sociales son quienes dominan a la conciencia, dijo el genial Carlos Marx. Si el gran banquero está así se comprende cómo estamos los “de abajo” porque, como también dijo Marx, la mentalidad de la clase dominada es la de la dominante. Como se ve, los ricos también lloran pero hay una diferencia esencial: este mundo lo han creado ellos y, mientras se pueden retirar cuando lo deseen, los curritos de la base de la pirámide tenemos que seguir aguantando. Por eso nos colocan ante nosotros ilusiones como ser famoso a base de pelotazos, la ONCE, la lotería y otros despistes.         


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