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La náusea

  RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

El problema que tenemos en el “mundo libre” es el cansancio, la astenia permanente, el síndrome del quemado, una náusea que nos invade y que no sabemos de donde viene. El mundo libre no nos ha hecho felices, cubre nuestras necesidades físicas (las de la mayoría) pero no las psíquicas. No nos da un trabajo estable sino que nos mantiene en tensión para que no bajemos la guardia y produzcamos con el fin de que no nos quedemos detrás y Japón, China o Rusia nos rebasen. Todo es una guerra comercial que nos llega hasta los tuétanos. Éste es el origen más profundo de los males que padecemos porque el origen esencial es otro: ser humanos, que conlleva por necesidad la angustia, la incertidumbre. El ser humano “sabe que sabe” decía Boulding en su teoría de los sistemas. En el fondo, repetía las teorías de Freud y otros. La llamada constitución europea consagra este estado de permanente náusea: es el totalitarismo del Mercado. Ojalá algún país le diga no y la reconsideremos porque así no se puede seguir.  Me dirán muchos que soy un catastrofista pero que cada uno se mire a sí mismo y a su alrededor y considere lo que digo. A mí, en el fondo, me da igual lo que piensen: soy funcionario para toda la vida, aunque ya nos llegarán las vacas flacas y nos “regularán” también a los funcionarios. Pero yo eso no lo conoceré en España. Así que me podía dedicar a criar barriga y colesterol del malo en una casa adosada pero no tengo estómago para eso.

 

Las causas de la náusea son fáciles de explicar pero no tanto de demostrar. Se le inculca al ciudadano el pesimismo y el desaliento a través de mensajes cotidianos –mediáticos sobre todo- basados en los hechos más negativos y catastróficos porque se supone que eso es lo que desea la gente y porque eso es lo que da dividendos a las empresas de comunicación. Esto último es lo que da la razón a los programadores y a sus empresas -según sus propias afirmaciones- pero es falso porque si sólo se da un enfoque mensajístico, esencialmente igual, la gente se aplica la teoría de lo menos malo. Después de una jornada laboral extenuante, el personal se apunta a lo menos malo para evadirse pero la evasión se puede proyectar también construyendo, no destruyendo mentes y alienando. Una sociedad que ve que su mundo es sólo catástrofes y corrupciones se vuelve indolente, pasota, y muere en vida. Esto también es ideología: matar a la gente por inanición espiritual y cognitiva, quitándole las ganas de vivir y haciendo que sencillamente sobreviva o que viva en la paz de la resignación. En nuestro mundo libre cada vez hay más policías, más abogados, más querellas, más violencia latente y explícita, es decir, más importación de la mierda made in USA pero no de los aspectos positivos que hay en aquel país sino de toda la degradación que ha sufrido en los últimos decenios.

 

La información nacional está repleta de corruptelas políticas de tres al cuarto, protagonizadas por mediocres que han llegado donde están porque alguien prefiere marionetas a las que manejar desde la sombra en lugar de seres humanos coherentes y de carácter firme. Esa información se completa con asesinatos y otros sucesos ya rutinarios. La internacional se centra en las catástrofes y en las miserias. Una sociedad que a diario ve esto una y otra vez –y que vive otra realidad desagradable en lo cotidiano- acaba con una náusea crónica que es una forma de dominación. ¿Hay más cosas que decir? Claro, pero el periodismo se está muriendo, no se enfrenta al poder porque el poder es el dueño del periodismo y de los periodistas: un poder privado –sobre todo- y otro público que no tiene valor para proteger al ciudadano. El periodista tiene miedo porque el que le echa cojones a la profesión acaba fuera de ella. Y puesto que así está el patio, tenemos que conformarnos con las orejas y el rabo que Cayetano le corta a los toros, con la agonía de un autócrata como Rainiero –Mónaco, Suiza, Andorra, etc., no están en la UE porque son el estercolero de los poderosos-, con que Zapatero es malo y Rajoy bueno, o al revés, y con pamplinas por el estilo que se refieren a lo que pasa pero sólo en la superficie. La gente le ve sentido a la vida cuando observa que nadie tiene derecho de pernada. Y ahora hay muchos que lo tienen.


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