
Hay dos expresiones que se han hecho famosas en
el mundo del periodismo: el fondo de reptiles y la quinta columna. Por el
primero se entiende la actitud del canciller Bismarck y de los ministros de
gobernación españoles cuando, a finales del siglo XIX-principios del XX,
libraban una cantidad de dinero con destino a comprar la voluntad de
periodistas. Por el segundo, esa estrategia mediática según la cual la URSS
dedicaba un fondo a fines parecidos pero esta vez para que, como es lógico, se
arrimara la pluma al ascua soviética. Pero esto no es más que una extensión
conceptual de la infiltrada y misteriosa quinta columna que el franquismo
enquistó en el corazón de la República, en Madrid. Pues bien, el
quintacolumnismo existe hoy pero estimulado por los EEUU. Está presente en la
Universidad y por supuesto en los medios de comunicación. Se da en ellos una
tendencia a defender a una potencia extranjera (EEUU) incluso a costa de
denigrar al lugar donde uno ha nacido y ha sido educado: Europa. EEUU no puede
permitir que Europa llegue a ser lo que desea ser aunque en la presunta
Constitución que hemos votado (o, mejor dicho, que no hemos votado) se deje
bien claro que seguiremos con la OTAN y con los USA al frente. Hay periodistas
e “intelectuales” cuya defensa de los EEUU frente a Europa es tan descarada y
fundamentalista que cuesta creer que sea algo de cosecha propia. Más bien
parece cosa de estómagos agradecidos. Se puede defender a un país con el que
uno simpatiza pero no a costa de llamar a Europa Eurolandia, como hace un
boletín de tendencia fascista en la red (que por cierto está bastante bien
informado sobre los entresijos de los propios segmentos dominantes) o con esos
insultos continuos que espeta Federico Jiménez Losantos desde la COPE con la
bendición de la Conferencia Episcopal que, en éste, como en tantos otros
temas, se pasa el Evangelio por la entrepierna y crispa a España y a Europa
como ya hiciera en los años 90 con las corruptelas del PSOE que sí, que eran
ciertas, pero se presentaban a la opinión pública en forma de predicación
encendida, estilo Vicente Ferrer o cualquier ayatolá. Entonces, como ahora,
había predicadores que se parecían a esos charlatanes que abren casas
evangélicas en EEUU y en América Latina para lucrarse a costa del idiota y del
débil ciudadano abandonado por el Estado a su suerte.
Los predicadores tenían nombres: Antonio
Herrero, Martín Ferrand, Luis Herrero, Luis María Anson, Pedro J. Ramírez, el
citado Jiménez Losantos… Anson reveló en la revista Tiempo que, en efecto,
aquello fue una conspiración para echar a González de la Moncloa. Ahora esa
conspiración vuelve pero para reforzar la quebrada imagen de los EEUU en el
mundo. El único que puede salvarse de la quema es Pedro J. que trata de
introducir algo de cordura entre tanto intransigente pero la dialéctica de
otros es vergonzosa y hasta inquietante. Esta gente, en 1936, nos hubieran
llevado al paredón, me caben pocas dudas de eso. Yo, al menos, hubiera tenido
mucho cuidado. Su empeño en defender lo que ya es indefendible (USA) es
paranoico y esquizoide; tanto es así que me cuesta creer que lo hagan por
voluntad propia porque a todos les supongo un mínimo de sentido común. Sin
duda, a EEUU le debemos mucho, sobre todo en el campo de la medicina. Le
debemos su ayuda en las dos guerras mundiales que algunos historiadores dicen
que en realidad fue una con un descanso entre medio. Pero de ahí a este
vasallaje incuestionable que se nos pide va un abismo. Los EEUU de hoy ya no
son aquellos que se fundaron en el contexto de la Ilustración, son un país
donde los derechos humanos se vulneran de forma sistemática (dentro y fuera de
sus fronteras); un país con mentalidad de cowboy que supone que todo se puede
arreglar a base de bombas; un país temido porque te fichan en el momento de
poner tierra en él: tu pasaporte no es sólo examinado y sellado sino que,
además, tus datos quedan registrados para siempre en una red de computadoras
como si fueras sospechoso de algo. Allí, de entrada, eres sospechoso, tienes
que demostrar tu inocencia y ni siquiera te dejan hacerlo porque tus datos
personales quedan almacenados sin tu permiso. Pero, primero, te hacen rellenar
unos papeles en los que, por ejemplo, te preguntan en qué países has estado
antes de llegar a los EEUU. Por supuesto de todo esto tienen la culpa los
terroristas y Bin Laden, pero eso ya no hay quien se lo crea: los terroristas
y Bin Laden son un efecto de la política terrorista que los EEUU han
desplegado por el mundo durante decenios.
ARTÍCULOS ANTERIORES