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A los medios de comunicación les
entusiasman las catástrofes y los muertos, eso ya lo sabemos. Dicen que es lo
que vende. Hasta cuando ETA está callada por largos periodos de tiempo, sus
trabajadores –sobre todo los “enciclopedistas tertulianos”- no dejan de hablar
de ETA y el terrorismo, parece como si necesitaran tener a la sociedad en vilo,
dormida para saber por qué suceden las crisis económicas que tanto la joden pero
despierta para esperar el muerto, el tiro en la nuca. Cuando por desgracia
llega, los tertulianos enciclopedistas –porque igual hablan de terrorismo que de
física de partículas o del sexo de los ángeles- afilan su verborrea rutinaria
para por supuesto argumentar lo mismo de siempre.
Sabemos que los informativos no son
más que un desfile de sucesos tras la correspondiente propaganda a favor del PP
o del PSOE, depende del medio. Luego el deporte, noticias ligeras –como que una
ballena ha tenido un ballenato en un zoológico- y después el tiempo, separado
por una ristra de anuncios.
En la radio las noticias se
patrocinan, eso es ilegal pero da igual. En la televisión se ofrece publicidad
encubierta pero es igual, lo tragamos todo, lo permitimos todo, las asociaciones
de la prensa no hacen nada, en su interior también está la pugna PP-PSOE, no sé
qué habrá pasado pero estaba prevista en Sevilla la semana pasada una reunión de
la llamada asociación de mujeres periodistas de Andalucía y ha debido
suspenderse porque sólo ha acudido una periodista. Si los periodistas de a pie
–la inmensa mayoría- denunciaran la degradación del periodismo o los echarían a
la calle o caerían en desgracia. Cada año salen centenares de licenciados en
periodismo de las universidades y, por otra parte, las grandes empresas
comunicacionales desarrollan sus master propios para crear escuela a su imagen y
semejanza. Hay cola, si es necesario echar a unos cuantos se expulsan y ya está.
He aquí una catástrofe de la que no nos dicen apenas nada de nada.
¿Mujeres periodistas? De nuevo la
bufonada del hombre-mujer. Los problemas de las mujeres y los de los hombres se
tratan de forma conjunta porque son problemas de todos. Pero la moda es la moda,
los libros de historia hablarán de estas tonterías de género que ahora tienen
tanto éxito para regocijo de los que mandan porque los que gobiernan apoyan esto
con dinero público –porque no es suyo, claro- pero los que mandan se divierten
con estas divisiones absurdas que se presentan como algo progresista cuando los
mejores logros de la historia los han hecho los hombres y las mujeres juntos.
Lo que en este sentido está
ocurriendo sí que es una catástrofe de la que no informan los medios porque se
supone que no vende. ¿No vende decir y contar lo que está sucediendo en los
sótanos de la sociedad, del poder y del Poder? Ya lo creo que vende, todo lo que
se hace con seriedad y bien, vende. En el año 2003, uno de los cinco programas
de TV más vistos fue un documental francés llamado La odisea de la especie,
TVE lo emitió en horario de máxima audiencia y el personal lo acogió en masa.
¿Qué contaba? ¿La vida de Rajoy? ¿La historia de las cejas de Zapatero? ¿Un día
en la consulta del Dr. Llamazares? ¿El último semental de Ana Obregón o de
Marujita Díaz?
No, narraba –en estilo similar al
docudrama- el nacimiento y evolución de nuestra especie, eso que tanto repudian
los creacionistas del sur de los EEUU, de Serbia o de Polonia que aún asumen lo
de Adán, el barro, Eva, la costilla, la manzana y el diablo. Y no los saques de
ahí que se les nublan los esquemas. Otra catástrofe, con la capacidad que tiene
un cerebro humano y estos sujetos se van a ir al otro mundo sin gastar apenas
materia gris. ¿Qué pensarán cuando “vean” que de Dios, nada de nada? Menudo
corte, y la vida sin haber sido vivida. La catástrofe de la disminución del
conocimiento y de confundir conocimiento con implantación masiva de ordenadores
entre la gente (eso le ocurre al consejero Vallejo) tampoco se divulga a través
de los medios de comunicación. Lo que les gusta son las catástrofes de sangre
cuando las más graves están sucediendo día a día, poco a poco, empezando por la
catástrofe de tener que aguantar el periodismo que nos invade.
DIARIO Bahía de Cádiz
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