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Creí que era difícil superar el
circo político de EEUU pero lo hemos logrado con creces con el tema de las
ministras. Me imagino que las mujeres serias no se reconocerán ahí, en el
fenómeno meramente cuantitativo de alcanzar estatus artificialmente y por
voluntad del hombre; sólo lo celebran esas feministas que necesitan ser
feministas para ser algo, por pura seña de identidad, por pura necesidad de
sobrevivir psíquicamente. “Gato blanco o negro, lo importante es que cace
ratones”, dijo, más o menos, Felipe González. Mujer u hombre, lo importante es
que haya guerra y ejércitos. Paradójico, esa ministra pasando y posando ante los
utensilios que matan y ante los señores y señoras que los utilizan, llevando una
vida en el vientre. Claro que nosotros matamos en nombre de la democracia y la
libertad, ahí es nada.
Chaves ha vuelto a conformar un
gabinete con más mujeres que hombres pero los puestos claves los tienen los
hombres: Zarrías, Griñán, Vallejo, él mismo. La ministra de Defensa depende de
Asuntos Exteriores que es un hombre; la ministra de 31 años lo es de la
Igualdad, una cartera para repartir limosnas oficiales a través del BOE, es
decir, por regla general, asistimos a un experimento con mujeres al que se le ha
dado rango de ejemplo universal.
No hay nada más anti progresista que
toda esta dinámica que ahora por cojones hay que ver como lo último de lo último
y, si no, los sanedrines que se formaron desde 1982 te queman en la hoguera, esa
gente oportunista y chaquetera que intenta llevar a término desde hace dos
decenios una especie de “noche de los cuchillos largos” sustituyendo a los
viejos y jóvenes luchadores antifranquistas por iletrados novatos de la
generación X en todos los estamentos de la sociedad: política, cultura,
periodismo, arte…, a los que compra con dinero público.
Casi toda la gente realmente
progresista está ahora en su casa, riéndose y llorando a un tiempo con toda esta
bufonada donde la pugna contra una dictadura mercantil sigilosa ha sido
sustituida –o eso se pretende- por las pamplinas de las luchas hombre-mujer, las
leyes de supuesta igualdad y unas cuotas impuestas en plan democracia orgánica
porque la sustancia del asunto es la misma. “Desde ahora el idioma oficial será
el sueco y la ropa interior se llevará por fuera”, dijo un personaje de la
película Bananas, de Woody Allen, un personaje que parodiaba a un
guerrillero que logra alzarse con el poder en un país bananero mediante una
revolución.
La teórica igualdad se está
imponiendo a costa de la competencia, el esfuerzo, el trabajo, el currículum, el
rigor en suma, de un extremo se pasa a otro, de reducir a una mujer a limpiadora
de calzoncillos, suelos y culos de bebés, nos trasladamos a elevarla al timón
más alto de un país. Menos mal que esto no tiene tanta importancia si vemos,
primero, lo que dije antes, que se trata de puestos de segunda dentro de la
primera línea de la política y, segundo, que hablamos de política, no de
economía, finanzas o empresas, a pesar de que se tiende a imponerle a estos
sectores también la famosa falsa igualdad. Pero en este sentido no se atreverán
a llegar muy lejos. DIARIO Bahía de Cádiz
Los principios del materialismo
histórico –por el que se rigen también las empresas multinacionales- colocan a
los intereses económicos como las raíces de la actividad política, se da una
interactividad árbol-raíz pero es en la raíz donde se encuentra el principio y
causa de lo que se cuece en la superficie. La bufonada consiste en hacernos
hablar sobre todo de la superficie, no de la raíz. Nos llevamos todo el día los
medios de comunicación polemizando sobre y desde la superficie. Por eso se
produce la bufonada, por eso aburre el periodismo, por eso la gente no se entera
de lo que pasa y debe basarse en su intuición más que nada, por eso esto que
sucede ahora es perfectamente inútil desde el punto de vista del progreso
cognitivo del ser humano. Es pintoresco y divertido pero inútil, estamos
haciendo historia, desde luego, pero para atrás.
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