
La que está formando el fascismo, la extrema
derecha y una parte ultramontana del PP con la religión católica y la
enseñanza es un órdago con el que, por desgracia, hay que vivir todos los
días. Y, claro, detrás está la Iglesia oficial y, todavía más al fondo, la
influencia sobre las mentes y el dinero que para todos ellos tiene mucha más
importancia que el hecho de evangelizar a las gentes, si bien ya sabemos de
sobra lo que es evangelizar: o entras por el aro o te condenas, o te mato
(como en las Indias) o te quemo o te digo que todo es pecado menos poner
dinero en el cepillo de la parroquia. Nada tiene que ver lo que pretenden
estos fundamentalistas de la santa cruzada y la guerra contra el infiel, con
el Evangelio ni con el fundador del catolicismo ni con la Teología de la
Liberación. Quien evangeliza de verdad sufre graves consecuencias: o le tapan
la boca, como a Tamayo o a Boff, o lo echan de su lugar de predicación (como a
Casaldáliga) o unas manos misteriosas lo asesinan (como a monseñor Romero en
El Salvador). Todo lo demás es juego, rutina religiosa: hoy una misa, mañana
una caridad, pasado una rifa por los negritos, después una gala por los
chinitos o una mesa petitoria. Me acuerdo siempre del cura Diamantino, que
renunció a su sueldo de cura para integrarse más con sus feligreses de las
localidades de Martín de la Jara y Los Corrales (sierra sur de Sevilla), la
mayoría jornaleros. Cuando emigraban a la vendimia francesa, allí que se iba
Diamantino; cuando llegaba la hora de largarse a Navarra a recoger espárragos,
Diamantino se marchaba a currar. “Un pastor debe estar con su rebaño”, nos
decía.
Este tipo de curas no les interesa a estos
restos del fascismo español que confunden la religión con la religión católica
y el adoctrinamiento en ella, según su ver y entender. Ni siquiera les
interesa la religión católica en todos sus puntos de vista, únicamente en el
de ellos que es un círculo estrecho, antipedagógico y anti-académico. A mí no
me cabe duda de que la religión debe ser impartida en la enseñanza. Tan
bodoques son estos fachas de aquí como aquellos bolcheviques de 1917 que
decidieron “por decreto” que la URSS sería atea, como si eso lo pudiera
decidir una revolución. Los bolcheviques me recordaron al líder revolucionario
que satiriza Woody Allen en su película “Bananas”. Una vez que ha tomado el
poder en un país “bananero”, se dirige a un pueblo que, con el máximo asombro,
escucha decirle: “Desde ahora, el idioma oficial será el sueco y la ropa
interior se llevará por fuera”. La ofensiva de la extrema derecha española –en
sus diversas formas- pretende que llevemos la ropa interior por fuera, ahora,
en el siglo XXI, una vez que en el XX se anunció la muerte de Dios, que ya
venía desde el XIX con Nietzsche. El cuadernillo de The New York Times que
cada jueves nos da El País, decía no hace mucho que la devoción aumentaba en
el mundo. Claro, una devoción desesperada, nada nuevo cuando Dios ha muerto y
no hay orden moral ni ético sino que se está formando algo distinto. Por eso
precisamente es imprescindible que se estudie el fenómeno de la religión en
todos los ciclos de la enseñan y en todo tipo de aprendizaje. Pero eso es una
cosa y el adoctrinamiento reaccionario y simplista, otra; un adoctrinamiento
que, en pocas palabras, sigue consistiendo en decirle a la gente que casi todo
es pecado y en meterle complejo de culpa en el cuerpo para vaciar sus mentes y
colocarlas al servicio de unos pocos aprovechados. La Nueva Economía
desmiembra a la familia y ese desmembramiento lleva consigo la imposibilidad
de adoctrinar, primero, y, luego, de recaudar. De ahí la oposición a los
matrimonios homosexuales, al aborto, a la televisión, al preservativo, a casi
todo. Si a esto se le une la lógica tendencia de lo civil a emanciparse de lo
eclesiástico tenemos la nerviosera ultracatólica servida. Sus medios de
comunicación atacan: COPE, Minuto Digital, Hispanidad, Alba…, mientras sus
prelados se debaten en la casi desesperación. A fin de cuentas, en esencia, la
lucha de siempre: la España de sotana, Santiago y sacristía contra la razón y
el librepensamiento.
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