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El presidente Zapatero llama al
padre de la fallecida niña Mari Luz y le dice tranquilo macho que aquí lo de tu
hija lo aclaro yo. Vaya si se va a aclarar, se va a aclarar con agua clara o con
agua turbia pero se va a aclarar: algún juez o jueces tendrán que pagar por el
desaguisado porque es que está la cosa política por medio. Alguien ha tenido que
trabajar poco, alguien o algunos. Claro que los jueces se reúnen en Sevilla y le
dicen a Zapatero lo esperado: es que no tenemos medios y vamos a tener que poner
dos palacios, uno para administrar justicia y otro para administrar papeles.
Pero, aún así, que se vaya preparando quien sea que le ha tocado la lotería del
turco y como no tenga padrino y un buen abogado defensor le caerá una justicia
política más que propiamente justa, sin que ello quiera decir que no lo merezca.
Porque entre el funcionariado de toda estirpe hay mucho vago, mucho escaqueo y
mucho listo.
El gobierno debería meter mano a
fondo en toda la Administración. Yo soy funcionario pero como mi conciencia está
tranquila y cobro poco para lo que curro no temo nada. Me jode que no se aplique
en mi estatus aquello de a cada uno según se merezca. He visto a demasiados
funcionarios para los que el trabajo es una maldición bíblica. Hace años que
perdemos poder adquisitivo pero, coño, seamos serios, somos unos privilegiados
en relación con el resto de la población, incluso yo que trabajo para la
universidad dentro y fuera de la universidad, que dirijo tesis doctorales en un
trabajo intenso y agotador que nadie me paga, que dirijo un equipo de
investigación y me fríen a rellenar papeles para solicitar proyectos, que formo
parte de comisiones gestoras de la universidad, algo por lo que tampoco cobro
nada. Aún así, me siento afortunado aunque lo que tengo me lo he tenido que
currar duro porque no soy un hijo de papá, todo lo contrario, mi padre fue un
obrero humilde y honrado a quien no dejo de recordar ni un día desde que el puto
cáncer se lo llevó en 1986 sin dejarle conocer ni a sus nietas.
Lo que me jode es ver a sujetos que
defienden ardientemente la economía de mercado pero se aseguran un puesto en la
Administración y desde ella se dedican a hacer negocios y negocietes privados y
a cobrar sueldos extras porque soy de los ilusos que aún creen en lo público.
Sí, creen en la economía de mercado pero no en el riesgo que conlleva y le ponen
una vela a Dios y otra al Diablo. Y me joden los funcionarios que llegan a las
ocho y media o nueve a su trabajo para de inmediato dejar el puesto abandonado y
tomarse un café y más tarde otro café con tostada y luego a las doce una
cerveza y luego se van a sus casas adosadas a criar barriga.
No se le puede dar a una persona un
trabajo de por vida sin una previa selección seria y sin controles férreos
acordes con la importancia del puesto que tienes. Es que –cojones- hay gente que
cobra una miseria por trabajar doce horas y encima tiene que dar las gracias a
la empresa privada que lo emplea; es que hay jóvenes en la cola del paro, es que
hay otros sin derecho a casa…, y estos funcionarios de pacotilla adquieren el
derecho a un mes de vacaciones más nueve días por asuntos propios que, mira por
dónde, suelen coincidir con los puentes. Y hay otros derechos no escritos para
los funcionarios: te puede entrar una inoportuna faringitis, gripe o indigestión
justo cuando necesitas un día o dos para redondear un puente o prolongar unas
vacaciones.
Alguien que cobra mucho, bien y
puntualmente, ha metido la pata en lo de Mari Luz. Que pague por ello porque no
tiene ningún derecho a hacer lo que ha hecho. Pero quedarse en la superficie es
un error. Para cuándo reforzar la Administración con gente ilusionada y
competente, para cuándo depurarla de vagos, listos, golfos y sinvergüenzas, para
cuándo ese ejército de funcionarios que depure a los funcionarios que no hacen
honor a su estatus laboral. Quién le mete mano a un colectivo que puede
representar unos cinco millones de votos, con muchos grupos de presión dentro…
DIARIO Bahía de Cádiz
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