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El domingo, casi de madrugada, Radio
Nacional de España le entrega sus micrófonos a las religiones del libro, esto
es, judíos, islamistas y cristianos. Se aprende mucho escuchándolos porque
aprender no es sólo descubrir caminos a seguir, asimilar a tu manera o imitar
sino rechazar asuntos, divertirse y ser consciente de lo que no hay que hacer.
Por ejemplo, en mi caso, aprendí mucho de la educación que recibí de pequeño en
colegios religiosos, tanto para bien como para mal. La COPE se limita a ofrecer
una misa cantada interminable, he ahí el valor de lo público frente a lo
privado: lo público coloca ante ti distintos puntos de vista para que elijas uno
o ninguno o uno matizado por los otros. Lo privado adoctrina, intenta lavar el
cerebro con una sola tendencia oficial de opinión.
En la misa del pasado domingo leen y
explican ese largo capítulo del Evangelio que es la Pasión. Recuerdo que, de
pequeño, mis amigos y yo en el barrio nos desesperábamos en la misa del Domingo
de Ramos, con los relucientes zapatos de charol y los calcetines blancos, todo
recién estrenado. Resulta que al comienzo del texto nos narran una de las
primeras campañas intoxicadoras no de la historia sino de la tradición porque
nadie sabe a ciencia cierta si eso de Barrabás y Jesús sucedió. Jesús era el
bueno pero la “opinión pública” fue envenenada por el segmento dominante de los
hebreos y cuando Pilatos pregunta a quién suelta, al bueno de Jesús o al malo de
Barrabás, la chusma va y grita: “A Barrabás”. “¿Entonces qué hago con el
Nazareno?”, pregunta de nuevo el pretor. “Crucifícalo”. Casi nada, cría cuervos
y te sacarán los ojos, para que luego digan que el pueblo nunca se equivoca. La
COPE dice que sí, que se ha equivocado ahora que ha votado a Zapatero y le ha
vuelto a recordar a los curas que ya se acabó el sotaneo y eso de mezclar las
mitras con las moncloas, que aquí el señor cura a sus misas y la gente a sus
divisas. Pues con Barrabás también se equivocó el pueblo. ¿O no?
No, yo creo que no. Todavía sigue la
gente gritando: “Suelta a Barrabás y crucifica al Nazareno”. Por eso necesita
luego ir a ver las cofradías, para hacer penitencia y catarsis. En la vida real
ganan los malos y es Barrabás el que aún sigue llevándose el gato al agua. A
Jesús lo crucifican y a los tres días, por remordimiento de conciencia, lo
vuelven a resucitar. Pero eso sucede en los libros (los Evangelios) o en las
películas; en la realidad no, en la realidad a Jesús lo crucifican y santas
pascuas, no resucita, la resurrección es algo propio de la ficción, de lo que el
ser humano inventa para que todo sea como le gustaría que sucedieran las cosas,
no como suceden.
Por lo que sé, el objetivo del
Nazareno era algo a largo plazo y costoso de llevar a cabo en este mundo. La
religión católica de hoy está hecha a gusto del consumidor, incluso si notas que
te vas a morir haces un examen de conciencia, remordimiento y dolor de los
pecados, arrepentimiento y aquí paz y después gloria. La misa de los días de
guardar se celebra los días de no guardar para que pueda uno irse a la playa o a
ver a los amigos o a los hijos y los nietos. Es como la venta a plazos que cada
vez se perfecciona más a favor de la ley del mínimo esfuerzo. Clientes, eso es
lo que hay, clientes, y al cliente hay que ponerle las cosas atractivas porque
el cliente siempre lleva la razón.
Barrabás se entendía bien con Judas,
ambos veían las cosas a corto plazo, eran “nacionalistas”, patriotas, y lo que
perseguían era arrojar a los romanos de su país y que Jesús los ayudara con su
carisma. Y va el Nazareno y les suelta: “Mi reino no es de este mundo”. Y como
su reino no era de este mundo, en efecto, lo mandaron al otro mundo, que es el
suyo. Barrabás representaba el carpe diem, la practicidad, lo pragmático.
Jesús era un moralista que veía las cuestiones desde su solio iluminado. Y la
gente gritó: “Suelta a Barrabás y crucifica al Nazareno”. Y hoy la gente le
grita a Pilatos: “Déjanos de esfuerzos, suelta a Barrabás, y mata al disidente,
al pensador, al moralista, al filósofo”. Y el poder político le hace caso, como
hizo Pilatos. Por ejemplo, ese poder entiende que sociedad del conocimiento no
es llevar a término un gran esfuerzo por comprender la teoría del conocimiento
humano con la finalidad de aplicarla a la realidad para conocerla mejor, sino
que estima por conocimiento llenarlo todo de ordenadores sin que la gente sepa
antes asimilar conceptos e ideas. Y así nos va. Barrabás anda suelto por ahí y
al idealista pensador lo van matando cada día mientras Judas cae en la cuenta de
su error y se cuelga de un árbol sin hallar imitadores, por desgracia.
DIARIO Bahía de Cádiz
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