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La Justicia le retira a las
organizaciones vascas más separatistas el derecho a presentarse a las elecciones
y a recibir dinero público. Es lógico, hace su papel aunque con ciertas
contradicciones y dudas porque en el fondo sabe que es una medida política. De
todas formas no es de recibo que se pongan bombas o que se asesine a gente, eso
no tiene nada que ver con la revolución en el siglo XXI y en un país como
España. Ni siquiera es de recibo el nacionalismo aunque comprendo que a muchas
personas les guste defender lo suyo que no es suyo sino de todos.
Se deja fuera de la ley a colectivos
que simpatizan con ETA. Así debe ser, el Estado es quien debe poseer el
monopolio de la violencia, instaurada desde hace siglos, una violencia que
cambia de aspecto con los años y con los estudios que se desarrollan para
dominar a la gente. Durante las primeras colonizaciones, podían verse por las
calles de las ciudades de cualquier país colonizado los símbolos de la violencia
abierta y explícita: soldados, armas, represión... Ahora apenas se ven (salvo en
los puntos calientes, dominados por los EEUU que aún son pardillos en esto) y
menos en nuestro “primer mundo” que no por ello deja de ser violento y
terrorista. Hay otros tipos de terrorismo, sin sangre, sin bombas, se ejerce
cada día sobre las personas por parte de otras personas y el Estado lo permite
porque, por ahora, no lo pone en peligro.
Una organización pequeña y bien
organizada, con armas en la mano, con infraestructura en la universidad, en la
Iglesia, en las asociaciones y movimientos vecinales, en los medios de
comunicación, eso sí inquieta a cualquier estado, sobre todo las pistolas y la
articulación de sus miembros. Cuando se ilegaliza a las organizaciones vascas se
combate al terrorismo pero también se destroza una estructura que es un
contra-poder sólido y auténtico. Se le niega la palabra y la acción a unas
personas que no apoyan explícitamente en un ayuntamiento o en un parlamento un
acto terrorista, sólo guardan silencio. La elocuencia del silencio, eso es lo
que se condena. Y lo que ese silencio esconde. Se condenan conexiones con la
violencia pero también se condena no hacer ni decir lo que se exige que se diga
o se haga desde el discurso oficial. Ese sector del pueblo vasco debería
abandonar a los violentos de ETA y defender sus posiciones desde sus ideas y su
actividad transgresora, tendrían problemas de todas formas pero dejarían la
auténtica cara del Estado al descubierto.
A estas elecciones se presentan
grupúsculos a los que ETA o el fascio de siempre no les caen nada mal pero no
los dejan fuera del juego porque carecen de poder, incluso son tontos útiles que
roban votos a otras fuerzas políticas más implantadas, hacen el juego al juego
democrático. Estos tontos útiles sirven para reforzar la farsa democrática, en
eso consiste uno de los secretos de nuestro sistema de dominio: en la ilusión de
libertad. Zapatero dice que a la sombra de las pistolas no se puede participar
en las elecciones. De acuerdo. Pero el PP no ha condenado el franquismo y ahí
está, con sus chorradas y sus curas empresarios, que saben que no pueden dar su
brazo a torcer ante este mundo alocado y en transición a no sé sabe dónde porque
entonces perderían la poca clientela que les resta y a la que seducen mediante
unas materias primas gratis, intangibles e invisibles llamadas Dios y moral.
Zapatero ilegaliza a los partidos
vascos que le hacen el juego a ETA, como pedía Rajoy, y le hurta el discurso al
dirigente del PP. ¿Qué hace Rajoy en el circo democrático? Tiene que decir que
muy bien pero que la medida llega tarde y mal. No llega tarde y mal, llega
cuando electoralmente tiene que llegar y deja a Rajoy con una mano delante y
otra detrás. Primero se intenta negociar con el enemigo, ya que no se puede con
él, se acuestan a su lado, como hicieron otros. Pero el enemigo no cede y
entonces hay que ilegalizar sus tentáculos después de haber legalizado de facto
a los de las pistolas al sentarse con ellos; y eso de prohibir se hace ahora,
para darle un besito a los electores más conservadores. Esto es lo que le ocurre
a la socialdemocracia, que dice una cosa y la contraria y pretende que ambas
sean ciertas, que lo mismo toca la campana que oficia misa. El pobre Llamazares
(que representa una especie de ala izquierda del PSOE, como el guerrismo o
Izquierda Socialista en su momento) sale en los medios a aportar su tontería de
turno y la aporta: hay que negociar pero aplicar la ley. Eso ya lo hizo
Zapatero, hombre, negociaba y, a la vez, para estar en misa y en la procesión,
detenía comandos. Y los malos rompieron la baraja.
Ahora lo que yo deseo es que
ilegalicen y persigan todo tipo de violencia, incluida la soterrada, la más
difícil de detectar. Mis alumnos y ex alumnos, por ejemplo, me cuentan sus
historias laborales: los joden y bien. Un mes y otro, un año y otro, si es que
resisten. No tienen derecho a planificar sus vidas. Y se cometen ilegalidades
con ellos o se burla la ley. ¿Dónde están los inspectores? Mi madre espera desde
hace seis meses que alguien de la Junta de Andalucía se digne a verla con vistas
a aplicarle la llamada Ley de Dependencia. Tiene parkinson avanzado, no se vale
por sí misma, apenas me conoce ya y no articula conversación alguna. Miles de
personas ancianas están así. Mi madre vivió de pequeña una guerra civil y ahora
soporta un terrorismo silencioso mientras los banqueros se autoconceden
pensiones y otros privilegios de escándalo (más terrorismo) o mientras se tira
el dinero en sorteos y juegos de azar europeos y españoles que ponen en la mano
de una sola persona setenta o cien millones de euros por llevar a cabo el
increíble esfuerzo de rellenar un papel con números y lograr que el azar sonría.
No se premia el trabajo sino el juego, la mediocridad y la holgazanería, ¿qué le
vamos a pedir a las nuevas generaciones? DIARIO Bahía de
Cádiz
Pero, claro, acabar con este
terrorismo del pan y circo y la violencia estructural es ya harina de otro
costal y ya se sabe que al olmo no se le pueden pedir peras ni a los medios de
comunicación que nos atosiguen un día y otro con su existencia porque estamos
hablando de otro poder, el legal, que es violento y le teme a los violentos
porque sabe que la violencia a veces gana o al menos lo hace sentirse nervioso.
Los medios son de ese poder y por eso hablan hasta la saciedad de cómo va el
otro circo electoral en EEUU o de los niños que mueren de hambre por culpa de
nada porque todo sucede por arte de magia en este tipo de información que
tenemos. El poder quita de en medio a las pistolas que no son suyas, con su
justicia, que para eso la ha creado. Hace bien, es su obligación pero no
completa la faena para no actuar contra sí mismo. Aquí el caso es nadar por la
superficie, nunca bucear por el fondo. Y adelante con la farsa.
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