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 CONTRACORRIENTE

La comprensión con los inmigrantes

 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

“Ser latinos” es un programa de la SER que intenta lanzar un mensaje de tolerancia y comprensión hacia los inmigrantes, en especial hacia los latinoamericanos. Es una buena intención si no fuera por la carga de prejuicios de falsa izquierda que posee el espacio. La SER se ve obligada a dar por sentado –como regla genérica- que el inmigrante es el bueno de la película, siguiendo una línea muy del PSOE y de IU que es nociva para el rigor porque aquí no hay ni buenos ni malos y porque siempre el ser humano se ha sentido intranquilo cuando alguien ha invadido su espacio. Eso sucede con todo animal, sea racional o irracional, los medios de comunicación y la izquierda ignorante –muy habitual en estos días- confunden xenofobia y racismo con simple temor al extraño. La xenofobia y el racismo son ya posturas intencionadas donde la gente se organiza para aplastar o rechazar a determinados colectivos a los que cree inferiores y dañinos, sobre todo inferiores. La patada cobarde en la cara de una joven ecuatoriana de ese viajero del metro de Barcelona es un ejemplo de xenofobia, por ejemplo, y la actitud de los jueces con esa basura humana, un ejemplo de debilidad. Qué clara está la ley para los terroristas de las pistolas, qué oscura para estos otros terroristas. Claro, ellos no ponen en peligro al Estado o, mejor dicho, al segmento social que domina al Estado… Por ahora.

 

Hace un tiempo oí la noticia de que se le había proporcionado a la Guardia Civil documentación con el fin de que los miembros de la Benemérita entendieran mejor la cultura gitana. No está mal pero es una considerable tontería al mismo tiempo porque a estas alturas la Guardia Civil conoce de sobra a esta etnia. Si digo que estamos ante una etnia sui generis que, a pesar de los siglos transcurridos desde que llegó a España, no se integra en la sociedad dominante que le da cobijo y que se trata de un grupo de población aferrado a normas que demuestran un enorme miedo a la libertad, tomada como Ilustración, puede que alguien me acuse de xenófobo. Me la trae al pairo porque es cierto lo que digo y eso está en la calle y tenemos ejemplos a cientos de lo que acabo de afirmar. La misma línea siguen no pocos inmigrantes rumanos que tienen amargados a ciudadanos que cumplen con sus obligaciones y llevan instalados en sus casas decenios. ¿Decir esto es reaccionario? ¿Afirmar que unas cuantas familias rumanas viven en casas que se les alquilan, de cualquier manera, entre moscas e insalubridades varias que ellos mismos provocan, es reaccionario? Pues entonces lo soy, pero un reaccionario de la izquierda, como tantas veces he dicho que afirma Woody Allen en su película Annie Hall. Los andaluces fueron emigrantes pero eran educados y limpios.

 

Es propio de la izquierda y de todo ser humano echado para delante tomar el rábano por las hojas o el toro por los cuernos. La izquierda es justicia y convivencia y si un grupo de inmigrantes o una etnia no hacen posible la convivencia general, eso hay que tenerlo en cuenta para superar el problema y para decírselo sin tapujos a los inmigrantes y a las etnias que no se aplican aquello de “donde fueres haz lo que vieres”. El filósofo liberal Giovanni Sartori sostiene que la inmigración puede poner en peligro nuestra convivencia y nuestra democracia. No creo que sea para tanto si sabemos integrar a los inmigrantes y si se integran ellos. De lo contrario, tendrán que tomar las maletas e irse a sus países porque no se le puede morder la mano a quienes te dan de comer aunque la comida la ganen ellos con el sudor de su frente pero si la ganan es porque la hay y hay quien la ha cocinado a lo largo del tiempo.

 

Estados Unidos es un país de inmigrantes. En un siglo llegaron a aquel país entre cincuenta y setenta millones de inmigrantes atraídos por el famoso estilo de vida americano, tan propagado en las películas USA. En el filme Titanic se observa a los pasajeros de tercera clase buscando El Dorado estadounidense. ¿Se ha estropeado la democracia por eso? No, en todo caso la han estropeado los oriundos de los ojos azules y el pelo claro que, por supuesto, le echan la culpa a los del eje del mal después de haber estado toda su vida jodiendo a medio mundo y comiéndole el coco al otro medio (ah, se me olvidaba que nos salvaron de los nazis y de paso los ficharon para sus servicios secretos con objeto de que espiaran a los comunistas pero nos salvaron con la indispensable ayuda europea y ya hemos pagado la factura aguantándolos e imitándolos).

 

En determinadas zonas de París –dentro y fuera de la ciudad- los inmigrantes musulmanes se han hecho dueños de los comportamientos o eso pretenden. Los franceses se rebelan como me rebelaría yo, años y años aguantando a los curas que se meten en todo y que desean implantarnos a todos su fantástica y falsa verdad y ahora tener que asumir los postulados de los “ayatolás” e “imames” cuando hemos rechazado nuestra propia religión que es la verdadera, como sabemos de sobra. Los islámicos y los latinoamericanos y los eslavos y los gitanos y los negros o subsaharianos u hombres de color… negro, como dirían Les Luthiers, entrarán por el aro del mercado y su peculiar democracia, para eso han venido, como les sucedió en EEUU, pero para eso tiene que pasar un tiempo. Si los inmigrantes no entienden que su comportamiento debe ser acorde con los principios culturales que rigen en la “vieja Europa” habrá que hablarles con más claridad y leerles bien la cartilla porque esa cultura ha costado sangre, sudor y lágrimas, es la responsable de que ellos estén aquí, desde luego, pero para bien y para mal. No hay nada importante en el mundo –ni bueno ni malo- que no tenga a Europa por cuna. Y eso merece un respeto, los viejos deben ser respetados, con sus defectos y sus virtudes, mucho más cuando se demuestra que no se ha inventado nada mejor de lo que ellos ofrecen. Si los inmigrantes comprenden y aceptan a “la vieja Europa”, yo los comprenderé y aceptaré a ellos del todo, mucho más de lo que ya los comprendo y los acepto. DIARIO Bahía de Cádiz


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