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Lo peor que le puede ocurrir a un
partido político es instalarse en la complacencia y negarse a reconocer los
errores que ha cometido. Pero, si me permiten una opinión, creo que todavía hay
algo que puede resultar más corrosivo para cualquier formación que pretenda
llevar adelante un proyecto y es, sin duda, que las bases sientan o, mejor
dicho, perciban que, desde la dirección, se dejan de escuchar las voces que
emanan de ellas. Estoy convencido de que esta nueva concepción que, desde hace
ya unos años, se tiene de que los representantes de los miembros de cualquier
sociedad, comunidad, agrupación política o asociación, una vez han sido elegidos
ya pueden prescindir de las opiniones de los representados, me parece una de las
muestras más sangrantes de la falta de democracia. Estos mal llamados “barones”,
que parece que se han convertido en un obstáculo para esta correa de transmisión
de ideas y opiniones, que debe existir entre los dirigentes de cualquier
agrupación de personas y sus bases; ocurre que, en ocasiones, impiden que la
cúpula directiva deje de enterarse, desconozca y hasta pueda actuar en contra de
la voluntad mayoritaria de los que la eligieron, rompiendo con ello el hilo
conductor del ciudadano a la cúspide del partido.
Esta sensación es la que siento
cuando observo como si , de pronto, se hubiera levantado la veda contra doña
Esperanza Aguirre, para que la mayoría de estos cargos importantes del PP –que
parece que han estado agazapados esperando que les llegara la ocasión de ocupar
el cargo que actualmente ocupa el señor Rajoy – se lanzaran contra ella,
pareciendo que temieran que la presidenta de la comunidad de Madrid se les
hubiera adelantado y se vieran precisados a desacreditarla disparando contra
ella todos los cartuchos de sus armas maledicentes, descalificatorias y , como
no, la expresión de su despecho ante la posibilidad de quedar apartados de la
carrera por el poder. Es evidente que la señora Aguirre ha atinado en el blanco
cuando ha dado el toque de alarma ante la vuelta de rosca que acaba de dar don
Mariano, al entrar en una peligrosa y decepcionante confraternización con el
partido del señor Zapatero.
Si ahora resulta que dentro del
partido, las voces discordantes con los intereses de los “barones”, que no de
las bases, no pueden salir en defensa de la ortodoxia que sostiene la mayoría;
si las ideas básicas, los valores y los sentimientos que siempre han predominado
en las filas del partido, no pueden ser defendidos sin que la persona que asume
su defensa sea tachada de traidora, inoportuna y rebelde, por aquellos que ha
preferido instalarse en sus cómodas poltronas; que han permanecido inéditos
durante la pasada legislatura, dejando que los Zaplana y Aceves llevaran a cabo
el trabajo duro y que, ahora, por vaya a saber usted qué razones, han decidido
aconsejarle a Rajoy que abjure de sus compromisos con las bases y opte por dar
un brusco viraje dejando de banda ( como dice Arriola) los “ideales”, para
centrarse en lo “práctico” y lo cómodo. Así, por este camino, es probable que se
asegure permanecer en la oposición hasta que el PSOE decida que ya no los
necesita y opte por instalar, definitivamente, en España, el modelo soviético de
partido único.
Lo malo de esta soberbia, lo que
molesta a los ciudadanos de a pie, lo que encorajina a la vieja guardia del PP y
a todas las personas que han creído en este partido es que estén en peligro la
defensa de las ideas fundamentales de la unidad de España, la preservación de
los derechos individuales ante los intentos de implantar un pensamiento único y
el mantenimiento de las elementales normas morales y éticas que garantizan la
libertad de vivir de acuerdo con la conciencia de cada uno; sin que el Estado se
inmiscuya en materias que no son de su incumbencia y defendiendo la igualdad de
los derechos de todos los españoles, sin que existan discriminación de ninguna
clase por el hecho de residir en una comunidad u otra; defendiendo la
pervivencia del idioma español como vínculo y símbolo de la solidaridad entre
todos los españoles. Mucho me temo que, si se persiste en convertir al PP en
otro tipo de formación política; si se empeñan en “gallardonizarlo” y se
mantienen en esta obsesión que, recientemente, les ha entrado, de acercarse al
PSOE, para que nadie los pueda tachar de crispadores o para que los voten los
homosexuales o los de la farándula; mejor será que renuncien a ello, porque son
muchos los que pertenecen al PP y muchos más los que hemos simpatizado con él,
los que no aceptaremos, en modo alguno, que se que pretenda prostituir lo que
han constituido los principios y los valores del partido desde el día de su
fundación.
Lo vengo diciendo y lo mantengo: si
no se pone coto a estas veleidades innovadoras, si se pretende convertir a
nuestra formación en algo así como un partido blando, sin otros fines que ir
vegetando en el campo de la política o se insiste en una actitud conciliadora en
temas tan fundamentales como la educación, el aborto, la unidad de España y de
los españoles y la igualdad de todos en cuanto a derechos y obligaciones; habrá
que ir pensando en votar a otro partido y, si no hubiera ninguno que reuniera
las condiciones para recibir nuestro voto, dejar de votar. Desde aquí animaría a
que doña Esperanza Aguirre imitara a Rosa Diez y, si fuera preciso, cosa no
deseable, se liara la manta a la cabeza y fundara otro partido de derechas, sin
complejos, que pudiera recoger a los millones de votantes del PP que empezamos a
sentir que no se nos representa dignamente. Siempre será mejor ser minoritarios,
pero saber que defendemos unas ideas en las que creemos, que formar parte de un
partido en el que nos sentimos incómodos y que ha decidido adoptar posturas y
valores que nos repugnan. Le garantizo mi voto.
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