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 VERBA SEQUENTUR

¿Es que ya nos avergonzamos de ser españoles?

  MIGUEL MASSANET BOSCH

 

MIGUEL MASSANET BOSCH

Parecía algo imposible, un mal sueño, un insultante desvarío de un poder que se recrea en hacer de España un país irreconocible para cualquiera que sienta, en su sangre, el legítimo orgullo de se español. Pero, por mucho que nos cueste reconocerlo, estamos en momentos de liquidación, de desguace y de venta a saldos de esta tierra española que dominó en medio mundo; que fue cuna de civilizaciones y que fue tenida, por amigos y enemigos, como tierra de descubridores y crisol del cristianismo. Es evidente que los nuevos tiempos, la llegada del siglo XXI ha traído a nuestro país semillas de cizaña que han germinado con rapidez entre las nuevas generaciones, que parece que se han encontrado más a gusto entre la molicie y lo que se ha dado por denominar “pasotismo” que conservando los viejos valores trasmitidos de padres a hijos desde que España es España, o sea, desde la unificación de Castilla y Aragón en tiempos de los Reyes Católicos. Quizá, por ello, hoy en día estemos gobernados por los que no son más que el reflejo de aquellos políticos de la España de mediados del siglo XX, la que habiendo salido reforzada de la primera Guerra Europea, no supo aprovecharse de aquella privilegiada situación, prefiriendo destruirse a si misma dejándose arrastrar por las revoluciones, las intrigas cortesanas y los gobiernos descerebrados que consiguieron llevarla a la situación imposible de 1936.

 

La muestra de hasta donde se ha llegado en esta labor destructiva, ha sido el empeño del señor Rodríguez Zapatero, desde que se hizo cargo del Ejecutivo en el 2004, en demoler la unidad de la nación y fomentar, con sus medidas de gobierno, el que los separatismos, tanto tiempo larvados, de algunas regiones de España hayan resurgido, pujantes y amenazadores, poniendo en cuestión no sólo la solidaridad entre las distintas autonomías, sino la misma integridad nacional. La Constitución de 1978 se ha convertido en un pim, pam, pum con el que cualquier advenedizo se atreve, empezando por el propio Gobierno, permitiendo que los principios fundamentales, amparados por ella, sean pisoteados e incumplidos sistemáticamente en aras de unos inexistentes derechos extra-constitucionales, derivados de imaginarias razones identitarias,  supuestas razas privilegiadas y utópicos agravios seculares, exhibidos por visionarios cuya única intención es asumir cuotas de poder desmembrando la nación.

 

Así, los españoles, tenemos ocasión de observar, perplejos, como en determinadas comunidades la bandera española ha sido proscrita del lugar que le corresponde en los edificios públicos; como la lengua española ha dejado de ser, de hecho, el idioma oficial de todos los españoles siendo ninguneada, apartada y hasta prohibida en extensas partes de la geografía peninsular; como el declarase español se ha convertido en algo peligroso en algunos lugares de España, hasta el punto de ser insultado y vejado por tal motivo y, en fin, como aquellos que, por imperativo legal, debieran ser los garantes de la unidad patria, permanecen indiferentes, en actitud vergonzante y pasiva, mientras ante sus propias narices se está desarrollando el drama de la descomposición  y atomización de la nación española víctima del sectarismo de algunos, de la malevolencia de otros y de la impasibilidad de los restantes.

 

El último ejemplo de la continua degradación a la que estamos sometidos, se ha dado recientemente con motivo de la celebración del segundo centenario del alzamiento contra las tropas napoleónicas, en 1808. La Banda Sinfónica del Regimiento Inmemorial del Rey debía dar un concierto en el Auditorio Nacional, con ocasión de tales efemérides, en el que estaba previsto obsequiar al público asistente con unos bises consistentes en una jota muy conocida y popular, cuyo estribillo reza: “El que al oír ¡viva España!/ ¡Viva España! no responde / si es hombre, no es español / y si es español, no es hombre” y, para finalizar, el Himno de España. Pues bien, por oden del señor ministro del Ejército, señor Alonso, ambas piezas patrióticas fueron suprimidas del concierto siendo sustituidas por la Oda de la Alegría de Beethoven. Supongo que al señor Carod Rovira y a los suyos o a Ibarretche y su camarilla o al BNGA o  ¡vaya usted a saber a qué carroña de sujetos!, les molestaba que la gente se emocionase sintiéndose español al escuchar tan patrióticas piezas. A este punto hemos llegado, al extremo de que se nos prohíbe ser españoles, ver nuestra bandera ondear en toda España y escuchar nuestro propio himno. Supongo que nadie se hubiera ofendido si se hubiera puesto Els Segadors o el Gora ta Gora de Sabino Arana; pero sí que se programase el himno de todos los españoles que, seguramente, hubiera herido la sensibilidad de los etarras y quizá se hubieran negado a negociar con los esbirros de Zapatero. Una curiosidad, sí se pudo escuchar, en dicho acto, un pedazo del “God Save the Queen”, el himno inglés.

 

Tantos siglos a nuestras espaldas, tanta cultura acumulada, tantos muertos defendiendo la patria; tantos duelos familiares y tantas gestas heroicas, para que un sujeto se nos monte en el machito, engañe con sus mentiras a todo el pueblo español; negocie con los etarras, negándolo al propio tiempo; divida a la sociedad; resucite los tufos de la Guerra Civil ; pretenda reescribirla y, por si no fuera bastante, acusa a los que se le oponen, a los que no comulgan con sus ideas y rechazan la demolición de la nación española, ¡de poco patriotas! Algo deberá pasar, algo es necesario que ocurra, para que España se libre de semejante peste antes de que logre acabar con lo que queda de decencia en este país.


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