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Señores ya empieza a ser el momento
en que comparemos como está discurriendo esta campaña electoral a “cara de
perro” que estamos presenciando, entre incrédulos y atónitos, la mayoría de
ciudadanos y, digo la mayoría, porque estoy convencido de que en las propias
filas del PSOE hay muchas personas sensatas que no estarán de acuerdo en que un
enfrentamiento electoral se reduzca a los insultos, las descalificaciones y la
satanización del adversario político. Es inconcebible que como todo bagaje
intelectual se utilice como arma para desacreditar al contrario una sarta de
estupideces, y apunto estupideces, porque no creo que a nadie, medianamente
ilustrado, le puedan parecer otra cosa lo que están diciendo estos paniaguados
de la farándula que se limitan a repetir, como si fueran loros, los estribillos
que se han aprendido de memoria para apoyar al señor Zapatero. Claro, que existe
un público entregado que disfruta de la zafiedad, el chiste fácil y la frase
hortera como medio de desprestigiar a aquellos con los que se encuentran en
desventaja a la hora de la dialéctica, el razonamiento lógico y el conocimiento
de los datos económicos y sociales que, en definitiva, son los que es preciso
conocer y saber desarrollar cuando se trata de gobernar a una nación.
A falta de un programa estructurado,
ante la carencia de ideas y ante una situación económica que ha cogido
descolocado al gobierno del señor ZP; parece que no han sabido reaccionar de
otra forma que lanzando a los de la farándula, como carne de cañón, para
intentar sacar alguna ventaja de aquellos ciudadanos que gustan de las
vulgaridades obscenas, tan propias de esta reata de artistas de medio pelo que,
para seguir viviendo del oficio, precisan que el Gobierno los subvencione. Falta
ver hasta que punto esta nueva táctica les va a beneficiar en esta campaña,
porque, ya me dirán ustedes, como pueden atraer el voto de todos aquellos que ya
están experimentado en sus economías privadas los primeros zarpazos de esta
crisis, que Rodríguez Zapatero se niega a admitir aunque todos los indicios y
datos proporcionados por los expertos llevan, ineludiblemente, a tener que
aceptar la dura realidad de que, en España, estamos entrando en el ciclo de las
vacas flacas. No es muy probable que la canción de Serrat “Defender la alegría”
sea un antídoto para contentar a aquellos que están teniendo que apretarse el
cinturón porque los precios de los artículos de consumo hayan subido a niveles
exorbitantes o no puedan a tender al pago de las letras de los electrodomésticos
o estén desempleo porque su empresa ha hecho suspensión de pagos o ha quebrado a
consecuencia de esta crisis, inexistente para ZP.
Mientras el PP ha entrado en una
dinámica concreta de explicar propuestas electorales que todos podemos entender,
aparte de que gusten o no, que hace ofertas de futuro razonables, como pudiera
ser sembrar 500 millones de árboles, parece que los del PSOE se limitan a
intentar poner minas en su camino como si fueran imposibles e irrealizables,
sólo por el simple hecho de que no se les ha ocurrido a ellos. Por cierto, que
vean por donde los números cuadran, porque según me he informado en España hay
unos siete mil millones de árboles por lo que una siembra de doscientas
hectáreas de ellos cada año es una opción perfectamente realizable y, por
supuesto, muy necesaria para impedir la desertización a la que parece que
estamos abocados. Pero vean ustedes que estos que se llaman Verdes o
ecologistas, en lugar de apoyar la medida, intentan tumbarla, burlarse de ella y
denostarla, con tal de no conceder cuartel al PP, su enemigo a batir. No tienen
propuestas para enderezar la economía, no tienen ideas para evitar la sequía, no
saben conservar la unidad de España, pero eso sí, son unos verdaderos expertos
en destruir, criticar y descalificar a los que tienen la capacidad suficiente
para enfrentarse con solvencia a los problemas que, en estos momentos, están
afectando a todos los españoles.
Pero es evidente que a todos los que
están viviendo a costa de las arcas del Estado, a toda esta ingente cantidad de
funcionarios que invaden las oficinas públicas y a los políticos que, si los
retornaran a sus casas, no serían capaces más que de coger un pico y una pala y
dedicarse a cavar zanjas; a los que, también, podríamos sumar los que la mano
dadivosa del gobierno tiene comprados a base de subvenciones y aquellos que, a
pesar de los años transcurridos y de las experiencias de los regímenes
comunistas (que tanto contribuyeron a la miseria de los pueblos sobre los que
extendieron sus garras), son los nostálgicos de la Segunda República, aunque
muchos no la conocieran. Es muy bonito hablar de igualdad, de libertad, de los
explotadores del pueblo, de los de la “derechona” involucionista, cuando se
tienen las faltriqueras rebosantes de dinero y no sienten la preocupación de
quedarse sin trabajo o de vivir en la miseria.
Pero se me ocurre pensar lo que
ocurriría si a esta España que nos pintan tan próspera y floreciente; esta
España de la “alegría” y la despreocupación; esta España de las libertades y de
la enseñanza pública descafeinada; de la inmigración descontrolada y del
despilfarro público; le llegara el momento en que el desempleo, como ya está
ocurriendo, se convierta en un problema importante que llegue a afectar a cuatro
o cinco millones de españoles (no olvidemos que entre los inmigrantes ya estamos
en un 40%); que la construcción siga colapsada y que las industrias auxiliares
vayan cerrando una tras otra, como está empezando a suceder, y los trabajadores
se queden en la calle. Este desempleo, que el señor ZP dice que no existe, puede
convertirse en muy poco tiempo en algo difícil de controlar si no se toman
medidas extremas, medidas que sirvan para dar empuje a las industrias y para
renovar la confianza de los consumidores que, en estos momentos está en niveles
mínimos. Es posible que, cuando la situación económica se haya deteriorado –por
falta de iniciativas adecuadas, por dejadez de un gobierno inane y
despreocupado, por miedo a perder las elecciones –; ocurra que los ciudadanos, a
los que se les ha vendido que no ocurre nada, que España va bien y que todo es
propaganda catastrofista de la oposición; comiencen a pedir explicaciones a
quienes les han engañado. Espero que entonces los Almodóvar, Ana Belén, Víctor
Manuel, Bosé y todos sus compañeros de la farándula, salgan a la palestra para
dar explicaciones del porqué de sus críticas e insultos a Rajoy y de su defensa
a ultranza del PSOE. ¡Sería bueno que estos sabios de cafetín probaran un poco
de su propia medicina!
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