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Los socialistas se han ganado un nuevo enemigo
dentro de nuestra Nación, el colectivo de lepóridos ha tocado a rebato y ha
declarado personas “non grata” al señor Zapatero y a todo su gobierno. No hay
para menos si se tiene en cuenta que no les basta con ser objeto de la
persecución de los cazadores, sino que, por si fuera poco, acaban de ser puestos
en el punto de mira gastronómico de todos los españoles, a quienes se nos ha
aconsejado que cambiemos de preferencias y abandonemos el cordero, el pavo, el
lechón, las gambas y centollos para centrarnos en devorar este fruto de la
naturaleza que, si es cierto que es más canijo y correoso que los otros tiene,
en cambio, un componente de ahorro para las familias españolas que no puede, de
ninguna manera, ser despreciado. Lo chocante del caso es que, según el señor
Solbes, los culpables de que nos haya pillado la recesión, de que el IPC no
quiera amoldarse a las predicciones del Ejecutivo y de que ninguna de las
profecías que los “talentos” económicos de ZP (¿qué se ha hecho de los 14 sabios
que venían, como la caballería ligera, a solucionar los problemas de España?)
nos adelantaron –sólo hace unos meses, respecto a que España era inmune a la
crisis, que los españoles podíamos descansar tranquilos y que la tormenta de
allende el Atlántico no iba a tener ninguna repercusión en nuestra “potente”
economía – ¡somos los ciudadanos! Si, señores, no se lo tomen a pitorreo, somos
nosotros quienes, con nuestras fabulosas propinas, estamos cargándonos todo el
tinglado económico del Gobierno.
Sin embargo, creo recordar que cuando se trató de
imponernos la nueva moneda, (no se nos consultó se estábamos o no de acuerdo con
cambiar la entrañable peseta por el euro), cuando se nos vendía desde los
organismos públicos la bondad del cambio, a nadie de los responsables económicos
se le ocurrió advertirnos de sus consecuencias. Por ejemplo, que un periódico
que costaba cien pesetas pasara, por arte de birli-birloque, a costar ciento
sesenta; ni que los redondeos bancarios se hicieran por décimas de euro (16
pesetas) ni que los precios de los artículos de primera necesidad, la energía,
los combustibles y la resta de artículos de consumo quedaran automáticamente
elevados sin que, a nadie se le ocurriera hacer algo para evitarlo. Los
ciudadanos de a pie tuvimos que tragarnos el marrón y aprender a calcular en una
moneda antipática que multiplicaba en 166’386 el valor de su humilde antecesora.
¿Acaso el señor Solbes no fue partícipe de aquel asalto a mano armada? Lo cierto
es que, desde entonces, nuestra Nación ha ido de mal en peor; los precios nos
han desbordado y hemos sido víctimas del atraco a mano europeizada más grande
del siglo. Pero, ahora, que la tortilla económica se les ha dado la vuelta a
aquellos que presumían de sus logros en esta materia, resulta que quienes
tenemos la culpa de que la inflación se hay desbocado somos los ciudadanos que
no sabemos administrarnos y que damos propinas propias de un Jeque de los
Emiratos Independientes.
Veamos si nos entendemos. A mi me preocupa pensar
que, cuando todo parece que apunta a recesión, ZP se nos ponga en plan chulo y
anuncie, para la próxima legislatura, –si la gana –, que aumentarán los empleos,
durante los próximos cuatro años, en dos millones de nuevos ocupados; y no
contento con ello lanza otro de sus “bluffs” y nos diga que, además, se van a
construir un millón quinientos mil pisos sociales, ¿Quién da más?, ¿hay alguien
que mejore la postura? ¡Vaya, de locura! Creo que debería ya ser hora de que
nuestros ministros y el señor ZP se pusieran de acuerdo y evitaran que cada uno
de ellos tire por su lado como una recua mal avenida. Uno ofrece el oro y el
moro, el otro nos dice que no nos preocupemos del moro porque los que llegan a
España son un encanto y no buscan problemas; un tercero nos dice que hay que
apretarse el cinturón porque, aunque hay moro, no hay oro; y para solucionarlo
todo, que mejor sería que comiéramos conejo ( no sé si en su interpretación
escabrosa o en su sentido gastronómico), mientras la Magdalena Álvarez, por lo
visto, no influye en nada en la inflación cuando todo lo que hace se debe
repetir para que ella pueda ir inaugurando estaciones del AVE ,sin el Ave, y
tapando los agujeros y las inundaciones que su incompetencia va creando a su
paso. Seguramente, por un raro don sobrenatural, los errores de la ministra de
Fomento no nos cuesta nada a los ciudadanos,¡y luego dicen que se han acabado
los milagros!
Pero volvamos a Solbes. Primero nos dijo que
España crecería un 3’6% en el 2008 y por ello las cajas del erario público
estaban en condiciones de soportar el gasto que, un Gobierno eufórico, nos
prometía en mejoras sociales y bienestar para la ciudadanía. Al poco tiempo,
cuando desde Europa le recordaron que España no era Jauja, recogió velas y nos
habló de un crecimiento de un 3% (¿qué se hizo de las previsiones
presupuestarias?), pero no ha quedado la cosa así, porque hace unos pocos días,
vuelve a aparecer para, entre carraspeos y posecitas exculpatorias, decirnos
aquello de que donde digo Diego digo, digo, y nos anuncia que lo más probable es
que, la tan cacareada mejora, puede todavía bajar dos décimas más. Un prodigio
de seriedad presupuestaria; unas previsiones verdaderamente ajustadas y una
visión de futuro portentosa la de nuestro ministro de Hacienda. Entre tanto, la
Vice de la Vogue intentando darle largas al tema y anunciándonos que la mejora
será para dentro de seis meses. ¡A ver si nos entendemos señora De la Vega !, ¿a
quiénes quieren engañar? Si no son capaces de prever lo que, hasta un niño de
teta se barruntaba; si son incapaces de anticipar una crisis anunciada a los
cuatro vientos por todas las instituciones bancarias y por el propio Banco
Europeo y la FED estadounidense; ahora sale usted a hacer de pitonisa. ¿Acaso
tiene la bola de cristal de la bruja de Blanca Nieves? ¡Basta de una vez de
tomarnos el pelo! Pero, ahora resulta que, el Gobierno, ha afinado el dato y ha
calculado que la bonanza nos llegará, precisamente, en el próximo mes de marzo,
¡el de las elecciones! Les elegimos de nuevo y sacarán la varita mágica que
convertirá en oro todo lo que Zapatero y los suyos toquen. Lo dicho: nos toman
por imbéciles y, visto lo visto, quizá algunos lo sean y los voten de nuevo.
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