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 VERBA SEQUENTUR

Mahoma y la montaña, la montaña
y Mahoma y, ¿de España, qué?

  MIGUEL MASSANET BOSCH

 

MIGUEL MASSANET BOSCH

Dicen que el Rey le dijo a Esperanza Aguirre que le había hecho, a Rouco Varela, el siguiente comentario: “que recen menos por mí y se ocupen más de la Conferencia Episcopal que controla a la COPE. Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la Montaña”. Bien, Su Majestad puede hacer y decir lo que le plazca porque es, aparte del Jefe del Estado español, otro español más y, como tal, tiene derecho a la libertad de expresión que, quizá, es uno de los derechos que más han contribuido a que, los ciudadanos de a pie, logremos hacernos oír por aquellos que tienen el poder de encauzar el destino de toda la nación. Dicho esto, no cabe duda de que, si es cierto que el Jefe del Estado pronunció esta frase, se puede interpretar como una amenaza velada. Si no, ¿a qué vendría pronunciarla, en un contexto de irritación, ante el cardenal Rouco Varela?,  una de las mentes más brillantes de la Iglesia Católica en España. Puede resultar chocante y también puede ser la demostración de que la institución monárquica se sienta un poco desplazada en esta España, un tanto perpleja y revolucionada, fruto de la intensa actitud desintegradora, laicizante y republicana que viene desarrollando el jefe del gobierno, señor Rodríguez Zapatero.

 

Lo cierto es que, si en un principio, ZP ya dio muestras de unas tendencias políticas preocupantes; desde que ha comenzado la segunda parte de la legislatura ha entrado en barrena. La fracasada negociación con ETA, su postura intransigente defendiéndola y justificándola; sus esfuerzos en pro del Estatut catalán; sus presiones a los miembros encargados de impartir la Justicia; sus ataques, cada vez más virulentos, contra la iglesia Católica; sus incuestionables simpatías por los islamistas; su errática política inmigratoria; su esperpéntica singladura en política exterior, con apoyo directo a las dictaduras de Chavez, Evo Morales, Fidel Castro y Correa, enfrentándose al resto de Occidente y, en especial, con los EEUU; sus contradicciones en materia militar (no a la guerra de Irak pero, sin embargo, envía a nuestras tropas a luchar en el Líbano, Afganistán, Kosovo etc) y su intencionado y absurdo desprecio por la oposición de centro–derecha iniciado con el Pacto del Tinell; deberían haber sido suficientes para que desde las más altas instituciones de la Nación se hubiera mostrado alguna preocupación por el destino de España.

 

Veamos si nos aclaramos. Los españoles, hace ya años, en 1978, nos dimos una Constitución. Todos, del Rey para abajo, juramos respetarla, pero surge un sujeto que, fuere por rencor, fuere por su concepción frente populista de la política o porque se sintiera un salvador de la patria, se ha dedicado sistemáticamente a minarla, ningunearla y despreciarla, hasta el extremo de que está poniendo patas arriba el Estado de Derecho y minando, una a una, todas las instituciones del Estado, empezando por la Justicia y acabando por el estamento militar y la iglesia. Se están cuestionando todas las leyes que se aprobaron durante el régimen franquista y se olvidan las que se promulgaron durante el gobierno del señor Aznar. Curiosamente, entre las leyes franquistas, y no precisamente una de las menos importantes, fue aquella que restauró la monarquía en España. Si es cierto que ZP y los suyos intentan, con su Memoria Histórica, con su retorno a los principios de la República de 1931, con su anticlericalismo selectivo y con su izquierdismo frente populista, retornar al pasado y revivir los tiempos anteriores a la Guerra Civil, no cabe duda de que la institución monárquica está condenada a desaparecer y, quizá, a reproducir (no olvidemos que la historia se repite) los tristes acontecimientos de abril de 1931, cuando Alfonso XIII tuvo que huir de España.

 

Ante esta situación, ¿no parecería más lógico que S.M. el Rey le comentara lo de Mahoma y la montaña al señor Rodríguez Zapatero, causante directo de todo el estropicio que se está armando en este país? El peligro de desmembración de España es evidente, las intenciones del PSOE y de ZP son patentes y el peligro de que la Nación pase de ser una monarquía a una república (nada grave por otra parte) no puede descartarse. ¿Un monarca republicano? No, ni los tiempos, ni las nuevas tendencias, ni los ejemplos del resto de Europa ni la especial idiosincrasia del pueblo español, podrían aceptar un anacronismo semejante. ¿Qué Zapatero se lo ha asegurado a don Juan Carlos? No me extrañaría. Si algo tiene ZP es una gran dosis de marrullería, mucha astucia y sabe mentir con una gran convicción.

 

Si, en estos momentos, se ha desencadenado un ataque contra los católicos; si las canonizaciones de los mártires, sacerdotes masacrados antes y durante la Guerra Civil, han dado motivo a una ofensiva mediática desconocida en España, por lo menos, desde que Azaña expulsara a las órdenes religiosas de la enseñanza y las arrinconara al ostracismo; si media España se encuentra de dientes contra la otra media; no creo que sea algo que pueda dejar de denunciarse, por los que creemos en la tradición cristiana de nuestra nación, y que, por cierto, queda refrendado por la propia Constitución, que menciona, expresamente, el trato especial que debe recibir la Iglesia Católica, precisamente por su influencia en la cultura española. Y a mí, ante esta situación de perplejidad en la que nos movemos, se me ocurre que resulta muy extraño que no haya nadie que se sienta preocupado por el futuro de la patria, que no vea como todos los pilares que han sido el apoyo y la razón de ser de nuestra democracia se están deshaciendo bajo el influjo de un gobierno que sólo se ha preocupado en sembrar cizaña entre todos los españoles; en destruir la moral y la ética en la que se fundamentaba la convivencia entre los españoles; en fomentar los separatismos y en atacar a las víctimas de la violencia etarra, hasta el punto de parecer que son ellos los culpables de la violencia en lugar de los asesinos que masacraron a sus familias. O estamos ciegos o somos sordos o nos hemos quedado mudos, pero aquí hay algo que no funciona y esto lo percibimos los españoles que no creemos en el comunismo. O lo arreglamos o se arregla solo. DIARIO Bahía de Cádiz


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