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Dicen que el Rey le dijo a Esperanza Aguirre que
le había hecho, a Rouco Varela, el siguiente comentario: “que recen menos por mí
y se ocupen más de la Conferencia Episcopal que controla a la COPE. Si la
montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la Montaña”. Bien, Su Majestad puede
hacer y decir lo que le plazca porque es, aparte del Jefe del Estado español,
otro español más y, como tal, tiene derecho a la libertad de expresión que,
quizá, es uno de los derechos que más han contribuido a que, los ciudadanos de a
pie, logremos hacernos oír por aquellos que tienen el poder de encauzar el
destino de toda la nación. Dicho esto, no cabe duda de que, si es cierto que el
Jefe del Estado pronunció esta frase, se puede interpretar como una amenaza
velada. Si no, ¿a qué vendría pronunciarla, en un contexto de irritación, ante
el cardenal Rouco Varela?, una de las mentes más brillantes de la Iglesia
Católica en España. Puede resultar chocante y también puede ser la demostración
de que la institución monárquica se sienta un poco desplazada en esta España, un
tanto perpleja y revolucionada, fruto de la intensa actitud desintegradora,
laicizante y republicana que viene desarrollando el jefe del gobierno, señor
Rodríguez Zapatero.
Lo cierto es que, si en un principio, ZP ya dio
muestras de unas tendencias políticas preocupantes; desde que ha comenzado la
segunda parte de la legislatura ha entrado en barrena. La fracasada negociación
con ETA, su postura intransigente defendiéndola y justificándola; sus esfuerzos
en pro del Estatut catalán; sus presiones a los miembros encargados de impartir
la Justicia; sus ataques, cada vez más virulentos, contra la iglesia Católica;
sus incuestionables simpatías por los islamistas; su errática política
inmigratoria; su esperpéntica singladura en política exterior, con apoyo directo
a las dictaduras de Chavez, Evo Morales, Fidel Castro y Correa, enfrentándose al
resto de Occidente y, en especial, con los EEUU; sus contradicciones en materia
militar (no a la guerra de Irak pero, sin embargo, envía a nuestras tropas a
luchar en el Líbano, Afganistán, Kosovo etc) y su intencionado y absurdo
desprecio por la oposición de centro–derecha iniciado con el Pacto del Tinell;
deberían haber sido suficientes para que desde las más altas instituciones de la
Nación se hubiera mostrado alguna preocupación por el destino de España.
Veamos si nos aclaramos. Los españoles, hace ya
años, en 1978, nos dimos una Constitución. Todos, del Rey para abajo, juramos
respetarla, pero surge un sujeto que, fuere por rencor, fuere por su concepción
frente populista de la política o porque se sintiera un salvador de la patria,
se ha dedicado sistemáticamente a minarla, ningunearla y despreciarla, hasta el
extremo de que está poniendo patas arriba el Estado de Derecho y minando, una a
una, todas las instituciones del Estado, empezando por la Justicia y acabando
por el estamento militar y la iglesia. Se están cuestionando todas las leyes que
se aprobaron durante el régimen franquista y se olvidan las que se promulgaron
durante el gobierno del señor Aznar. Curiosamente, entre las leyes franquistas,
y no precisamente una de las menos importantes, fue aquella que restauró la
monarquía en España. Si es cierto que ZP y los suyos intentan, con su Memoria
Histórica, con su retorno a los principios de la República de 1931, con su
anticlericalismo selectivo y con su izquierdismo frente populista, retornar al
pasado y revivir los tiempos anteriores a la Guerra Civil, no cabe duda de que
la institución monárquica está condenada a desaparecer y, quizá, a reproducir
(no olvidemos que la historia se repite) los tristes acontecimientos de abril de
1931, cuando Alfonso XIII tuvo que huir de España.
Ante esta situación, ¿no parecería más lógico que
S.M. el Rey le comentara lo de Mahoma y la montaña al señor Rodríguez Zapatero,
causante directo de todo el estropicio que se está armando en este país? El
peligro de desmembración de España es evidente, las intenciones del PSOE y de ZP
son patentes y el peligro de que la Nación pase de ser una monarquía a una
república (nada grave por otra parte) no puede descartarse. ¿Un monarca
republicano? No, ni los tiempos, ni las nuevas tendencias, ni los ejemplos del
resto de Europa ni la especial idiosincrasia del pueblo español, podrían aceptar
un anacronismo semejante. ¿Qué Zapatero se lo ha asegurado a don Juan Carlos? No
me extrañaría. Si algo tiene ZP es una gran dosis de marrullería, mucha astucia
y sabe mentir con una gran convicción.
Si, en estos momentos, se ha desencadenado un
ataque contra los católicos; si las canonizaciones de los mártires, sacerdotes
masacrados antes y durante la Guerra Civil, han dado motivo a una ofensiva
mediática desconocida en España, por lo menos, desde que Azaña expulsara a las
órdenes religiosas de la enseñanza y las arrinconara al ostracismo; si media
España se encuentra de dientes contra la otra media; no creo que sea algo que
pueda dejar de denunciarse, por los que creemos en la tradición cristiana de
nuestra nación, y que, por cierto, queda refrendado por la propia Constitución,
que menciona, expresamente, el trato especial que debe recibir la Iglesia
Católica, precisamente por su influencia en la cultura española. Y a mí, ante
esta situación de perplejidad en la que nos movemos, se me ocurre que resulta
muy extraño que no haya nadie que se sienta preocupado por el futuro de la
patria, que no vea como todos los pilares que han sido el apoyo y la razón de
ser de nuestra democracia se están deshaciendo bajo el influjo de un gobierno
que sólo se ha preocupado en sembrar cizaña entre todos los españoles; en
destruir la moral y la ética en la que se fundamentaba la convivencia entre los
españoles; en fomentar los separatismos y en atacar a las víctimas de la
violencia etarra, hasta el punto de parecer que son ellos los culpables de la
violencia en lugar de los asesinos que masacraron a sus familias. O estamos
ciegos o somos sordos o nos hemos quedado mudos, pero aquí hay algo que no
funciona y esto lo percibimos los españoles que no creemos en el comunismo. O lo
arreglamos o se arregla solo. DIARIO Bahía de Cádiz
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