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Alguien del partido
socialista, no me he molestado en intentar averiguar quien ha sido, ha dicho
algo así como que “el veneno, en pequeñas dosis, puede ser bueno”. Es la teoría
que ha puesto de moda las vacunas y que tan beneficiosa ha sido desde que el
doctor Pasteur inventó la vacuna contra la rabia o el doctor Salk la que
prevenía contra la poliomielitis; pero todos sabemos que, el quid de la
cuestión, está en saber aplicar la dosificación adecuada. Porque, seamos
francos, desde la óptica profana de un ciudadano de a pie, esta España de
nuestras entretelas no está en su mejor momento. El pretender tender cortinas de
humo, como lo hace el Gobierno y su gran cobertura mediática, no puede empañar
el hecho de que en esta Nación se están produciendo hechos preocupantes. Podemos
decir que la quema de retratos del Rey es cosa de unos cuantos fanáticos;
podemos argumentar que las declaraciones del lehendakari Ibarretche están hechas
de cara a su clientela vasca y podemos admitir que al Gobierno, (que desde hace
unos meses está sumido en un estado cataléptico) tanto le da inclinarse hacia el
despilfarro y la dilapidación, como hacia la aparente firmeza ante el terrorismo
o, como hemos observado últimamente, hacia una tímida y forzada defensa de la
monarquía que no disimula su satisfacción ante la postura de los separatistas
pretendiendo poner en jaque a la Monarquía. Todos sabemos la faceta republicana
de ZP y sus tendencias frente populistas que, en una ocasión, dejó translucir al
decir que el Rey era “muy republicano”, antítesis absurda, pero que refleja su
verdadera manera de pensar.
Se habla de una
pinza formada por los separatistas y la ultra derecha. Por supuesto que esto ha
salido del PSOE, que pretende nadar y guardar la ropa. ¿Acaso es que los
comunistas apoyan la Monarquía ? No, por supuesto que no, pero fíjense ustedes
que se mantienen apartados de la polémica; y CIU, ¿qué pasa con el partido de
Mas y Durán? También están agazapados esperando el momento de intervenir,
dejándoles a Carot, Puigcercós e Ibarretche el peso de la ofensiva contra el
Rey. Pero ¿qué es esta denostada extrema derecha a la que acusan de ir en contra
del Rey? Pues, si me lo permiten, yo se lo voy a decir. Esta extrema derecha es,
ni más ni menos, la que se ampara en la Constitución de 1978; la que ve
horrorizada como en España ha desaparecido la distribución de poderes que tan
acertadamente propugnó Montesquieu; la que viene comprobando que, en tres años y
medio, la Nación se ha trasmutado de una democracia en la que se respetaba el
Estado de Derecho, próspera y ordenada; en un país donde cada autonomía tira
para sí y algunas pretenden independizarse de España; en el que se ha permitido
que España haya dejado de ser una nación respetada en Europa y América, para
convertirse en defensora de Fidel Castro y protectora e impulsora de las
veleidades comunistas de países sudamericanos – gobernados por comunistas
totalitarios como los señores Chávez, Evo Morales y Correa –; ¡si señores, a
estos es a quiénes tildan de extrema derecha todos los de la farándula!, a los
que acusan de fascistas sujetos como Victor Manuel( que llama hijo de puta a un
obispo) o los Barden, millonarios que se cubren el culo con la manta del
progresismo o tantos otros, como el inefable señor López Tena, que apoya el
separatismo catalán y, por si fuera poco, le indica al señor Ibarreteche cómo lo
ha de hacer para sacar adelante su famoso referendo ( y eso siendo un miembro
del Consejo del Poder Judicial, para más INRI).
Pero se equivocan, de pe a pa, quienes pretenden achacar, a esta derecha,
animosidad contra la monarquía, porque no es cierto. Vean, yo no me tengo por
monárquico, pero no puedo estar conforme con quienes pretenden derrocar la
institución a base de quemar las efigies del rey o de la reina; ni tampoco de
aquellos que pretenden cambiar el régimen por una república comunista ni tampoco
de los energúmenos que en el país vasco queman autobuses o cajeros automáticos.
Es decir que, en España, existe una gran parte de la población que no está de
acuerdo con estos extremismos y, podría decir, sin temor a equivocarme, que la
mayoría de esta clase media española que siempre está a la duras y a las
maduras, tampoco acepta estos procedimientos. Pero, así como repudio todos los
sistemas que entrañan la fuerza, el desorden o la algarada como medios de
presión contra un sistema político; tengo que reconocer que muchos ciudadanos
creen que España no debiera de haber llegado a esta situación. El principal
culpable de ello ha sido ZP y su gobierno. Se han creado problemas innecesarios;
se ha transigido demasiado ante las peticiones nacionalistas que, al fin, han
derivado en separatismos virulentos; se ha consentido que algunas autonomías se
llevaran la parte del león de los presupuestos, sometiéndose al chantaje de sus
gobernantes, y se han establecido abismos entre las unas y las otras como
consecuencia de la insolidaridad que el Gobierno ha consentido que se produjese,
para asegurarse los votos de aquellas que más le interesaban.
Esta derecha tan criticada, vejada e injustamente vilipendiada, lo que no puede
admitir es que ZP haya desmembrado la nación; no puede asimilar que esto haya
ocurrido ante la pasividad de las instituciones que la Constitución ha
establecido para mantener la unidad de la patria; no puede comprender como se
hayan establecido privilegios anticonstitucionales a favor de unos (eliminación
del uso del castellano en Cataluña y país vasco; escolarización partidista y
separatista; enseñanza amoral y disgregadora; imposición a los padres de
asignaturas para sus hijos tan absurda como la Educación para la ciudadanía;
ataques continuos a la religión católica y mucho respeto al Islám, etc) y que
todo esto ocurra ante la pasividad de la Justicia , la inhibición del TC y la
colaboración del gobierno de ZP. Si esto es extrema derecha, debemos reconocer
que estamos en ella; pero yo calificaría, sin ningún pudor, que todos estos que
se han lanzado como fieras para acusarnos de extremistas deberían echar un
vistazo a la España de Aznar, la del 2004 y compararla con ésta en la que
estamos viviendo y saquen sus propias conclusiones. Es cierto que, cuando veo a
los trotamundos de la progresía tan envalentonados; cuando el libertinaje y la
horterada son moneda común entre muchos de nuestros jóvenes; cuando vemos que se
favorece el incivismo, a los okupa y a los antisistema en contra de las personas
de orden; debo reconocer que dudo de que se cumpla con la Constitución y que
quienes deberían ser sus más conspicuos defensores estén cumpliendo con su
obligación. Puedo estar equivocado, pero yo lo veo así.
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