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Es curioso como, cuando las cosas se ponen mal,
cuando soplan vientos adversos y se ven aparecer, en la lejanía, las peludas
orejas del lobo; todos aquellos que no tuvieron cuidado en medir las
consecuencias de sus acciones, que actuaron movidos por sus propios deseos y
buscando imponer sus propias teorías, sin valorar convenientemente cuáles
pudieran ser los resultados; se ven obligados a recoger velas, a dar otra
orientación a la chalupa del gobierno para enfrentarse a las olas provocadas por
la tempestad que, en el caso particular del Partido Socialista Español, no se
han producido por causas naturales, ni por la acción imprevista de las fuerzas
del mal ni, tan siquiera, por la mala suerte; no, no, ha sido por su propia
insensatez, por su incapacidad para calcular los efectos o… quizá me equivoco y
puede ser que todo haya sido una estrategia bien calculada para llevar a la
nación española a una situación insostenible políticamente, que pudiera
auspiciar la producción de un “crac” social que favoreciese los intereses
espurios de unos pocos interesados en sacar beneficio del mar revuelto.
Sin embargo, cuando veo a la señora Vicepresidenta
hablar de “que no le temblará al Ejecutivo la mano cuando se trate de mantener
el mandato constitucional” no puedo menos de acordarme del parkinson que ha
venido afectando al Gobierno durante lo que llevamos de legislatura. No sólo les
ha temblado la mano, sino que han padecido un mal de San Vito entregados a la
peligrosa tarea de negociar con los etarras una posible “paz” en la que nadie
creía más que ellos. Han llegado hasta el punto de presionar a la Justicia por
medio del señor fiscal General para interrumpir procesos contra etarras; impedir
detenciones y hasta permitir ser chantajeados por un asesino que lleva sobre sus
espaldas veinticinco asesinatos de personas inocentes. Todo por el pánico a que
les fallara la jugada. Y falló.
Si esto no es temblar, señora Fernández de la
Vega, no sé cómo se pueden definir este tipo de actuaciones en las que se
saltaron las leyes y, por si fuera poco, mantuvieron alejado del tema y
completamente desinformado al principal partido de la oposición. Han temblado,
con tiritona de agua helada, tan pronto como han visto a los nacionalistas
catalanes en pie de guerra a consecuencia del apagón de Barcelona; han temblado
cuando el Estatut ha sido recurrido por el PP y han tenido que soportar los
reproches que se les han hecho desde los partidos separatista y han temblado, en
fin, hasta parecer un flan en un tiovivo cuando han visto en peligro sus votos
en Catalunya, sobre la que, por cierto, se han volcado hasta que han desbordado
las faltriqueras de los más optimistas del Tripartit con la friolera de 30.000
millones de euros, reforzados por un aumento de las inversiones en el Aeropuerto
del Prat con lo que ya superan los 5.000 millones. Un ejemplo de su famoso
“ralante” y de la equidad con la que reparten los impuestos recaudados en toda
la Nación. Y es que, para el Pepito Grillo, el señor Pepiño Blanco, en Madrid ya
tienen “de todo”, una manera muy descriptiva y castiza de negarle el pan y el
vino de las ayudas estatales a la capital del reino. Supongo que, en Barcelona,
no tienen nada, carecen de todo y, por ello, es preciso ayudar a los
separatistas para que, cuando decidan separarse de España, dispongan de las
mejoras infraestructuras de toda la nación. ¡Faltaría más!
Claro que, cuando se trata de ponerles las peras a
cuarto a los separatistas que queman imágenes de los reyes o pararle los pies al
señor Ibarretche, para que deje de hacer majaderías y se limite a estarse
callado, cumpliendo la Constitución o, sin ir más lejos, ocuparse de que la
enseña nacional luzca en los lugares de honor que la Constitución tiene
previstos para ella; entonces parece que toda la energía, de la que tanto
presume la señora Vicepresidenta, se les va por el fondillo de los calzoncillos
o de los culotes, en el caso de las féminas. Claro que disponen de un remedio
útil tanto para un roto como para un descosido y es: echarle las culpas al PP.
Vuelve a aparecer el sempiterno 11 de marzo del 2004 y la guerra de Irak y no se
extrañen si, en alguna ocasión, sacan a relucir a los Reyes Católicos, como
predecesores del partido del señor Rajoy, para achacarles el haber hecho de
España una nación y, con ello, privarla de disfrutar de las excelencias de
quedar troceada en reinos de Taifas que, seguramente, hubiera sido lo más les
hubiera gustado a Carot Rovira y sus secuaces de Terra LLiure. Como no pueden
decir que Rajoy no defiende a la Corona, se ceban en lo que ellos llaman la
extrema derecha para atribuirle una oscura conjura contra sus majestades los
Reyes.
Sin embargo, se me ocurre objetar que, no son precisamente los de
extrema derecha los que se manifiestan en Catalunya con las banderas
republicanas y las señeras con la estrella independentista; ni tampoco los que
acuden a las manifestaciones de los “progres” socialistas, en las que aparecen
muchas banderas rojas con hoz y el martillo, banderas republicanas y, alguna
bandera anarquista, que de todo hay en la viña de las izquierdas españolas; ni
mucho menos en las algaradas del País Vasco, donde los jovenzuelos de la Kale
Borroca prefieren quemar autobuses e incendiar cajeros y, de paso, quemar
algunas banderas españolas sin que los gudaris de la policía, los Ertzaintzas,
se molesten en apartarse unos metros para hacer ver que no se han enterado de
nada. Pero es que las elecciones están a la vuelta de la esquina y los del PSOE
no pierden comba en su tarea de destruir al adversario por todos los medios y,
de paso, esconder sus propias vergüenzas que, para ello, ya tienen a sujetos sin
escrúpulos como López Garrido y Pepiño Blanco, verdaderos expertos en la
mentira, la calumnia y la difamación, que para eso están esos “pringaos” y para
embolsarse un jugoso estipendio.
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