|
¡Hoy tengo un mal
día! Si me equivoco, ¿sabrán disculparme? ¿Por qué nos equivocamos? Es muy
sencillo: pensamos y actuamos como seres humanos que somos; el cometer
errores es un mal endémico, que
muchas veces no podemos evitar. Y es que vivir en este mundo globalizado se nos
está poniendo cada vez más difícil: los ricos son cada día más ricos, y los
pobres son cada día más pobres. Paradojas de la vida. El mundo de Internet y la
propia “caja tonta”–nuestra siempre bien amada televisión, que poco o nada nos
enseña–, nos muestran como casi la mitad de los habitantes del Globo
Terráqueo... se mueren de hambre: no hay más que ver los ojos de muerte con que
nos miran esos pobres niños del Continente africano: sus caras aparecen llenas
de mosquitos, y tienen fuerzas ninguna para levantar sus escuálidos cuerpos.
Al principio la
mano de obra de los individuos fue globalizada, mas hoy por hoy todo está
globalizado menos las migraciones. Por tanto, adivinamos que, como nos temíamos,
la globalización no ha sido perfecta. Desde principios del presente año estamos
asistiendo a una crisis migratoria en Europa, y, siempre, en sus fronteras del
este y el sur, respectivamente. Esto nos conlleva, ineludiblemente, a
desarrollar una política europea de inmigración–hasta la fecha no desarrollada–,
que reconduzca la movilidad de las personas entre los diferentes países–desde
los más pobres a los más ricos–, y, claro está, reconociendo que ésta produce
problemas muy complejos en el siglo XXI. Y en esta vida para todo existe un
límite, que hay que resolver de una vez por todas: tenemos demasiados
inmigrantes. Si ha de establecerse un control sobre la llegada de los últimos,
me pregunto quiénes son ilegales. Y a continuación quiero razonar en el sentido
de que hay que establecer unos requisitos mínimos de seguridad, para su entrada
en los diferentes estados. Todo lo cual nos encamina a comprender que se
produzca --en nuestras mentes--un miedo globalizado enfermizo y contagioso.
Había dicho
Mohandas_Gandhi que “no podrán
sobrevivir aquellas culturas que pretendan excluir a los demás”. Y esto de las
culturas es hoy una realidad. Desean los inmigrantes venir a trabajar con sus
propias manos, con sus propias culturas, con sus propios miedos... a un mundo
nuevo, diría yo, donde la movilidad y la comunicación están al alcance de la
mano. Y son culturas, lenguas y religiones desiguales, que, naturalmente, han de
convivir con las de otros países para conseguir un mundo mejor y más equitativo,
para construir una verdadera globalización. Para que nadie se tenga que morir de
hambre, sed y justicia. No basta con extender allende los mares una economía de
mercado, que transfiera capitales (por dineros) allí donde estos sean más
rentables, y, a la vuelta de la esquina, volver con los bolsillos llenos de
millones de euros, de millones... Debemos coexistir como seres humanos que
somos, mas no explotar la mano de obra barata, abandonando los territorios una
vez que han sido esquilmados.
Pretendemos,
pretende uno observar que el mundo en que vivimos–principios del siglo XXI–,
está cambiando tremendamente y a la velocidad del rayo. Existen adelantos
sorprendentes en la ciencia, la teórica, las comunicaciones, en el saber (por
conocimiento) humano...: todos estos avances forman parte de un nuevo mundo, que
hemos convenido en llamarlo globalizado. Esta globalización debería de afectar,
en principio, a los 5 Continentes, pero vemos que en la práctica este desarrollo
económico y científico no alcanza a todos.
Por otra parte, y
a modo de reflexión, hemos de convenir que se ha de globalizar la paz y no la
guerra–la guerra montada por el presidente de EEUU., señor Bush, quien nos hizo
creer que existía un “Eje del Mal”:
Al_Qaeda, principio y fin de
todos los males–.Nuestras pautas a seguir han de ser consistentes y seguras en
el sentido de erradicar la hambruna que, a manera de nubes con negros
nubarrones, cubren numerosos países del mundo. El enorme bienestar económico
que, a ciencia cierta, poseen unos pocos–los ricos–, ha de dar paso a una
distribución de la riqueza más equitativa y humana para con la pobreza–de muchos
pobres–: ésta es la verdadera democracia bien entendida a nivel mundial. No
conseguir los aludidos objetivos con anterioridad es como hacer mutis por el
foro, es como transmitir angustia y dolor globalizados. Y acabo mi
reflexión: ¡Globalizad la paz!
Converso con mi
pensamiento, y él me dice: “¿Para qué sirve tanta riqueza en nuestras manos?” Si
la riqueza fomenta compasión, uno desea ser pobre; si la pobreza genera odio,
uno desea ser rico. Y es que el hombre es insaciable en cuanto a la posesión de
riquezas (por bienes terrenales). “El dinero es como el abono que se echa a la
tierra: de nada sirve si no se extiende”, dejó escrito
Francis Bacon. Hemos de
desterrar para siempre la compasión para el pobre y el miedo a la globalización.
Porque estableciendo un dialogo intercultural entre los seres humanos , se puede
llegar a tratar de crear un mundo globalizado donde los pobres sean un poco
menos pobres, y los ricos sean un poco menos ricos: distribución equitativa de
la riqueza. Hay en el mundo cuarenta multimillonarios que distribuyen migajas de
angustia y dolor, y así vemos morir, todos los días del año, miles y miles de
niños que nacen, única y exclusivamente, para tener una muerte pronta,
angustiosa y dura.
Las democracias
se hacen fuertes, sin duda, respetando la pluralidad y la diversidad entre
culturas y continentes. La globalización triunfará, siempre y cuando, establezca
pilares sólidos donde se asienten ideas convergentes para el desarme mundial.
EE.UU., Inglaterra, Irán, Corea del Norte, Israel y el fundamentalismo
islámico... no están por la labor. La violencia siempre engendra violencia, y
esto es bien sabido. Los países que no dialogan, y se dialoga por mediación de
la cultura, están abocados a una confrontación bélica constante. Piensa uno que
indefinida.
Quizá no exista
la globalización perfecta, pero todos hemos de contribuir al desarrollo y
levantamiento de ese “tercer mundo” olvidado y masacrado por propios y extraños.
ARTÍCULOS ANTERIORES
|