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“Corresponde a
las mujeres llorar,
y a los hombres
recordar”
TÁCITO, De moribus Germaniae, 27.

Y como a los hombres nos corresponde recordar,
ahora recuerdo que…pasaron doce años, doce años desde aquel inolvidable 28 de
septiembre del año 1995. En verdad, y entiendo que todos los españoles nos
conmovimos, cuando los medios informativos, como es costumbre en ellos, nos
comunicaron lo siguiente: “La policía española ha procedido a la detención de
los presuntos autores del secuestro (detención ilegal en nuestro Código Penal
vigente) de Anabel Segura. Todos, entiendo que en aquellos momentos, nos hicimos
la misma pregunta: ¿Y si vive? ¿Y si la han matado?
Al día siguiente, la noticia no se hizo esperar:
todos los medios de comunicación informativa se hicieron eco de la muerte de
Anabel.
Veintidós primaveras unidas al nombre de una mujer
–un ángel femenino–, habían sido vilmente maltratadas, sometidas a la barbarie
por parte de dos individuos, con resultado final de muerte (¿Asesinos?: Todos
tuvimos que comprender que sería la justicia española quien habría de dar la
última palabra al respecto).
¡Pobre Anabel¡
España entera y nosotros con ella–los gallegos–,
nos unimos al dolor de la familia, que sufrió, –una vez más–el embate de la
agresión en la calle y en sus propias carnes, cuando una de sus dos hijas se
convirtió en ilusión muerta.
Todos los calificativos que dimos a los supuestos
autores, de tan vil hecho cometido, fueron pocos. La bestia que todos llevamos
dentro surgió, una vez más, de y entre la sociedad española, por lo que
comprendo que debemos poner todos los medios a nuestro alcance, a fin de
erradicar para siempre estos terribles eventos luctuosos.
Los móviles de tan terrible acción no estuvieron
claros; aparentemente se barajaron los de “tipo económico”, “agresión
sexual–violación–, con resultado final de muerte”,...Pero fue, como es lógico,
el médico forense–una vez realizada la autopsia–, quien emitió el informe
preceptivo correspondiente, y así esclareció las causas reales de su muerte: La
autopsia efectuada en el cadáver de Anabel Segura dio como resultado que ésta
murió ahorcada. Pero debido al tiempo transcurrido–casi dos años y medio, dado
que fue secuestrada el 12 de abril de 1993–, el estado de sus restos mortales
impidió demostrar–en la autopsia–, si fue violada antes de llevarse acabo su
asesinato. El móvil fue el económico, y los autores– convictos y confesos–
resultaron ser: Emilio Muñoz Guadix y
Cándido Ortiz Añón, Candi, ambos de 35 años. Felisa García Campuzano, quien
había siso acusada de encubrimiento y cooperación en el secuestro y asesinato de
Anabel Segura, fue puesta en libertad por decisión judicial de la Audiencia
Provincial de Toledo.
[En ABC.es de fecha 19-2005, se podía leer el
siguiente comunicado de Mercedes Vega/: TOLEDO. Cándido Ortiz Añón, uno de los
asesinos de la joven madrileña Anabel Segura, disfruta estos días de un permiso
carcelario, según han manifestado a este diario fuentes penitenciarias. (…).]
Así se cuenta la historia, y ¡ver para creer! En
la Biblia, y en el Evangelio de San Juan (cap.20/ vers.29), nuestro Señor
Jesucristo le dice a Tomás “porque me has visto, Tomás, creíste. Bienaventurados
los que no vieron y creyeron.
Este hecho delictivo, no obstante, motivo mi
intelecto, y, desde luego, sentí tristeza, indignación contraída, repulsa...
Todo lo cual me condujo a escribir el siguiente canto–lamento: ¡Qué se la
llevaron esos malvados!,/ robándole la vida,/ que Dios la había dado,/ pero
nadie aún ha contestado:/¡Si vives!,¡Si te han matado!
Haciendo historia, y en nuestra ciudad de La
Coruña, se produjo un acontecimiento–un secuestro–, que sin tener un móvil
definido al principio (después, averiguaciones policiales posteriores
concluyeron afirmando que “el mismo tuvo motivaciones sentimentales o
amorosas”), conmocionó a España entera. Fue un delito atípico para aquellas
fechas (1975).
Corría el mes de septiembre de 1957, cuando un niño de dos años y medio, que se
encontraba al cuidado de su niñera jugando en los jardines de Méndez Núñez,
desapareció, confirmándose posteriormente que había sido raptado. A los tres
días del suceso, el menor–“Pepito Mendoza”–, fue devuelto a sus padres por el
Superior de los Jesuitas, a quien se la habían entregado bajo secreto de
confesión.
Fue decisiva la labor llevada a cabo por los
medios de difusión de noticias (Prensa y Radio), por la población de nuestra
“ciudad cristal” y por la Policía de la capital coruñesa –mandada a la sazón por
don Mariano–: Comisario, querido y respetado por los coruñeses. Sin la
intervención de las aludidas fuerzas propulsoras, el pequeño, sin duda, no
hubiera sido entregado a sus padres, como lo fue, a los tres días de su
desaparición. Se detuvo a la autora del secuestro un mes más tarde. Por cierto,
don Mariano, fue mi padre del que me siento y me sentiré orgulloso el resto de
mis días.
Hoy en día
“Pepito Mendoza” se ha convertido en todo un hombre (José Mendoza), que vive
en Valencia–esa tierra maravillosamente industrial, artesana, creativa, amante
del campo, de las bellas artes, con sus bellas mujeres... (¡Qué más puedo decir
de Valencia...!). La Policía española dio muestras, una vez más, de que, cuando
quiere y le dejan –los Gobiernos de turno–, está a la altura de las mejores del
mundo. Y esto es una verdad como un templo.
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